Bruno Tamarit: “El Titi supo empoderarse como 'mariquita' sobre el escenario”

Teatro y danza

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VALÈNCIA. Ochenta y cinco años son los que separan al escritor y dramaturgo británico Oscar Wilde (Westland, 1854) y al creador y artista de variedades valenciano Rafael Conde, “El Titi” (Talavera de la Reina, 1939). Su vida y obra, aunque no hayan coincidido en espacio y tiempo, han coincidido este fin de semana en la Carme Teatre, a través de la obra La importancia de llamarse El Titi, un estreno absoluto de la compañía Juno -desarrollado dentro del programa de Residencias de Creación de la Carme Teatre- que se pudo ver este fin de semana en la sala valenciana. La pieza, presentada como un monólogo, aúna danza, teatro y música para conectar el universo de Oscar Wilde y Rafael Conde. 

Evocando a la obra teatral La importancia de llamarse Ernesto de Oscar Wilde, esta pieza consigue traer la memoria de El Titi al presente gracias al texto y dirección de Bruno Tamarit y a la titánica interpretación de Juan Benavent, que están bien acompañados sobre el escenario con el paisaje sonoro de Truman Fernández y con el diseño de vestuario de Pascual Peris. Tras bajar el telón, Tamarit repasa algunas de las claves para acercar la historia de El Titi al presente en una pieza que conecta dos universos creativos separados en el tiempo y conectados sobre las tablas. 

 

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-¿Cómo y por qué enlazas la obra de Oscar Wilde con la vida de El Titi?

 

-Jugamos a crear un encuentro imposible, tanto en el tiempo como en el espacio, y que sucede en el teatro. El teatro es el lugar para que podamos enlazar la figura de Rafael Conde, “El Titi” con el apoyo de la pieza La importancia de llamarse Ernesto de Oscar Wilde.

 

Todo surge en realidad a través de una conversación que tengo con Juan Benavent -el actor principal de la obra- y con quien veo que El Titi probablemente no era consciente de la importancia que tuvo como persona y creador. Supo empoderarse como mariquita sobre el escenario y cantar sobre la libertad. Vimos que juntando a Oscar Wilde en la narrativa de la obra ambos tenían mucho en común.

 

-En la carta de presentación de la obra se defiende que no es ni una autobiografía ni una versión, ¿qué dirías que aporta esta pieza al espectador?

 

-No me atrevería a decir que aporta algo completamente nuevo, pero sí que diría que se trata de una pieza que habla de la identidad sexual y de género. La importancia de llamarse El Titi tiene un esqueleto que nace desde la comunidad LGBTI y que a su vez bebe de dos historias únicas. 

 

No se trata tanto de generar algo novedoso o espectacular, sino de hacer una obra que contenga comedia, drama y danza y que así se cree una pieza llena de colores y matices que componen su identidad.

 

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-¿Cómo te acercas a la figura de El Titi a través de esta obra?

 

-Me acerco como una persona de a pie, porque no soy ningún erudito sobre la figura de Rafael Conde. Rindo homenaje a su figura y descubro que hay una ausencia de información sobre él que cabe cubrir. Jugamos con la idea de poner en evidencia que se sabe poco de él y lo hacemos a través de una ficción en la que es el protagonista. 

 

-Dentro del “arcoíris” que es esta pieza, ¿cómo se juega con los diferentes géneros?

 

-Pues con un actor que es un torbellino, como Juan Benavent. Tiene formación en danza y canto, y unas actitudes increíbles en interpretación. Para soportar el peso del monólogo necesitamos también a un actor que pueda conectar con el relato de Oscar Wilde y con la figura de El Titi. Que esté abierto a las emociones y que las transite por muchos lugares.

 

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-¿Y qué creadores abrazan este relato?

 

-Pascual Peris con el diseño de vestuario y también el paisaje sonoro de Truman Fernández. Ayudan a comprender el despliegue de vestuarios, volantes y brilli brilli que era Rafael Conde y también que se ilumina gracias a Carles Sanchís con el diseño de iluminación. También Inés Muñoz ayuda a crear un espacio escénico muy minimalista e íntimo que potencia el relato de la obra.

 

-¿Qué sentimiento queréis que recale en el espectador de la obra?

 

-Me gustaría que quien venga a ver La importancia de llamarse El Titi sepa encontrar el espacio para el debate sobre su figura después. Reivindico la existencia de la obra una vez se ha bajado el telón y se han terminado los aplausos. Me gusta que la obra exista para que se reflexione y se dé un espacio para empatizar con El Titi, su figura y su forma de contar la libertad. 

 

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