a tota virolla 

Y Fillol se hizo hype: por qué el pintor ya denunció las injusticias sociales que se muestran hoy

De cómo la investigadora Carme Bernat ha constatado una sospecha: el pintor valenciano Fillol es como Los Simpson. Todo lo contó primero. “Yo entiendo que es preferible, en Arte, un chispazo de Vida, a una tela bien pintada”

19/06/2021 - 

VALÈNCIA. Hace unos días Carme Bernat, investigadora en Institut Universitari d'Estudis de la Dona de la Universitat de València, lanzó un hilo de Twitter. Uno de esos mecanismos comunicativos que, oh sorpresa, permiten contar buenas historias o rollos macabeos en función de la calidad y estructuración del contenido. En el caso de Bernat, sucedía lo primero. Desgranaba los porqués de Antonio Fillol Granell, el pintor irremediablemente condenado a la cara B y a la segunda fila que, en cambio, ya lo contó casi todo sobre las injusticias sociales en la historia popular valenciana del XIX y el XX. El hilo, claro, estalló como un testimonio poderoso. Como la constatación del prodigio del arte para comunicarnos la realidad que nos circunda. Aunque hayan pasado cerca de 130 años. 

Hilando fino, cualquier de las pinturas más radicales de Fillol sirven como tratado estético para abordar cuestiones de largo alcance como los crímenes machistas, la crisis climática, las consecuencias del éxodo a las grandes y medianas ciudades, las crisis migratorias o la explotación sexual. Fillol, perdón, es como un capítulo de Los Simspon. Todo sucedió antes allí.

Y sin embargo… Y sin embargo el regusto constante de que por todo ello, Fillol penó hasta ser relegado del escalafón de los grandes. Es un símbolo recurrente la decisión de la Exposición Nacional de 1897 decidiendo retirarle la recompensa económica de su premio extraordinario por La bestia humana, un retrato de las condiciones de las mujeres prostituidas. 

“En la batalla entre la belleza y la verdad la víctima siempre es el artista”, sellaba Peio H. Riaño en El País a propósito de Fillol. Un buen marco donde situar el debate en torno a su obra. 

Carme Bernat, que no se esperaba el recorrido de su hilo, quería rendir homenaje a quienes sí han mimado con constancia la obra de Fillol: Francisco Javier Pérez Rojas, Esperanza Blasco Liante, Victoria E. Bonet Solves o José Luis Alcaide Delgado. Y, de paso, encender la linterna para que la luz muestre el paso: “Visito a menudo el Museu de Belles Arts de València -cuenta Bernat- y me llamó la atención la enorme calidad artística de su obra, que se combina con dos ingredientes clave: la temática de sus cuadros (realismo social y cultura popular valenciana) y el desconocimiento que todavía existe en numerosos ámbitos de su gran aportación. El motivo del hilo de twitter es una combinación de estos tres elementos. Se trata de una fuente excelente para acercarnos a la historia valenciana desde abajo de finales del siglo XIX y principios del siglo XX”.

Es habitual, como siempre que se hace una aproximación a un pintor coetáneo a Sorolla, que irrumpan las comparaciones y los debates falsamente dicotómicos (Sorolla solo pintaba lo bonito mimimi). Pero también desde Fillol se podría hacer un tratado mediático sobre el contraste entre chauvinismo y denuncia, entre ostentación o denuncia. Carmen Bernat anota en subrayado la frase de Fillol: “Yo entiendo que es preferible, en Arte, un chispazo de Vida, a una tela bien pintada”. 

La oscuridad sobre Fillol es síntoma de una penumbra más grande: “en general, la historia política valenciana es poco conocida -sigue Bernat-, especialmente aquella relacionada con las ideas emancipadoras y de movimientos populares. De hecho, Antonio Fillol retrató a su amigo Blasco Ibáñez, quien encabezaba el republicanismo valenciano de la época. Probablemente nuestro pintor se movió en los círculos republicanos y librepensadores de la València blasquista que recientemente han sacado a la luz Xavier Calafat y Xavier Granell. Por toda esta implicación política, el naturalismo radical de Fillol ha resultado más incómodo, y por lo tanto, desconocido y desprestigiado si lo ponemos en relación con otros artistas de gran renombre como Pinazo y, sobre todo, Sorolla”. Que la primera exposición antológica de Fillol no llegara hasta 2015 o que en el Belles Arts, explica Bernat, la sala donde se exponen sus obras reciba el título de “El entorno de Sorolla: sus amigos, colegas y su tiempo” significa cómo ese curso de ensombrecimiento por su temáticas rotundas no ha variado en gran medida. 

Las obras de Fillol hacen estallar debates de contemporaneidad plena. Ese efecto Simpson se refleja bien en…


Después de la refriega (1904)

Hoy sería el testimonio sobre la rebeldía frente al trabajo precario.

Carme Bernat: “Es un lienzo de gran tamaño que expresa la tragedia de la muerte de un obrero por la represión de la protesta social. Lo que más me impactó, o yo interpreté, es que la verdadera protagonista de esta obra es la soledad. La ausencia, que ocupa todo el cuadro, en un cruce tan concurrido como el de la calle Russafa con la calle Colón”. 

El sátiro (1906)

Hoy sería el testimonio sobre el abuso de menores.

“Un llaurador acompaña a su nieta a una rueda de reconocimiento para señalar a su violador en las Torres de Serranos”.

La bestia humana (1897)

Hoy sería el testimonio sobre la explotación de mujeres prostitutas.

Escondida en los sótanos del Prado, el cuadro por el que le retiraron la asignación de su galardón en la Exposición Nacional. El desorden de una sala donde una mujer compungida es consolada.

En defensa de la choca (1895)

Hoy sería el testimonio sobre la resistencia de la tierra frente al avance de la expansión inmobiliaria.

“Muestra el “conflicto entre labradores y propietarios. Situación límite con uso de la violencia para defender la tierra”.

Y el mar siempre azul (1912)

Hoy sería el testimonio sobre la crisis climática y el urbanismo.

“Familia de pescadores de Oropesa que han perdido su casa por la fuerza del mar”. 


Fillol eligió vida antes que la estética. Denuncia antes que postal. Su victoria póstuma será mirar a donde resulta incómodo.