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Mercader bailó a ritmo de vermut con música con sabor Vittore

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VALÈNCIA. Que València es plaza de vermut es algo innegable. Que El Cabanyal es la cuna del vermut valenciano es historia pura. Que Valsangiacomo juega en casa cuando visita este barrio es una tradición que se remonta a 1831. Si eso lo sazonas con la belleza de un espacio como Mercader y la gastronomía de todos sus operadores y un poquito de música traída con buen gusto, el resultado es una fiesta en la que el buen rollo y las sonrisas llenan de alegría cada rincón.

Y eso es lo que ocurrió el sábado con «Un vermut i m’ho n’anem». Un evento que contó con todos esos ingredientes y que reunió a varios cientos de amantes del vermut con ganas de brindar con los cuatro Vittore y el Valsangiacomo Reserva.

Valsangiacomo es una de las firmas que más claramente apuesta por el vermut. Es una tradición que se remonta a los orígenes de la bodega, con raíces suizas, y resultado de una fórmula «secreta y mágica» que fusiona botánicos de los Alpes con botánicos mediterráneos. El resultado es una familia de vermuts capitaneada por la marca Vittore, nombre del fundador de la bodega, que ya es reconocido por el público valenciano como uno de sus vemuts de cabecera. Rojo, Blanco, Orange y Vittore Reserva hicieron las delicias de todos los presentes. Junto a ellos, Valsangiacomo Reserva, un producto excepcional que la bodega solo «muestra» en eventos muy especiales y que fue una de las estrellas de la jornada. Además, la bodega valenciana tiene en El Cabanyal un feudo propio, pues es el barrio de sus orígenes, ya que ha estado más de un siglo ubicada en pleno corazón de sus calles hasta que se trasladó a Chiva a finales del siglo pasado.

Por eso y por el marco elegido, Mercader Cabanyal, el evento contaba con un poso muy especial. Y es que Mercader es uno de los espacios gastronómicos más bellos de la ciudad de València. Vertebrado con sumo gusto sobre una antigua tonelería, su vinculación con el sector del vino es motivo suficiente para que los brindis cobren un sentido especial. Si a ello le sumas la excepcional oferta gastronómica de sus operados y la belleza de su mercado de cocinas, el éxito estaba casi garantizado. Y es que los tragos de vermut estuvieron acompañados de bocados espectaculares preparados para la ocasión, además de representar la diversidad culinaria del espacio. Lujuria Marina ofrececió su pulpo a feira en dos texturas; Tonyina, una marinera de ensaladilla rusa; San Pastrami, un taco de pollo; Jenkins, una tosta de steak tartar; y Sibarita su croqueta de jamón. Cada operador mantuvo también su carta habitual, convirtiendo la jornada en un recorrido gastronómico de formato informal pero de alto nivel culinario.

Así se escribe la crónica de un evento mágico, que contó con el excepcional trabajo del profesional equipo de Mercader, contribuyendo a llenar este bello local de alegría, sonrisas, brindis y buen rollo… desde la hora del vermut.

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