CASTELLÓ. Desde hace semanas, en su cabeza hay un lugar, una fecha y una hora marcadas en rojo: Liubliana, viernes 23 de enero, 20.30 h. Es la hora a la que la selección española de fútbol sala debutará en el Campeonato de Europa contra Eslovenia, anfitriona de la competición junto a Lituania y Letonia. Ese día, Javier Ramos Benet (Castellón, 1983) estará en el banquillo, formando parte de la expedición como parte del equipo humano que se ocupa de la puesta a punto de los deportistas. La culpa la tiene una llamada de Enrique Ibáñez, Chicho, uno de los preparadores físicos con más prestigio y entre los más laureados del fútbol sala a nivel internacional, con quien Ramos coincidió en el Playas de Castellón hace casi dos décadas, una relación profesional que se convirtió en una sólida amistad.
Porque para el fisio castellonense, director del Centro Lledó -espacio de bienestar integral en la ciudad- se trata de un regreso dulce al mundo de la competición, un terreno que conoce bien pero del que ha permanecido alejado durante 13 años, por motivos profesionales y familiares: “quería centrarme en hacer crecer el proyecto de la clínica, que ya estaba encaminado, y luego también pesa el factor familiar, a la hora de decir que no a algunas propuestas que he tenido”.
“Empecé trabajando en la temporada 2005-2006 en el Playas de Castellón, donde estuve tres años -explica Ramos- y en la pretemporada del cuarto año pasé al CD Castellón, donde estuve dos años cuando el equipo estaba en Segunda División (2008-2010). Luego pasé al segundo equipo del Villarreal CF, donde estuve dos temporadas más”. Posteriormente se desvinculó del fútbol “porque con el tema de los viajes, exige una dedicación completa incluyendo fines de semana, y yo lo compatibilizaba con la clínica”, argumenta.

- Un momento de la conversación con Ramos, en Centro Lledó.
En el retorno de Ramos a las canchas de fútbol sala a sus 42 años, un factor determinante ha sido la ilusión: “siempre lo ha sido, el poder trabajar para la selección española absoluta”, concede. En este caso, “se ha dado la circunstancia de que necesitaban un fisioterapeuta para el trabajo técnico y Chicho me llamó, diciéndome que buscaban un perfil como el mío”. Con su currículo aceptado, el castellonense ya formó parte de la expedición en una concentración de nueve días en Serbia, con partidos amistosos, antes de Navidad. Posteriormente, le confirmaron como parte del equipo “para hacer un camino más allá de la Eurocopa” con un cuerpo técnico compuesto por 16 personas, entre preparadores físicos, nutricionista, tres fisioterapeutas, un médico, fotógrafo, redes sociales e incluso cocinero”. Todo ello para optimizar el rendimiento de un equipo de 16 jugadores, dirigido por el seleccionador Javier Velasco.
Habituado a tratar con deportistas de élite entre sus clientes en el Centro Lledó, Ramos subraya que el fútbol sala en Castellón “no ha sido un deporte cualquiera”, dada la proyección internacional que tuvo el Playas, consiguiendo tres entorchados continentales y despertando una afición que se ha prolongado hasta la actualidad con el Bisontes Playas de Castellón, si bien lejos de aquellas cotas de hace más de dos décadas: “ojalá vuelva a estar en categoría superior”, anhela el fisio castellonense.

- Ramos afronta el campeonato con ilusión en su retorno al mundo de la competición deportiva.
De la mano de la selección española, que cuenta con dos mundiales en su haber, Ramos confía en participar en primera persona en un nuevo éxito, esta vez de alcance europeo, en una competición que culminará el 7 de febrero. “Esta es una de las concentraciones más largas, lo que es un aliciente añadido pues en general, al ser cortas te permiten no estar mucho tiempo alejado de casa, no es como una temporada entera de fútbol”, explica. En su caso, admite que “siempre tienes el gusanillo del fútbol sala, es un trabajo muy bonito para la gente a la que nos gusta el deporte, formar parte de un equipo profesional es algo que siempre tienes en la cabeza”. Lo que más le gusta, “la competición, vivir los partidos desde dentro, en primera persona, es bonito, y luego la satisfacción profesional de poder ayudar a deportistas para que puedan llegar en las mejores condiciones a cada partido; es una sensación similar a la que tienes con los pacientes en la clínica, por ejemplo cuando consigues que alguien pueda volver a trabajar tras una baja”.
De momento, la primera parte del viaje ha sido una concentración en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, que se ha desarrollado desde el pasado lunes 12. Después, la pausa de fin de semana para reponer fuerzas en familia. Y entre el lunes 19 y el martes 20 está programado el embarque del avión con destino Eslovenia, en una expedición cargada de ilusión y con la ambición de llegar muy lejos.
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