VALÈNCIA. Dentro del mundo de la audiofilia, la gama superior de la alta fidelidad se conoce como high-end (“el final del camino”), porque quien llega hasta allí, en teoría, ya ha pasado por todo lo demás. En el proceso es muy probable que haya invertido centenares de miles de euros en equipos de enorme calidad con acabados de lujo y fabricados por marcas de prestigio. Es, sin duda, una afición cara y exquisita; un evidente ejemplo del llamado “lujo silencioso”, puesto que no despliega su valor en la ostentación externa, sino que lo hace principalmente en la forma de una experiencia íntima y privada, que solo recompensa a quien tiene la sensibilidad o los conocimientos necesarios para apreciarla.
Pues bien, existe un paso más dentro del high-end: las configuraciones que no se fabrican en serie, sino que son diseñadas y construidas de forma artesanal y personalizada para un espacio concreto. El sonido que se obtiene a través de estos equipamientos “de excepción” o de alta eficiencia no está estandarizado, sino que lleva el sello personal de su creador. Por eso, ya no solo nos referimos a la calidad del sonido en términos técnicos; nos adentramos en un terreno más creativo y subjetivo en el que la figura clásica del ingeniero se transforma en la de un “artesano del sonido”.
Existen muy pocos especialistas en el mundo dedicados a este sector de nicho. Uno de ellos es Daniel Reina, fundador de Admire Audio, un nombre muy respetado dentro de los círculos del hedonismo audiófilo. Formado como trompetista y cantante lírico en el Conservatorio Superior de Valencia, Reina trabajó durante muchos años como músico profesional en diversas orquestas y grupos de jazz. En cualquier caso, su pasión por la música iba más allá de la interpretación y el coleccionismo discográfico; le interesaba conocer el funcionamiento interno de la reproducción del sonido.
No existen titulaciones de ingeniería de sonido orientadas a la alta eficiencia; quienes se dedican a esto, explica Reina, son casi siempre personas que le han dedicado miles de horas de estudio autodidacta y han tenido la oportunidad de aprender de grandes maestros. Cada diseñador desarrolla con los años un estilo propio, irreproducible, que muere con él: cuando un gurú fallece, su concepto desaparece con él, porque no deja escuela ni fórmula transferible. Reina lo compara con la alta cocina: los mismos ingredientes, en manos de dos cocineros distintos, producen dos platos completamente diferentes. Su propio sello distintivo, resume, no está en perseguir la perfección técnica sino en ir directamente a la emoción, aprovechando incluso los márgenes de error de la propia tecnología para conseguir un sonido que, más que impecable, resulte conmovedor.

“Empecé a hacer esto por curiosidad y poco a poco se convirtió en una obsesión. Me di cuenta de que la mayoría de los equipos no mostraban las tímbricas de los instrumentos de forma natural. Escuchaba mucha artificialidad y me metí a estudiar el porqué”. Daniel reconoce que tuvo la suerte de conocer a las personas indicadas para profundizar en el conocimiento de esta disciplina. Durante años aprendió de la mano de otros especialistas en Francia, Italia y Alemania, aunque sus mayores referentes son el japonés Skuma Sato y el francés Jean Hiraga.
“La alta fidelidad convencional no es tan minoritaria, pero esta disciplina concreta -la ultra alta fidelidad esotérica, podríamos llamarla así- sí lo es. Actualmente apenas somos diez personas en el mundo las que nos dedicamos a esto”.
La afición de Daniel se convirtió finalmente en una profesión. Llevaba más de veinte años construyendo equipos por su cuenta cuando, hace casi una década, entró en contacto con los socios de la empresa valenciana Acierta. “Bruno, Mario y Jacobo me contactaron porque tenían en mente iniciar un proyecto de audio, aunque no tenía nada que ver con lo que yo hacía. En principio el proyecto que me proponían no me interesaba, así que les enseñé lo que yo hacía: vinieron a casa, se entusiasmaron y pusieron todos los medios para hacerlo posible”. Así nació Admire Audio, con Reina al frente de toda la parte de diseño creativo y la construcción, y Jacobo, uno de los socios de Acierta, encargado de la gestión empresarial.
Desde entonces, la marca ha firmado proyectos que van del ámbito estrictamente doméstico a colaboraciones con otros proyectos culturales -Casa Axis, de Felipe Pantone; el diseño de altavoces para un desfile de la firma de moda Off-White en París; instalaciones sonoras en espacios museísticos- o el diseño de sistemas de sonido para varios listening bars y restaurantes, como HIFI Valencia o varios en Madrid: Fenómeno, Planta Baja, la sala Barco y próximamente el restaurante Mecha, en el barrio de Salamanca.

- HIFI Valencia -
Configuraciones de varios millones de euros
Admire Audio tiene su sede en el polígono Fuente del Jarro de Paterna. Junto al taller donde construye las piezas se abre una puerta que nos da paso a una sala a la que Daniel invita a todos sus clientes antes de empezar a trabajar en un proyecto para que experimenten el concepto de sonido que distingue a la marca valenciana.
La sala recrea el salón de casa de un audiófilo. La acústica es perfecta y la iluminación es tenue. Destaca la presencia de dos enormes y elegantes altavoces exponenciales encarados hacia un sillón de una sola plaza situado en el centro de la sala. Estos horns o bocinas tienen una forma geométrica calculada matemáticamente para amplificar el sonido sin necesidad de electrónica adicional, y son el “alma” de cualquier equipo de alta eficiencia.
“Le llamo el trono -comenta Reina, señalando el sillón- porque está situado en el punto exacto donde se aprecian al cien por cien las cualidades de esta configuración, que es el AA4, el más avanzado que tenemos”. A nuestra espalda encontramos otro tipo de exponenciales icónicos de Admire Audio, unos horns multicells (multiceldas o conjunto de pequeñas bocinas unidas) que ofrecen una experiencia sonora distinta, más panorámica.
“El objetivo de la alta fidelidad en términos generales es conseguir que las grabaciones se reproduzcan de la forma más fiel posible a la grabación original, y con mucha naturalidad -apunta Daniel-. No se busca un efecto agresivo, sino que el timbre, la dinámica y el aire transmitan la sensación de tener al músico en la sala”.
“Buscamos una estética muy concreta, que sea el producto de tu imaginación. Mi obsesión, por ejemplo, es dibujar el sonido en el aire. En lugar de centrarme en la técnica, yo voy directamente a la emoción; de hecho, me gusta aprovechar los errores de la técnica. Más que la perfección, mi objetivo es que la escucha sea muy inmersiva y emocionante”. Este es un enfoque que prioriza la pureza de la señal por encima de la potencia, por eso, como él mismo confiesa, esto “no es para todo el mundo”.

Después de sentarse en el “trono” para experimentar el concepto de la marca, Reina visita la casa del cliente para valorar el espacio disponible y lo que quiere conservar de su equipo anterior. A partir de ahí propone una configuración completa -altavoces, amplificación, fuentes, tratamiento acústico- que funciona como un todo indivisible. Si el cliente decide sustituir solo una pieza por su cuenta, avisa Reina, el equilibrio se rompe. Una configuración de referencia puede rondar los 100.000 euros solo en fuentes de reproducción; sumando amplificación y altavoces a medida, las cifras se disparan con facilidad hasta varios millones. En el mercado internacional existen configuraciones domésticas hechas a mano que llegan a costar nueve millones de euros.
Según su experiencia, el perfil más común de cliente combina un poder adquisitivo alto con un consumo cultural intenso -abonos a auditorios, ópera, conciertos en directo- y cierta fascinación por la tecnología, aunque también existe el melómano apasionado sin grandes recursos, pero que invierte en esta afición todos los ahorros que puede. “Lamentablemente hay muy pocas mujeres entre las personas que adquieren este tipo de equipamientos. Y es una pena porque en realidad mucho más emotivas, tienen una sensibilidad diferente. Disfrutan mucho de la música, por lo que he podido comprobar en estos años. Los hombres tienden más a lo intelectual y a lo técnico: el detalle, la discriminación de matices”.
¿Acaso no todas las personas que invierten en este tipo de equipos son melómanas? “No -niega Daniel-. Originalmente la afición por la música y la afición por la reproducción técnica del sonido iban de la mano; hoy buena parte de la comunidad audiófila se ha desplazado hacia un terreno más técnico que musical: hay personas que quieren escuchar el mismo fragmento cientos de veces para analizar cada detalle sin ser necesariamente grandes coleccionistas de discos o un entendidos de la historiografía musical”.
El eco de Japón, y la moda de los "bares de escucha"
Buena parte de la tradición técnica en la que se apoya Admire Audio procede de Japón. Allí, desde finales de los años cuarenta, surgieron los llamados jazz kissa: cafeterías especializadas en la escucha atenta de discos de jazz importados de Estados Unidos, que resultaban carísimos para el público general. Sus propietarios montaban equipos de sonido de alta calidad para que la clientela pudiera escuchar los discos completos, en silencio, sin conversación. De ese entorno salieron algunos de los ingenieros y diseñadores de sonido más influyentes del siglo XX, entre ellos varios de los llamados "gurús" de la alta eficiencia doméstica.
En los últimos años, el concepto de los jazz kissa se ha puesto de moda en Europa y América bajo el nombre de listening bars, con locales que han abierto en ciudades como Londres, Nueva York, Barcelona o Madrid. La lástima, según apunta el propio Reina, es que muchas veces la experiencia en estos lugares dista mucho del concepto primigenio: un lugar de escucha atenta, casi devocional, cuyo único propósito es disfrutar del sonido en su máxima expresión de pureza.