La algarroba lucha por recuperar valor en Castellón tras perder 1.000 hectáreas en una década

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Los productores reclaman que la creciente demanda para usos alimentarios y cosméticos del garrofín y la pasta de algarroba se traduzca en precios que garanticen la rentabilidad y el futuro de este cultivo tradicional

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CASTELLÓ. Los productores de algarroba de la provincia de Castellón pasaron hace tres años de tocar el cielo a ver cómo las cotizaciones de este fruto seco tradicional del campo valenciano se hundían por debajo de los umbrales de rentabilidad. Varios años después de aquel boom que elevó por encima de los dos euros por kilo el precio de la algarroba, espoleado por la demanda del garrofín para usos alimentarios, esta campaña apunta aún a precios contenidos —alrededor de los 0,5 euros por kilo— y una producción que, aunque podría ser superior a la de la pasada temporada, está muy lejos de los volúmenes de hace una década, cuando la superficie de algarrobos en Castellón rozaba las 8.000 hectáreas. 

En 2025, según datos de la Conselleria de Agricultura, la provincia contabilizó 6.975 hectáreas, prácticamente un millar menos, y una producción de 2.869 toneladas, frente a las 3.777 toneladas de 2015. En este escenario, los productores pelean por defender sus productos y conseguir unos precios estables y dignos que garanticen una rentabilidad para un cultivo que forma parte del paisaje tradicional del interior de la provincia. 

Iván Monroig, productor de la zona del Maestrat y responsable del cultivo de algarroba en la Unió Llauradora i Ramadera, sitúa el origen del desplome de las cotizaciones en el fuerte incremento de la demanda de garrofín, la semilla de la algarroba, para su utilización como espesante en la industria alimentaria. El tirón de este mercado llevó el precio de la algarroba hasta 1,5 e incluso 2 euros por kilo, pero también provocó, según explica el productor, que la industria buscara alternativas químicas para sustituir un producto que había alcanzado precios que consideraba "desorbitados". El cambio de escenario hizo que las cotizaciones se desplomaran hasta alrededor de los 40 céntimos por kilo hace dos o tres campañas.

Desde entonces, el mercado ha recuperado algo de valor a medida que la industria ha vuelto a poner en valor las propiedades del garrofín y de la propia algarroba, tanto en alimentación como en productos especializados, pero los precios continúan lejos de los registrados durante aquel boom. "Ahora se ha recuperado ligeramente en estas dos últimas campañas", señala Monroig, aunque la pasada campaña se situó todavía en torno a los 50 céntimos por kilo.

El problema es que ese nivel de precios tampoco facilita la recuperación de un cultivo que ha ido perdiendo terreno en la provincia. En el Maestrat, una de las principales zonas productoras, buena parte de las antiguas plantaciones de algarrobos fueron sustituidas durante las últimas décadas por cítricos. El interés renovado por la algarroba, tanto para alimentación como para otros sectores como la cosmética, ha permitido recuperar algunos bancales, pero el proceso tiene un recorrido muy largo.

"Es un cultivo de ciclo muy largo. Desde que lo plantas, prácticamente tienen que pasar 15 años para que pueda llegar a ser rentable", explica Monroig. Esta particularidad dificulta que el repunte de la demanda o una recuperación puntual de las cotizaciones se traduzcan rápidamente en un aumento de la superficie cultivada. De ahí que, pese a la recuperación de algunas parcelas, la provincia siga lejos de las casi 8.000 hectáreas que contabilizaba hace una década.

A ello se suma el comportamiento de la producción de esta campaña. En el Maestrat, Monroig estima que la cosecha podría crecer entre un 30% y un 40% respecto al año pasado, aunque advierte de que todavía habrá que comprobar las mermas. Las escasas lluvias del verano y el estrés hídrico sufrido por los árboles pueden haber reducido el peso final del fruto. La recolección se encuentra ya en marcha y, en cuanto a las cotizaciones, el sector espera al menos mantener los alrededor de 50 céntimos por kilo de la pasada campaña, aunque confía en que puedan mejorar.

Producción local y precios dignos 

La preocupación por la rentabilidad también ha llevado a AVA-Asaja a reclamar un mayor compromiso de la industria con los productores. La organización considera que esta campaña resulta decisiva para el futuro del cultivo y reclama a las industrias alimentaria, farmacéutica y cosmética que prioricen la materia prima de origen local frente a alternativas foráneas.

El responsable de la sectorial de frutos secos de AVA-Asaja, José Antonio Ruiz, advierte de que el problema trasciende al propio agricultor. A su juicio, si la industria sustituye el garrofín por productos alternativos procedentes de otros países, "los productores no obtendrán suficiente rentabilidad" y aumentará además la huella ambiental asociada al transporte de esas materias primas. La organización agraria alerta de que la falta de rentabilidad puede acabar provocando que parte de las algarrobas ni siquiera se recolecten y que algunas explotaciones terminen abandonándose.

La reivindicación llega en un momento en el que los usos de la algarroba se han diversificado. Además de sus aplicaciones tradicionales en alimentación animal y cocina, el fruto se emplea en harinas para repostería, bebidas vegetales, siropes y mermeladas, helados, cremas untables, infusiones y otros productos alimentarios. El garrofín, por su parte, mantiene sus aplicaciones como ingrediente y espesante en la industria alimentaria.

Para AVA-Asaja, esta ampliación de usos representa una oportunidad para el cultivo, siempre que ese mayor valor añadido llegue también al campo. La organización agraria subraya además el papel ambiental de las plantaciones de algarrobos, especialmente en zonas de secano, donde contribuyen a mantener el terreno cultivado y pueden actuar como cortafuegos naturales frente a los incendios.

La propia Conselleria de Agricultura está poniendo el foco en la capacidad del algarrobo para adaptarse a unas condiciones climáticas cada vez más exigentes. La directora general de Producción Agrícola y Ganadera, Maria Àngels Ramón-Llin, ha destacado recientemente el compromiso de la administración con este cultivo de secano, incluido en las ayudas directas de la PAC y con acceso también a las ayudas destinadas a la agricultura ecológica.

En la última campaña, los productores de algarrobo recibieron 135.899 euros correspondientes a la ayuda asociada a los productores de frutos secos en áreas con riesgo de desertificación, que alcanzó a 2.211 hectáreas. A ello se sumaron otros 70.650 euros de las ayudas a la agricultura ecológica para una superficie de 314 hectáreas de algarrobos.

Ramón-Llin reivindica precisamente la resistencia del árbol como uno de sus principales valores de futuro. El algarrobo puede desarrollarse en suelos pobres, pedregosos o salinos y, una vez establecido, presenta unas necesidades de riego muy reducidas. Su tolerancia a la sequía y a las temperaturas elevadas lo sitúa, según la Conselleria, entre los cultivos que pueden contribuir a adaptar la agricultura mediterránea a los efectos del cambio climático.

El reto, por tanto, pasa por convertir esas ventajas agronómicas y ambientales en una rentabilidad suficiente para que los agricultores mantengan las plantaciones y para que nuevas superficies vuelvan a dedicarse a un cultivo que ha perdido cerca de un millar de hectáreas en Castellón en apenas diez años. 

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