'Babies': La sorprendente y dura serie sobre la pérdida gestacional o los abortos de repetición

Series y televisión

EL CABECICUBO DE DOCUS, SERIES Y TV

El autor de Marriages vuelve con el tabú del aborto espontáneo con su estilo realista

Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

VALÈNCIA. Reino Unido tiene una tradición audiovisual de mediometrajes realistas sobre problemas sociales y la vida cotidiana que posiblemente no admita comparación con ningún otro país. The Wednesday Play, Play for today o Armchair Theatre fueron programas de los que salieron cineastas como Ken Loach o Mike Leigh. El ejemplo más cercano en España quizá sea Crónicas urbanas, disponible en Rtve.es, que exploraba desde la soledad después de la mediana edad al embarazo adolescente, desde la vida en un centro de Atención Primaria a diferentes formas de prostitución. Ahora es más fácil sentar en tres sillas a unos tertulianos y dejar que divaguen y griten sin tener ni idea de lo que hablan, pero antaño se consideraba que este tipo de ficción social ayudaba a situar al espectador en el lugar de los demás. Enseñaban a mirar, a entender y a empatizar, palabros que se han puesto de moda ahora en todo menos en el ejemplo. 

La actual Babies, disponible en Filmin, obedece a esa escuela. Trata un problema no muy conocido porque las parejas que lo sufren muchas veces tienden a ocultarlo. A veces puede que por vergüenza, pero en no pocas ocasiones para protegerse de los comentarios y las miradas ajenas, muchas veces insensibles con el tema e incluso hirientes. Se trata de los abortos de repetición. La pérdida gestacional es muy frecuente, casi uno de cada tres embarazos, pero cuando se encadenan es una tragedia. 

El director de esta miniserie, Stefan Golaszewski, venía de rodar la excepcional Marriages, sobre la intimidad y cotidianeidad de un matrimonio de treinta años de duración. En esta ocasión, la pareja protagonista es más joven y se enfrenta a un problema médico concreto, no sirve para analizar indirectamente el mundo laboral o el racismo como la anterior. Va más al grano.

Los espectadores que solo admiten un lenguaje cinematográfico o televisivo puede que se aburran con esta serie y que la rechacen. No faltan críticas que se quejan de que “no pasa nada”, que los diálogos son muy banales o que los personajes no evolucionan. Pero no se trata de una narración lineal que avanza a base de golpes de efecto y giros del guión. Y lo que ocurre tampoco necesita ser espectacular. En las conversaciones, rara vez los personajes dicen completamente lo que piensan o sienten, como en la propia vida, y el espectador es consciente. No vamos a asistir a una aventura o a una narración cerrada, sino a entender a unas personas. 

Puedo dar fe de que todo lo que dicen y se ve que sienten es real, está basado en hechos reales. Por ejemplo, después de varios abortos, que tu propia familia te ponga delante bebés o fotos de recién nacidos sienta como si te prendieran fuego, pero no se puede mostrar, son emociones que hay que tragarse y llorarlas cuando por fin estás solo o con el psicólogo o psiquiatra si tienes dinero para pagarlo. Babies nos enseña cómo son esas situaciones, cuántas hay, qué inofensivas parecen y lo violentas que son. 

Hay algo de autobiográfico, y se nota, por parte de su director. Pero también buscó asesoría en grupos de matronas para poder reflejar con exactitud este problema, equivalente emocionalmente a las enfermedades más duras. De hecho, los diálogos se han tenido que respetar en boca de los actores con precisión milimétrica para no desviarse ni un milímetro de la documentación. 

A la insoportable exposición a otros bebés, que es inevitable -no se pueden esconder de los niños, pero sienten como si les rajan las tripas cuando los ven o se los presentan-, habría que añadir las conversaciones sobre paternidad con gente que sí que tiene hijos, donde se muestra la fría indiferencia que siente la alegría por la desgracia; los sentimientos mezquinos que se experimentan, a veces se llega a desear desgracias ajenas, y sobre todo la paulatina pérdida de interés por todo, el hundimiento personal en todos los órdenes de la vida porque el hecho de no poder tener hijos te ha bloqueado, estancado en la vida, roto todos tus planes y llevado a las cotas más bajas de autoestima. 

En la pareja protagonista, Golaszewski va mostrando lentamente todo este proceso de derribo, en absoluto exagerado, que va minando la propia relación y contaminando incluso a familiares cercanos. Son situaciones reveladoras aunque sean muy comunes porque no se suele hablar de ellas, pero en cuanto alguien se abre, lo natural es que empiecen a aparecer abortos e infertilidades por todas partes. La gestación no es siempre un mundo de Yupi. Lo bueno es que en la serie se deja un margen de humor negro, porque se emplea y mucho para sobrevivir a esta desgracia. 

En paralelo a esta pareja, se nos muestra otras que ya responden a un planteamiento más televisero. Sirven de alivio a la tragedia de los protagonistas y como contrapunto, son gente que sí que tiene hijos, pero que le sobran o no sabe tratar con ellos. Una especie de enseñanza de que unos tantos y otros tan poco. Sus personalidades son más exageradas y llevadas al límite, pero sin su inclusión, si todo se hubiese basado en la pareja principal, quizá habría sido demasiada negrura incluso para los espectadores más empáticos y abiertos a narración que no tienen por qué ser de alta tensión. 

Personalmente, creo que todavía se podría haber llegado mucho más lejos. En esta serie los embarazos son naturales, aunque luego haya abortos por causas desconocidas. Perfectamente se podría haber acudido a una pareja que necesita la reproducción asistida para que haya embarazo, lo cual es un desgaste psicológico, físico y económico bestial, pero que luego sigue teniendo abortos igualmente. El laberinto de medicaciones e hipótesis diagnósticas supera a cualquier película de terror, sobre todo porque muchas parejas, tras años de lucha, no logran su objetivo. Es decir, hay más círculos del infierno que los que se muestran aquí. Si quieren curiosearlo, busquen en foros, que hay varios.

Por lo pronto, para la actriz protagonista, la irlandesa Siobhán Cullen, su personaje le ayudó a entender la "torpeza que todos podemos tener con los sentimientos de los demás: la forma en que nos hablamos sin tener ni idea del mundo de mierda por el que a menudo viven las personas. Un comentario espontáneo puede herir profundamente a alguien según lo que haya vivido ese día o ese año”. Con que quede eso, Babies ya ha logrado un bien social. 

 

Recibe toda la actualidad
Castellón Plaza

Recibe toda la actualidad de Castellón Plaza en tu correo