Blanca de la Torre: "Es muy fácil llegar y comprar; hay que pensar en colaboraciones de manera más sostenida"

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La directora del IVAM analiza el presente y futuro de la institución

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VALÈNCIA. Blanca de la Torre encara su segunda temporada al frente del Institut Valencià d'Art Modern (IVAM), algo más de un año en el que ya ha desplegado su proyecto para el museo, que queda negro sobre blanco en la programación de 2027, que desveló hace algunos días y que tiene como eje común la convivencia de distintas disciplinas y una promesa: en su museo no caben las exposiciones “enlatadas”.

Su plan, con todo, va más allá de lo que se ve en las salas de exposición y también pasa por generar una nueva red de colaboraciones con instituciones y por entender el IVAM como un “museo anfibio”, a lo que se suma la reciente inauguración de las salas de colección permanente, elementos que marcan la hoja de ruta de un museo que pronto cumplirá 40 años.

- ¿Dirigir el IVAM se parece a la idea que tenía antes de llegar a València?

- Cualquier proyecto que se desarrolla para presentarte a un concurso de dirección es un ejercicio de especulación, por mucha investigación que hayas hecho para intentar que tus ideas se adecúen al propio centro. Después la realidad es otra, mucho más prosaica.

- ¿Cómo es aterrizar el proyecto a esa realidad?

- Ha sido [una experiencia] muy positiva. En año y medio hemos sido capaces de realizar -lo que todo el mundo me dice- muchísimo más de lo que a veces se ha hecho en cuatro o cinco años. Es cierto que yo partía de una situación anómala al ocupar mi puesto tras un periodo de un año y tres meses sin dirección, un vacío muy largo que no me permitió tener el tiempo para tomar el pulso y la temperatura del museo y luego ir aterrizando mi propuesta. Tuve que trabajar a varias revoluciones. Tiene la parte negativa de que es mucho más estresante pero la parte positiva es que ves tu proyecto mucho antes de lo habitual.

También hay una parte que yo era consciente que era complicada, como en cualquier institución pública, que tiene que ver con los procedimientos administrativos, que son lentos y no siempre encajan en los calendarios que manejamos desde lo artístico. He trabajado con todo tipo de administraciones y hay que reconocer que los de aquí pueden resultar más tediosos, pero también me da la tranquilidad de saber que todo se hace de acuerdo a lo legal. Uno no puede pretender que su proyecto se realice exactamente tal y como había imaginado, sino que tiene que tener un encaje legal y en los propios ritmos del museo. Al final, soy yo quien se tiene que adaptar a la institución y no tanto la institución a mí.

- ¿Qué ideas sí se han podido aterrizar en este tiempo?

- En general, sí se está llevando a cabo la hoja de ruta que he planteado. Parte de ella también tiene que ver con un futuro. Cuando asumes un proyecto de dirección implica ser capaz de tomar decisiones a largo plazo, pero tomarlas en corto. Es decir, yo ya llevo más de un año tomando decisiones sobre cosas que posiblemente no veremos hasta más adelante. Eso es muy importante. Hay toda una serie de procesos invisibles que ya están teniendo lugar para cosas que iremos viendo. Algunas tienen que ver con reformas estructurales del propio edificio; cambios para hacer el museo más accesible o que tienen que ver con el plan de sostenibilidad. Ese plan a nivel interno ya se va desarrollando y va permeando a nivel estructural. No solo hablamos de programación, sino de otra manera de entender la institución y de trabajar. 

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- Durante la presentación de la programación de 2027 dijo: “Buscamos huir del concepto de exposición enlatada; nos interesan las exposiciones artesanales”, ¿de qué tiene que huir el IVAM del presente?

- No quiero que se tome mi respuesta como una crítica a otras direcciones. Hablo de esas otras maneras de entender la cultura como un derecho público, que está muy relacionado con cómo nos entendemos como una sociedad en transición hacia otro horizonte, hacia otro futuro mejor y más habitable. Es importante que se entienda esa manera de hacer más de largo aliento, más artesanal. Creo que hay una manera de ver mucho más holística. Las exposiciones lo dejan muy claro. 

Tú preguntabas, de hecho, el otro día [en la presentación de la programación], si el hecho de dedicar dos grandes salas a colección [permanente] nos deja menos espacio para las exposiciones. Es idea de decrecer para crecer tiene que ver con eso. La gente disfruta lo que reconoce, siente ese orgullo de pertenencia que me interesa mucho. A su vez, nos permite otra agilidad en las otras exposiciones que tienen otro carácter, en ocasiones más experimental, con otro tipo de actividades que hacen que el museo esté más dinámico, con un carácter más de laboratorio.

- Desde el punto de vista físico, el hecho de que las salas mayores del centro sean para colección permanente entiendo que sí afecta a la hora de encajar ciertos proyectos, qué exposiciones temporales diseñar...

- Todo está relacionado, no hemos concebido por un lado lo espacial y por otro lo programático. También tiene que ver con la museografía específica que hicimos [para la colección permanente]. No se construyó ninguna pared nueva, sino esos módulos utilizando los peines donde todo tipo de activaciones o de cápsulas se puedan fácilmente desarrollar. La idea es que se entienda un cambio de modelo, no solamente de institución sino de modelo programático. Aunque una colección sea permanente, no tiene por qué ser estática. El modelo historiográfico más clásico no está reñido con los modelos más experimentales.

"No necesitamos estar cada dos semanas inaugurando una exposición”

- ¿Qué me puede contar de ese proyecto a futuro para la colección?

- No me interesa esa concepción lineal del tiempo de tener X hitos, sino que van a ir sucediendo cosas constantemente que van a hacer que ese espacio esté vivo. Por ejemplo, en el proyecto 'Efecto Cadena' invitamos a tres comisarios de la escena valenciana -Mijo Miquel, Fermín Jiménez Landa y José Luis Clemente-, a que comisarien algo para activar esa colección. Es una manera de abrirla a otros agentes de la propia Comunitat Valenciana. Me interesa ese tipo de proyectos que van a mantener de manera viva ese espacio sin necesidad de estar constantemente cambiando las exposiciones. De nuevo, ese es el cambio de modelo del que hablo. No necesitamos estar cada dos semanas inaugurando una exposición.

- ¿Cómo convive este cambio de modelo con las exigencias habituales de un museo público desde el punto de vista de programación, visitantes...? 

- Creo que la manera en la que la estamos haciendo hay menos inauguraciones pero suceden muchas más cosas y viene mucha más gente. Y eso que no creo que el número de visitantes sea termómetro de nada. Teniendo menos exposiciones, la gente no para de decirnos que no paramos de hacer cosas. Tiene que ver con cómo articulas todo eso y cómo continúas ofreciendo experiencias diferentes. Porque la experiencia no tiene que ser siempre la inauguración de una nueva exposición.

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- En el proyecto expositivo del IVAM, ¿qué importancia le da a los grandes nombres?

- Esos grandes nombres están y seguirán estando siempre y cuando sean grandes nombres que encajen dentro de las líneas y de los ejes que trabajamos. No están solamente porque me interese trabajar con 'rockstars'. Si bien está muy bien contar con todos ellos y seguiremos contando con esos grandes nombres, a mí me importa mucho equilibrar lo valenciano, lo nacional y lo internacional. Medimos muy bien esos equilibrios. Lo valenciano solamente en el contexto valenciano no sirve para dar un impulso real a esos artistas. Cuando realmente estás apoyando el contexto valenciano es cuando lo colocas en un contexto nacional y, especialmente, internacional.

- Esos nuevos modos de hacer se vieron con A media lumbre, un tipo de colaboración entre instituciones que continúa en 2027 con varios de los proyectos presentados, ¿qué nos dice esta forma de trabajar del IVAM del futuro?

- Tiene que ver con la creación de redes reales de colaboración. No son intercambios de exposiciones, no son un: yo te compro y te traigo aquí la exposición simplemente por traer esos grandes nombres o por tener un sello o logo. Eso no dice nada. Es muy fácil llegar y comprar. Esto tiene que ver más con un desarrollo en conjunto, con una colaboración real entre instituciones y con pensar en esos modos de colaboración de manera más sostenida. Esas instituciones están escogidas por algo y hay unos procesos muy largos para llegar a esas ellas. Hablamos de colaboración conjunta, no simplemente puros intercambios.

"Los grandes nombres están y seguirán estando siempre y cuando encajen dentro de las líneas y de los ejes que trabajamos, no solo porque me interese trabajar con 'rockstars'"

- Vemos esas alianzas con centros de arte contemporáneo de perfil similar al IVAM, pero por su propio perfil, no sé si cabe generar alianzas con otro tipología de museo: hablo de etnográficos, de ciencia, etc.

- Absolutamente. De hecho, estamos en desarrollo de un convenio con el Oceanogràfic. Tiene todo el sentido. Vino a raíz de la presentación del Museo Anfibio, llevamos desde entonces ya en esas conversaciones. Precisamente la última sede de A media lumbre es el Museu Terra, que surge como museo etnográfico rural. Mucha gente me decía: ¿Museu Terra? Pero es que tiene todo el sentido. ¿Dónde tiene que acabar una exposición así? En un museo donde lo contemporáneo convive con lo etnográfico.

- Esta nueva mirada, ¿también tendrá su eco en la colección?

- Desde el primer bloque de adquisiciones ha habido un cuerpo importante que tienen que ver con artesanías, conocimientos vernáculos, especialmente cerámica y textiles. Sobre todo me interesa cuando todos esos materiales conectan con la propia historia de la comunidad.

- ¿Qué otros espacios deben seguir completando la colección del IVAM? 

- El patrimonio inmaterial, que es tal vez el que necesite más investigación y más desarrollo. Todo ese tipo de obras que tienen que ver con la transmisión de generación en generación o que nos permiten desde las prácticas contemporáneas reforzar las correas de transmisión para que no se pierdan esos conocimientos. Ahí deberíamos incidir. Este año, por ejemplo, tenemos un programa tiene que ver con canciones de cuna.

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- Entre estas compras el IVAM adquirió obra de Maria Blanchard y, curiosamente, este mismo año el Ministerio de Cultura compró una obra de ella para el Museu de Belles Arts de València, ¿qué le sugiere esta coincidencia sobre los paréntesis temporales de los museos?

- Más que paréntesis son bisagras que ayudan a entender que no existe una ruptura real en la historia del arte, son continuidades mucho más orgánicas y lógicas. Creo que Pablo [González Tornel] está haciendo un muy buen trabajo recuperando algunas de las figuras históricas y que existan sinergias de este tipo es fabuloso. Ya pondremos a las dos Blanchard a bailar juntas en algún momento.

- En esta programación se ha presentado un producción en torno a Julio González que girará en la red de Caixaforum, ¿por qué era importante y cómo convive con ese otro modelo de colaboraciones?

- Uno de los ejes fundamentales de mi proyecto de museo era recolocar la colección del IVAM en el centro. Esto no se refiere solamente al propio museo, sino reivindicar esa colección y sacarla fuera. Estamos realizando una serie de proyectos, entre ellos el de Julio González, para volver a visibilizar la colección fuera del IVAM. Nos parecía que había llegado el momento de volver a dar a conocer de manera más íntegra y completa a ese Julio González que tocó todas las disciplinas y que demostró ser el gran referente de la escultura del siglo XX y de las vanguardias. Todavía hay numerosos públicos, y especialmente generaciones más jóvenes, para las cuales queda distante. Era el momento y por eso hablé con CaixaForum para ver si les interesaba embarcarse junto con nosotras en esta tarea. Este proyecto se enmarca en una de las líneas del plan estratégico donde la colección del IVAM va a salir fuera y no será el único caso.

- El IVAM es un edificio de los años 80, con todo lo que supone, y cuenta con una colección que multiplica la de su origen, ¿debería crecer el edificio? 

- A cualquiera que esté al frente de una institución siempre le gustaría tener más espacio. A mí dame todos los espacios que sea, que yo te los programo [ríe] Dicho esto, idealmente, ¿si yo tuviese más espacio, ampliaría esas líneas del IVAM y se haría otro tipo de programación? La respuesta es sí. ¿Es necesario? No. Con el espacio que tenemos, vamos a seguir realizando un gran proyecto de museo.

- En estos años la ampliación del edicio, también con la opción de subsede, ha estado sobre la mesa, ¿es una conversación que está viva con la Generalitat? 

-Es una idea que ha sobrevolado y sobrevuela siempre el IVAM, pero no necesariamente eso lo convierte en una prioridad o en un proyecto ya específico que esté sobre la mesa.

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- El jardín de las esculturas es otra de las cuentas pendientes del museo. Tras su llegada habló de la necesidad de “devolver simbólicamente ese espacio a la comunidad”, ¿qué pasa con él?

- Vuelvo a lo que hablaba en la primera pregunta, a esas decisiones que se llevan dando desde entonces y que están ahí. Hay ideas, algo en marcha, pero requiere unos procedimientos, reuniones con la comunidad... No se pueden tomar las decisiones de manera unilateral.

- El IVAM es un museo público sujeto, como todos, a las propias tensiones políticas, presupuestarias o legislativas. En la presentación de la programación, por ejemplo, habló de la Ley de mecenazgo, ¿cómo convive con ello? 

- En mi caso, con los dos equipos de Conselleria con los que he trabajado, la relación ha sido y es excelente. No siento esas tensiones. Sobre esos otros aspectos, La Ley de mecenazgo a mí me encantaría que saliese. Más allá de mi papel como directora del IVAM, por mi responsabilidad como agente cultural, es una ley que beneficiaría a todo el sector y que creo que si el sector cultural está más sano, todo el ecosistema va a estar más sano.

- ¿Qué fotografía hace de esa falta de apoyo o no de la sociedad civil? 

- Está todo relacionado. Más allá de que en el ámbito anglosajón está mucho más interiorizada esa relación público-privada, con lo cual la mínima iniciativa que vayas a realizar para conseguir fondos privados es facilísima. Aquí se aúnan dos cosas. Por un lado, no está tan interiorizada esa relación, pero tiene también que ver con esa Ley de mecenazgo. Entiendo perfectamente que si no hay unos beneficios fiscales que la acompañen, es muchísimo más difícil convencer a cualquier tipo de empresa o entidad benefactora que te apoye.

"No me interesa nada el papel que pueden jugar las artes visuales a la hora de construir imaginarios distópicos"

- Esta temporada presentarán la exposición Arquitecturas de la emergencia aunque dijo que quería cambiar el nombre por esa connotación catastrofista de la palabra. No quiere caer en distopías pero, viendo como está el panorama, ¿se puede?

- Todos los periodos históricos siempre se creen que están pasando un momento especial y único a nivel de turbulencias, ya lo dijo en su día Walter Benjamin. Es a eso a lo que le quiero dar la vuelta. No me interesa nada el papel que pueden jugar las artes visuales a la hora de construir imaginarios distópicos. Tenemos que ser capaces de hacer el esfuerzo de construir el escenario que realmente nos gustaría habitar. Es muchísimo más fácil la actitud derrotista y pesimista que la actitud positiva, que te obliga a hablar de alternativas y de posibilidades. No me interesan esos escenarios apocalípticos. Creo que las artes en general siempre han sido capaces de hablar de esos otros espacios posibles, de la utopía en el sentido real, que no es lo que no pueda ser posible, sino lo que no ha tenido lugar todavía. 

En el caso de Arquitecturas de emergencia va un poco por ahí, en pensar en cómo la arquitectura y las artes siempre tuvieron ese carácter visionario y siempre ofrecieron también esos espacios de refugio para ofrecer esas alternativas. Ya hace cien años, Buckminster Fuller con la Dymaxion House ofrecía la posibilidad de ducharte utilizando solamente una taza de agua diaria, con un sistema de dispersión. A partir de ahí desarrolló esas estructuras de casa un poco un 'Do It Yourself'. Al igual que Fuller, creo que ha habido toda una serie de creadores que ya han sido grandes visionarios.

- En todo caso, esa creación llega a un espectador o visitante que quizá hoy ve las distopías como algo más verosímil.

- ¡Ese es el problema! Que nos falta optimismo climático y optimismo en general. Si tú realmente te paras a pensar en producciones culturales, me da igual que sean cine, literatura o arte, que hablen desde una perspectiva optimista, ¿cuántas te salen? Posiblemente en la mayoría de las plataformas de cine cuando pones en el buscador "optimismo climático" no tienes opciones, pero si lo buscas en negativo no te paran de salir colecciones. 

- Hablando de futuro, en cine o literatura hablamos mucho de la Inteligencia Artificial, pero ¿cómo ves que está impactando en las artes visuales?

- Tanto con la IA como con el resto de las tecnologías, a mí me gusta situarme en una posición que no es ni tecnófoba ni tecnófila. Hay un punto medio que tenemos que buscar. Por supuesto que tiene toda esa cara negativa y peligrosa que tenemos que ser precavidos y tenemos que tenerla presente, pero también tenemos que ser capaces de aprovecharnos de los beneficios que nos puede dar y adaptarnos. No podemos rechazarlo e intentar vivir en un pasado que no es.  

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