Teatro y danza

'KHALED I JUDITH'

Chema Cardeña imagina a Romeo y Julieta en Palestina

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VALÈNCIA. Sangre, amor, tragedia y mucho miedo, ¿qué pasaría si la historia de amor entre Romeo y Julieta hubiera tenido lugar en Palestina?, ¿cómo se habrían encontrado en este escenario estos dos enamorados que imaginó William Shakespeare en 1597 y que a tantos creadores han inspirado? En un ejercicio de creatividad teatral, el dramaturgo valenciano Chema Cardeña viaja al corazón de Palestina con una versión libre de Romeo y Julieta titulada Khaled y Judith, que se estrena del 11 al 14 de junio en la Sala Russafa. En esta sala, Cardeña y José Zamit dirigen un montaje que tiene lugar durante el conflicto palestino-israelí y que pone en debate la fuerza del amor de estos dos protagonistas.

Lo hacen para inaugurar el XV Festival de Talleres de Teatro Clásico de la Sala Russafa, con una pieza que parte de un conflicto romántico desde su base para llegar a uno político. Ella es judía, él es palestino, y entre ambos se encuentran dos pueblos -y dos mundos- enfrentados. El reto de Cardeña está en hacer justicia sobre el escenario con un nuevo enfoque que “muestra a dos familias atascadas en viejos rencores”. “Empleamos el origen de los enamorados para adentrarnos en el conflicto a través de la mirada de Shakespeare y funciona. Sale adelante porque el autor es tan mágico, universal, atemporal y transversal que logra llegar a las emociones de los protagonistas”.

 

“A simple vista, llevar esta obra a Palestina es alejarla mucho del universo de Romeo y Julieta, pero al final logra representar una historia de vida, muerte, tragedia y amor desde otro prisma que genera novedad”, destaca el creador de la pieza. En Khaled y Judith se suben al escenario también las ideas del alumnado del Taller de Posgrado Interpretación de la Acadèmia Escènica de València, que, a través de conocer el contexto sociopolítico en el que se ambienta la versión, trabajaron durante cinco meses en la adaptación de esta pieza junto a Cardeña. Un trabajo que se refleja sobre el escenario, al que se suben los once actores del taller que dan vida a la historia: Chuso Puig Gómez, Isabel Sánchez Jareño, Jorge Canyes, Lucía Mendoza Mohedano, Mar Belda Ferrer, Nina Muñoz Romero, Ramón Huerta, Rober Noguera Pascual, Sandra Guasp Sifre, Victoria Avinyó y el propio Zamit, quien, además de codirigir, se incorpora al elenco de esta pieza. 

 

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La Sala Russafa viaja al pasado para contar esta historia. Lo hace partiendo desde el año 1968, un año después de que finalizara la Guerra de los Seis Días, un conflicto en el que Israel derrotó a una coalición árabe que estaba formada por Siria, Jordania y Egipto. Un año después de este conflicto, en el que Cardeña matiza que “Israel invadió territorios que no le correspondían” empiezan a analizar “el acoso en la franja de Gaza”. “Viajamos al germen de lo que estamos viviendo ahora para comprenderlo todo. En Khaleb y Judith, el público va a entender cómo se va arrinconando a la población judía poco a poco y va a comprender las emociones de los protagonistas”.

 

El amor que hay entre Khaleb y Judith les sirve para encontrar un lugar en la emoción para comprender la crudeza de este conflicto a día de hoy, siempre dando espacio a la reflexión propia. “Desde el teatro no queremos hacer una obra pedagógica ni panfletaria, solo queremos ir a los datos y los hechos de este conflicto para que el espectador vea las injusticias que se van cometiendo contra un mismo pueblo. Seguramente habrá personas que piensen lo contrario a nosotros, pero sobre el escenario exponemos los datos a través de una ficción basada en un conflicto real”.

 

Para ello se permite también crear un personaje que da vida a la madre de Romeo, que da fe de todo el acoso que se acomete contra ellos y que está creado ad hoc para estas funciones. Con un espacio prácticamente vacío, una escalera y once actores sobre el escenario, Cardeña se centra en crear una obra coral en la que admite que Khaled y Judith pasan casi a segundo plano. “Son los protagonistas, pero también nos centramos en la de quienes les rodean. Los personajes convierten el conflicto en el protagonista real, aunque de la misma manera hablamos de una pieza que busca que se comprenda el amor de estos personajes, que va a fracasar, como todos ya sabemos. Al final de la obra nos quedamos con la idea de que hay que amarse por encima de todo, y ponemos el foco en el sacrificio de un pueblo entero, no solamente el de dos individuos”. 

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