VALÈNCIA. Miriam González Durántez (Olmedo, Valladolid) es abogada especializada en comercio internacional y ha desarrollado buena parte de su carrera en grandes despachos internacionales, asesorando a empresas y gobiernos en cuestiones regulatorias y comerciales. Cuenta con un amplio conocimiento de la política inglesa, pues es la mujer de Nick Clegg, quien fue viceprimer ministro del Reino Unido entre 2010 y 2015 bajo el Gobierno de David Cameron. En paralelo a su actividad profesional ha impulsado diversas iniciativas de carácter cívico.
En 2016 fundó Inspiring Girls International, una organización presente en decenas de países que conecta a jóvenes con referentes femeninos profesionales. Más recientemente ha promovido España Mejor, una plataforma que busca impulsar propuestas de reforma institucional y abrir el debate público a la participación de la sociedad civil. En los últimos meses ha intensificado su presencia en el debate político español, en pleno proceso de preparación de un salto a la política activa.
P: ¿Qué le ha traído a la Comunitat Valenciana y qué tipo de encuentros está manteniendo aquí?
R: València es de los sitios a los que más hemos intentado venir desde que lanzamos España Mejor. Una de las cosas que se ve claramente en Valencia es que es una ciudad abierta, donde hay un montón de gente que quiere contribuir al futuro del país. Esa apertura de la ciudad que cuadra muy bien con el espíritu de España Mejor. Además, desde que ocurrió el terrible suceso de la Dana, hemos estado tres veces en la zona afectada para ver cómo avanza la recuperación.
Antes de esta entrevista ha tenido un encuentro con empresarios valencianos. ¿Qué sensaciones le han transmitido, tanto de la propia casuística valenciana como por la guerra de Irán?
Se ve que Valencia es un poquito diferente del resto del país porque las exportaciones tienen un peso particularmente grande con respecto a otras zonas. También se ve mucho un tejido productivo de pymes que necesita que la dinamización de la economía venga apoyada no solo en el esfuerzo que hacen ellos todos los días, sino en que el sistema reme a su favor.

- Miriam González Durántez. -
- Foto: KIKE TABERNER
Creo que zonas como la Comunitat Valenciana sufren especialmente de la metodología que tenemos en este país, en la que se imponen prácticamente los mismos requisitos reglamentarios si eres una empresa muy grande o si eres una pequeña o mediana. Tenemos que intentar ver cómo podemos quitar obstáculos a la actividad empresarial.
Ha desarrollado gran parte de su carrera fuera de España, especialmente en el ámbito del comercio internacional. ¿Qué diferencias observa entre la política española y la de otros países en los que ha residido como Reino Unido o Estados Unidos?
En casi todos los países de Europa no ocurren cosas que siguen pasando en España. Todo se resume en dos cosas. Primero, lo mucho que ocupa la política española. Cuando llegan, deciden coger un montón de asesores y nombran un montón de cargos públicos. Han puesto una capa de grasa en toda la sociedad, que cada vez es más extensa. Llama mucho la atención si lo comparas con otros sistemas que tienen una administración muy profesionalizada. No sé cómo los hemos dejado extenderse tanto. Llevan cuatro décadas aprovechándose de un sistema. Estamos en el segundo cuarto del Siglo XXI y es hora de pasar página.
La otra cosa que llama muchísimo la atención si se compara con otros sitios es lo poco que se escucha al ciudadano. Hay sitios donde los políticos tienen la obligación de volver todas las semanas a sus circunscripciones a hacer reuniones abiertas con sus ciudadanos. En España se dedica muy poco tiempo a la escucha de ciudadanos, solamente van justo antes de las elecciones y para decirles a los ciudadanos lo que tienen que pensar.
Visto con perspectiva, ¿qué opinión le merece el Brexit? ¿Hay arrepentimiento en Reino Unido por este proceso?
Toda mi familia luchó todo lo que pudo en ese momento contra el Brexit. Soy una europeísta convencida, aunque eso no quiere decir que no sea crítica con la Unión Europea. Hay cuestiones de dinamización y modernización de la Unión Europea que no se están abordando. El ser proeuropeo tiene que ser compatible con que cambien cosas en Europa. En Reino Unido creo que hay un porcentaje enorme de la población que se da cuenta que eso fue una terrible decisión para el país. Se han pasado 10 años mirando hacia el pasado en uno de los países de los que más podía tirar en Europa.
Su discurso se centra en gran medida en que el sistema necesita reformas profundas. ¿Cuál diría que es hoy la principal disfunción de nuestro modelo institucional?
Mira que hay cosas… Aforamientos, cómo se meten en todos los organismos de control… Pero, si tengo que coger una, para mí es el clientelismo. Cuando llegan al poder pueden nombrar y cesar a un montón de capas. Es lo que creo que hay que cortar inmediatamente.

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Si usted llega al gobierno como ministro puede nombrar al secretario de Estado. Todo lo que esté por debajo debería ser por mérito y capacidad. Desde luego, debería haber un límite súper estricto en el número de asesores. El colmo de todo eso es que encima esa gente está dando un porcentaje de su sueldo al partido. Se ha montado un sistema perfecto, un círculo en el que ellos ganan y la única que pierde es la sociedad.
El Gobierno valenciano suma más de 200 personas entre altos cargos y asesores y ha eliminado el tope de estos últimos.
Eso me parece una barbaridad.
¿Cree que los partidos políticos se han convertido en estructuras muy cerradas?
Claramente, los partidos políticos españoles se han cerrado y el concepto de mérito y capacidad tampoco cuadra en estos partidos. Hubo una temporada en la que todos estábamos hablando de la democracia interna dentro de los partidos. Creo que los partidos tienen que hacer toda una labor de apertura, de captar talento. El talento en España está fuera de los partidos políticos claramente. Pero creo que tiene que ir más allá de los partidos políticos. Hay ahora iniciativas estupendas de apertura de la democracia y crear iniciativas ciudadanas. Todo ese tipo de evoluciones de la democracia o empezamos a implantarlas nosotros también en la sociedad o luego no nos podemos quejar de que haya mucha gente que empieza a cuestionar cómo les funciona a ellos el sistema democrático.
Ha puesto en marcha la plataforma España Mejor para impulsar propuestas desde la sociedad civil. ¿Podría detallar las principales líneas de este proyecto? ¿Cuál es su objetivo con esta iniciativa?
Intentamos crear un espacio al lado de los partidos políticos para que gente que o no tiene etiqueta, o tiene una etiqueta y quiere relacionarse con otras, puedan contribuir de una manera natural y positiva al desarrollo de las políticas públicas. Hacemos propuestas de todo tipo, tenemos de fiscalidad, de agua, de vivienda, hasta cosas muy detalladas de hacer la educación financiera obligatoria en los colegios o la aplicación de inteligencia artificial.

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Hemos puesto sobre la mesa un código ético de gobierno, que es una de las propuestas que más se conocen. Está compuesto por 99 puntos para limpiar la política española de una manera simple, con estructuras de garantía, y se podría poner en marcha en 3-4 semanas.
Tenemos 6.800 personas involucradas en grupos de trabajo que actúan todos los días y que contribuyen a buscar ideas para mejorar el país. Creo que esa dinamización es absolutamente necesaria, sobre todo para los jóvenes. Para ellos, de hecho, tenemos un proyecto específico que se llama Imagina, donde pueden ir haciendo propuestas que les den esperanza de que la política les puede ayudar a tener su proyecto de vida, y no esta situación en la que piensan que la política rema en su contra de los jóvenes.
¿Definiría esta plataforma en una ideología concreta?
Es de todas las ideologías. De hecho, una de nuestros signos de identidad es que ninguno estamos de acuerdo al 100% con ninguna propuesta. La gente que se suma y tiene etiquetas viene de todos los sitios. Tenemos gente del PP, del PSOE, de Más Madrid… Incluso alguno viene de partidos independentistas. Los españoles tenemos más interés en ponernos de acuerdo que lo que nos hace ver la clase política.
¿Tiene intención de dar el salto a la política activa?
De manera paralela, nada que ver con España Mejor, estoy montando un partido político. Mi propio camino viene de lo que he visto en la sociedad civil. Estoy convencida de que se puede forzar políticamente a los partidos y condicionarlos. Somos muchos los españoles que estamos hartos de la situación actual, que queremos centrar el país en el futuro, y que estamos dispuestos a poner un poquito de lado las ideologías y limpiar y orientar hacia el futuro el país.
Dentro del espectro político, ¿dónde encajaría su partido? La caída de Ciudadanos dejó un espacio en el centro bastante abierto.
Cuando me mencionan Ciudadanos pienso que ojalá fuese tan fácil como cuando Ciudadanos tenía cosas que les interesaba a los dos partidos mayoritarios. Nosotros queremos hacer una limpieza radical del sistema para avanzar hacia el futuro. Somos conscientes de que a ninguno de los que están les interesa hacerlo porque les beneficia este sistema que han montado para que todo vaya a favor de ellos y no necesariamente en beneficio de los ciudadanos.

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Me parece una pregunta del siglo XX ver por dónde se sitúan las cosas en el espacio ideológico, porque entonces todas las cosas estaban muy bien marcaditas en su sitio. Ahora estamos en un momento político absolutamente diferente, donde ya no está muy claro qué es lo de derechas y lo de izquierdas. Algo que yo defiendo enormemente es el concepto de eficiencia en los servicios públicos. ¿Eso es de derechas o de izquierdas? Lo de eficiencia suena a derecha, pero lo de hacer el sector público eficiente es de izquierdas.
En todo caso, en los últimos años han surgido formaciones que han planteado reformas importantes en el sistema, pero no llegaron a consolidarse. ¿Por qué cree que se produce este fenómeno?
Hay iniciativas específicas que no dieron suficientemente la batalla y olvidaron muy pronto cuál es el espacio donde realmente hay que hacer trabajo en España, que es la reforma del sistema político. Eso te abre el espacio para poder hacer el resto de reformas. El obstáculo es la limpieza del sistema político, que no les interesa hacer esas reformas, sino estar centrados en cómo colocan ellos a los suyos. Algunas de las iniciativas que en el pasado se presentaban como reformistas abandonaron enseguida ese espíritu, creando una desilusión. Ello tiene un coste enorme para la sociedad española que no nos podemos permitir.
Entrando en el plano autonómico, la política valenciana atraviesa un momento de fuerte tensión tras la DANA y la gestión de sus consecuencias. ¿Qué reflexión le merece lo ocurrido?
No tener a la gente adecuada y que sabe de las cosas tiene un coste que va mucho más allá de lo material. Creo que son momentos que nos tiene que hacer reflexionar a todos. Primero, en el tipo de gente que tenemos gestionando. Segundo, en el tipo de gente que nombran los que tenemos gestionando. Tercero, en aprender las lecciones de la sociedad. Momentos como la Dana, el accidente de Adamuz, el apagón, son momentos en los que la sociedad española da un ejemplo magistral de cómo se tiene que comportar la sociedad.
Muchas veces nos intentan decir que tenemos los políticos que nos merecemos porque nosotros somos así. Nosotros no somos así. ¿Por qué la clase política no está escuchando? La última vez que fui a la zona Dana, vi que no se les había escuchado. No sé si es vagancia, falta de interés o que no les interesa nada.
La infrafinanciación de la Comunitat Valenciana es la principal reivindicación histórica de esta autonomía. ¿Debería llevarse a cabo una reforma del sistema de financiación?
Claramente hay unos desajustes que no son aceptables y cualquier persona que sabe un poco de financiación autonómica sabe que hay comunidades que salen beneficiadas y otras que salen perjudicadas con respecto a lo que debería de ser un modelo más justo. El modelo de financiación autonómica tiene que poderse decidir con todas las comunidades autónomas. Tiene que ser posible que todas se sienten alrededor de una mesa y consideren con los expertos cuales son las opciones. No se puede hacer primero con unas comunidades autónomas y luego con las demás. Esa es la premisa más básica.

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Luego hay distintos modelos, que gustarán más o menos, pero los rangos de soluciones son mucho más cercanos de los que tenemos ahora puestos sobre la mesa con un modelo de cómo gestionar esa discusión que realmente no es aceptable. Eso es aplicable a todo, no solo a la financiación autonómica. No es aceptable que las comunidades autónomas y el Gobierno no puedan sentarse mucho más a menudo y empezar a considerar qué cosas se pueden armonizar más y en cuáles puede haber más cooperación.
Cuando empecé mi vida profesional en la Unión Europea vi 27 países, cada uno de una manera, con idiomas e intereses distintos, que son capaces de sentarse en una misma mesa y armonizar sobre cuestiones hipercomplejas. Esto se hace todas las semanas del año. No me explico por qué en España no se puede hacer lo mismo entre el Gobierno y las comunidades autónomas.
Comentaba que hay distintos modelos de financiación y que unos u otros pueden gustar más o menos. ¿Hay alguno que considera que podría solucionar la problemática?
En España mejor no hemos hecho una propuesta específica de financiación autonómica y políticamente lo estamos todavía considerando.
Desde su experiencia en comercio internacional, ¿qué papel considera que juega la Comunitat Valenciana en la economía española y europea?
La Comunitat Valenciana tiene una tirada de comercio internacional y exportaciones, no solamente es turismo y construcción. Se juntan sectores más nuevos con otros más tradicionales, lo que hace que sea un buen modelo económico. Me sorprende que eso no se traduzca en que la renta per cápita esté por encima de la media nacional. Es un gap en el que hay que estar centrados.

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Esta es una de las comunidades autónomas donde hay más startups. El problema tendrá que ser cómo hacemos crecer a esas startups, qué facilidades se les están dando. Que no sean solo ayudas, sino que todo el ecosistema reme a favor de ellas.