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LOS ESCRITORES Y SUS CIUDADES (XII) 

Ruta por el O Carballiño de Pardo Bazán

18/07/2019 - 

VALÈNCIA. Seguir el rastro de Emilia Pardo Bazán por O Carballiño es seguir la historia de un lugar que concita todas las leyendas e ilustres acciones que protagonizó esta escritora coruñesa nacida en el año 1851. Además se ser considerada la mejor novelista del siglo XIX, tiene en su currículo toda una serie de cuentos, libros de viajes, obras dramáticas y poemas. Pero, ante todo, su trayectoria demuestra que fue una mujer dedicada a demostrar que podía ocupar los mismos puestos que el varón, sin renunciar a lo específicamente femenino.

Uno de los primeros edificios que llama la atención al llegar al casco histórico, concretamente en la plaza Mayor, es fachada de la casa de los Quiroga, la casa de la familia del marido de Pardo Bazán. Allí puede leerse una placa que reconoce los méritos de esta mujer y su particular relación con este pueblo que fue escenario literario en El Cisne de Vilamorta, una novela ambientada de finales del siglo XIX y que tiene com principal argumento la disputa entre liberales y absolutistas.

Así escribía Pardo Bazán en el comienzo del prólogo:

Al ver la luz mi penúltima novela, que lleva por título La Tribuna, no faltó quien atribuyese sus crudezas y sus francas descripciones de la vida popular, a empeño mío de escribir una obra rigurosamente ajustada a los cánones del naturalismo. Acaso hoy se me dirigirá la acusación opuesta, afirmando que El Cisne de Vilamorta, paga disimulando tributo al espíritu informante de la escuela romántica. Yo sé decir que un autor, rara vez produce adrede libros muy crudos o muy poéticos; lo cierto es, en mi opinión, que la rica variedad de la vida ofrece tanta libertad al arte, y brinda al artista asuntos tan diversos, cuanto son diferentes entre sí los rostros de las personas: y así como en un espectáculo público, en un paseo, en la iglesia, vemos semblantes feos e innobles al lado de otros resplandecientes de hermosura, en el mudable espectáculo de la naturaleza y de la humana sociedad andan mezcladas la prosa y la poesía.

El pazo de Banga perteneció a los Quiroga. Emilia Pardo Bazán vivió en él, después de contraer matrimonio con uno de los miembros de esta familia. La escritora le llamaba a este pazo «balcón do Ribeiro».

Uno de esos lugares era el casino pequeño del pueblo que se convierte en escenario de la novela, con detalles tan minuciosos que hacen pensar en la verosimilitud y realismo de este lugar.

En Vilamorta había un Casino, un Casino de verdad, chiquito, eso sí, y por añadidura destartalado, pero con su mesa de billar comprada de lance, y su mozo, un setentón que de año en año sacudía y vareaba la verde bayeta. Porque en el Casino de Vilamorta apenas solían juntarse a diario más que las ratas y las polillas, entretenidas en atarazar el maderamen. Los centros de reunión más frecuentados eran dos boticas, la de doña Eufrasia, situada en la plaza, y la de Agonde, en la mejor calle. 

Esas boticas se declararon una guerra ideológica porque Agonde era liberal e ilustrada y la otra se había revelado como “facciosa” y reaccionaria. En esas boticas se celebraban tertulias que tenían a parroquianos ilustres. 

Cerrábase religiosamente a las diez en invierno y en verano a las once la tertulia de la botica reaccionaria, mientras la botica liberal solía hasta media noche proyectar sobre el piso de la calle la raya de luz de sus dos claras lámparas y los reflejos azules, rojos y verde—esmeralda de sus redomas; por donde los tertulianos liberales calificaban a los otros de lechuzas, mientras los reaccionarios daban a sus contrincantes el nombre de socios del Casino de la Timba.

Hace unos años, el Centro de Estudios Chamoso Lamas y eñ Concello de O Carballiño, organizó un evento para honrar la figura de Emilia Pardo Bazán. Se trataba de una ruta por diferentes puntos de la ciudad. Además del Pazo de los Quiroga de Banga, otros lugares como la Cima de Vila, Cabanelas, la Casa da Bexanc o la iglesia de Santa Baia, son escenarios esenciales de la vida de Pardo Bazán y sus libros. 

Emilia Pardo Bazán fue la única hija de una familia noble y de las más pudientes de España: el conde don José Pardo-Bazán y Mosquera y doña Amalia de la Rúa-Figueroa y Somoza. Siempre fue educada en los mejores ambientes y en los inviernos madrileños leía copiosamente y escribía sin descanso. A los 9 años ya tenía su primer poema escritos; a los quince, su primer cuento.

Fue una mujer pionera en muchísimos ámbitos y ella misma dijo en alguna ocasión que tres fueron los grandes acontecimientos de su vida en el año 1868: “Tres acontecimientos importantes en mi vida se siguieron muy de cerca: me vestí de largo, me casé y estalló la Revolución de septiembre de 1868". Así que Emilia tenía sólo 16 años cuando se casó, y su marido, José Quiroga, estudiante de Derecho, 20. La boda se celebró el 10 de julio en la capilla de la granja de Meirás, una propiedad que durante la Guerra Civil fue adquirido por sus herederos y se lo regalaron a Franco.

El gran amor de la vida de Pardo Bazán fue, sin embargo, Benito Pérez Galdós. El libro Miquiño mío, cartas a Galdós (publicado por Turner) recoge las cartas que se escribieron ambos entre 1883 y 1915. Aquí, un ejemplo: 

Imposible parece que […] quede todavía una comezón tan grande de charlar más y un deseo tal de verte otra vez en cualquier misterioso asilo, apretaditos el uno contra el otro, embozados en tu capa o en la mía los dos a la vez, o tumbados en el impuro lecho, que nuestra amistad tiernísima hace puro en tantas ocasiones.

La historiadora Isabel Burdiel –catedrática de Historia por la Univèrsitat de València- ha escrito su gran biografía publicada por Taurus. En su prólogo afirma: “Tan ambivalente fue su personalidad pública que pudo aparecer a un tiempo como subversiva, conservadora y amante del orden, disconforme y guardiana de la ortodoxia, iconoclasta e icono momificado del régimen de la Restauración que tanto criticó”.

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