CASTELLÓ. La cunicultura ha sido y es uno de los recursos económicos que han tenido las familias ubicadas en zonas rurales desde finales del siglo XIX, cuando el conejo pasó de ser un producto de autoconsumo a desarrollarse una pequeña industria a su alrededor. Aunque no fue hasta la década de los años 50 del siglo XX cuando empezaron a modernizarse las explotaciones, creando un sector económico fuerte. De esta forma se daba respuesta a la demanda de consumo de carne de conejo, muy valorada tradicionalmente en los países mediterráneos, debido a que el origen del conejo silvestre se dio en la península ibérica y su carne ha sido consumida desde la antigüedad.
Una de esas explotaciones que nacieron con la llegada de la industrialización fue la Granja Rufanges en Soneja, donde José Rufanges y María Ortuño implantaron su negocio en 1978, como motor de la economía familiar. Más tarde, en el año 1998, fue su hijo, José Antonio, quien se hizo cargo de la gestión de la firma, debido a que su padre tuvo que dejar de trabajar por enfermedad. “Yo estaba estudiando Ingeniería Industrial, pero decidí volver a casa para mantener el negocio familiar”, explica José Antonio.
El carácter familiar de la compañía
La explotación pasó de tener tres naves a cinco para la cría de conejos para consumo de carne. Ahora, se mantiene el carácter familiar de la empresa, que gestiona con su mujer, Aurora Sellés, pero con una nueva visión: “No queremos quedarnos en la cría de conejos, sino cerrar el ciclo, es decir, transformar y comercializar directamente nuestra carne”, asegura José Antonio. Una decisión que se ha tomado después de las dificultades existentes para poder rentabilizar el trabajo debido a los altos costes de producción, que se han encarecido mucho en los últimos años según el responsable de la granja, y a los bajos precios de venta en origen.

Para ello, la firma de Soneja ha puesto en marcha en sus instalaciones una sala de sacrificio que le permite culminar el proyecto y no depender de nadie para comercializar su propio producto. Además, la iniciativa viene con el valor añadido de centrar su producción en la raza denominada Antiguo Pardo Español, una raza 100% autóctona, siendo la única explotación de toda España en cerrar el ciclo productivo con plena trazabilidad y que puede comercializar la carne de esta raza gracias al sello de calidad otorgado por el Ministerio de Agricultura. El plan de Granja Rufanges es apostar por la comercialización de cercanía, es decir, “un modelo de proximidad, de venta directa con el cliente, que conecte el producto de la granja a la mesa”, argumenta Rufanges.
El sistema de producción
De momento, la explotación está empezando a producir, poco a poco, ya que el sistema funciona desde el mes de junio de este año, después de cuatro años de trámites. Las primeras semanas han tenido una producción de unos 50 canales (unidades) de esta raza a la semana y la idea es dedicarse solo a la producción de carne del Antiguo Pardo Español, dejar de producir el híbrido y llegar a la venta de unos 300 canales semanales en la mayor brevedad de tiempo posible, “lo cual ya permitirá asegurar una continuidad en la relación con nuestros clientes que ahora no podemos ofrecer”, explica el propietario de la granja. La idea es contar con unas 450 hembras reproductoras de esta raza y unos 20 machos para poder alcanzar esos niveles de venta. En este sentido, hay que decir que la producción de carne de conejo de esta raza es más lenta que la de los híbridos, hecho que la hace más sabrosa y de más calidad.

En la actualidad, la granja Rufanges vende su producción a tiendas de municipios de la comarca, como Viver, Altura y otros, además de en el restaurante estrella Michelin El Lienzo, de Valencia. “La idea es ampliar la cartera de clientes al tiempo que aumentemos la producción y ofrecer un producto fresco, local, auténtico y sostenible”, apunta José Antonio. El proyecto no culmina aquí, sino que la intención de los propietarios es llegar a una producción más tranquila y una transformación del espacio donde están los conejos para mejorar su bienestar.
Con esta nueva iniciativa, Rufanges explica que quiere salvar la explotación, ya que en la actualidad la rentabilidad de una granja es mínima y fruto de ello, y también de factores como la falta de relevo generacional. El número de explotaciones en la Comunitat Valenciana ha pasado de 166 a 90 entre 2018 y 2025. El gerente de la firma de Soneja mantiene que “él no quiere tener un Ferrari, solo quiere poder vivir con un negocio que le permita tener sueldo decente para poder vivir”.
________
BOLETÍN DE EMPRESAS E INNOVACIÓN.
Toda la información empresarial de Castellón, concentrada en un único correo semanal para seguir la actualidad sin perder tiempo. Suscríbete gratis al boletín aquí.