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JARDINES Y ESPERANZA

Cuentos de primavera, o cómo cultivar el entretiempo a través de la ficción

  • Little Amelie
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No es un simulacro. Repetimos: no es un simulacro. Tenemos una primavera recién estrenada desplegándose, rumbosa, a nuestro alrededor. El murmullo de la Tercera Guerra Mundial persiste, pero, al menos, el equinoccio ha sido atravesado con éxito. El calendario no miente. Y los destellos silvestres que se asoman tímidamente aquí y allá, tampoco. Perséfone vuelve a rondar por estos lares. El entretiempo inicia su reinado (efectivamente, es el momento de ponerte esa chaqueta que solo puedes usar dos semanas al año).

Tras finalizar el periodo de hibernación, salimos de nuestras madrigueras como mamíferos renqueantes dispuestos a construir nuestra primavera soñada. Una que no se vea arruinada por las alergias ni sea tan solo una pausa de diez minutos antes de quedar atrapados en la dictadura de los veranos interminables. Una que tenga andares pletóricos y hechuras exuberantes. Una en la que podamos cultivar la esperanza.

Para asegurarnos de experimentar estos meses de la forma más primaveral posible (con sus excesos botánicos, sus chubascos imprevisibles y sus reglamentarios pícnics), nada mejor que echar mano de un puñado de creaciones ajenas. Películas con las que llenar las pupilas de belleza fugaz. Canciones para recorrer esos días que se alargan en el horizonte. Libros que nos empujan hacia jardines imaginarios o nos invitan a distintas versiones del renacer. A continuación, algunas de esas propuestas para lanzarse a la estación en la que brotan nuevos comienzos. En la que otras vidas (más luminosas, más ligeras, más entusiastas) esperan a ser imaginadas.

  • Little Amelie -

Paz del Carre, artista de stop motion

“La primavera empieza con mis ganas de vivir, con los primeros soplos de olor a azahar al salir del trabajo. Un sentimiento de comienzo que me recuerda a Little Amélie, de Liane-Cho Han y Maïlys Vallade, película basada en el libro Metafísica de los tubos, de Amélie Nothomb (Anagrama). Amélie nace segura de ser Dios; a su lado descubrimos qué es vivir y nos transporta a recuerdos que creíamos perdidos en la infancia. Es inevitable emocionarse con ella.

 

Por otra parte, Cat Johnston es una artista con un imaginario de lo más primaveral. Con sus personajes me encuentro de repente en medio de un bosque mágico lleno de aventuras por completar.

 

Una de las mejores cosas de la primavera son las flores silvestres. ¡Son gratis! Y, para recogerlas, no me separo del fanzine Compendio floriográfico, o cómo declararte a tu crush victoriano sin el consentimiento de su adinerado marido, de Musodesgarbado. Si no te he convencido ya con ese subtítulo… Resulta que puedes hacer ramos con significados de lo más concretos, una técnica muy usada por las mujeres sáficas en el siglo XIX. Así que ya sabes: ¡a mandar indirectas a discreción!”.

  • Compendio floriografico -

Berta del Río, trabajadora cultural y escritora

“Siento que la primavera (aunque cada vez es más corta, como el tiempo de descanso y expansión fuera del tiempo productivo capitalista) es el tiempo bisagra entre el recogimiento y la oscuridad y el calor sofocante del cemento que quema y el viento de levante que arrasa (y que fuerza otro tipo de recogimiento).

Así que, mientras tanto, y con la esperanza de que esa tregua en la que la chaquetita fina y los pies en chanclas nos dure más de una semana, me gustaría musicar esta temporada con dos canciones: un clásico y una novedad. El clásico: Steal the Light, de The Cat Empire. Y la novedad: Placa Petri, de La Fulla.

Para acompañar las tardes de lectura y brisa, otro clásico y otra novedad, porque las dos están atravesadas por la ruptura y el renacimiento: lo que dejamos atrás (y a qué precio) y lo que tenemos que cuidar para que renazca de nuevo. El clásico es Heredarás la tierra, de Jane Smiley (Sexto Piso). Y la novedad, (h)amor 11 ex, un volumen colectivo editado por Continta Me Tienes.

Y, para mí, sin ninguna duda, y desde hace más de una década, la primavera (casi el verano) es todo lo que programen en el Festival Cabanyal Íntim: olor a mar, memoria de barrio de lucha y resistencia vecinal y propuestas artísticas en espacios diferentes que invitan a pensar y a compartir tardes de cervezas y debate sobre qué somos y qué hacemos.

Porque, como dice la canción de La Fulla: ‘La vida és una placa Petri dins d'un capitalisme ebri’. Disfrutemos de la primavera desde la humildad de nuestro pequeño jardín”.

Marta Hortelano, periodista y escritora

“Lo único que me interesa de la primavera es lo largos que son los días, la cantidad de flores bonitas que llegan a la floristería y que ya queda menos para que lleguen los higos. Por lo demás, me siento un poco desgarrada por la cantidad de polen y la cercanía del calor y me suelo sorprender a mí misma, en las semanas previas, cantando en bucle La maldita primavera, de Yuri. El día en que la usaron de manera tan magistral en La casa de las flores, la incorporé a mi repertorio rápidamente. Así que puede que estas semanas, si te cruzas conmigo, la lleve en los auriculares o a todo trapo en el coche.

Soy fan de los días con el máximo de horas de luz. Soy muy de decir: ‘Cómo se nota que alargan los días’, y me enfado cuando, desde la noche de San Juan, la gente dice lo contrario (‘Cómo se nota que ya acortan los días’). Así que, cuando pienso en primavera, me acuerdo de las noches blancas de Escandinavia, donde siempre es de día. Hace unos años me fui a Laponia a ver el sol de medianoche y viví mi propio capítulo de Doctor en Alaska. Precioso, pero loca perdida sin poder dormir.

La primavera es un momento ideal para hacerse con una prensa de flores y hojas, salir a coger algunas plantas y secarlas en casa, pero también para leer un libro como Anhelo de raíces (Gallo Nero). Y no solo por su portada, llena de ramilletes de flores silvestres, sino por la historia que cuenta. Yo también fantaseo con ser May Sarton, pirarme a una casa de campo y encomendar mi vida a planificar mi jardín”.

Manuel Garrido, librero en Bartleby, ilustrador y gestor cultural

“Cuando pienso en la primavera me vienen tres ideas a la cabeza. La primera es el renacer del ciclo y, por tanto, la posibilidad múltiple de la página en blanco, los comienzos y el abandono a la experimentación sin ninguna certeza de adónde nos puede llevar la ruta. En este sentido, recomiendo el pequeño librito Los libros también se plantan, editado por el estudio de diseño Trampolín e impreso en risografía por NiceGuyPress. Un hermoso artefacto de experimentación gráfica con papeles recortados, fruto de un taller de creación colectiva con niñas y niños del CEIP San Sebastián de Rocafort, en donde lo importante no era solo el resultado (unos sencillos, pero increíbles collages de paisajes, animales y plantas), sino las conversaciones, las risas o las ideas brotando sin miedo que ocurrían mientras tanto.

La segunda es la naturaleza en su máximo esplendor, rica, asombrosa, apabullante. Y pienso en los intentos por recoger esas imágenes en herbarios y animalarios ilustrados a lo largo de los siglos. Mi recomendación es el cortometraje Historia Naturae (suita), de Jan Švankmajer, de 1967. Un juego hipnótico del maestro checo del stop motion en el que clasifica y reorganiza toda la belleza (y la extrañeza) de su cámara de maravillas: hexápodos a ritmo de bolero, la tarantela de los reptiles o el minueto de los mamíferos.

 

La tercera y última es la fugacidad de la estación (y de la vida), que me lleva a pensar en que todo habrá de marchitarse hacia el otoño para terminar sucumbiendo en el invierno. Como testigo de ese paso del tiempo recomiendo el cómic Jardín, de Martín López Lam (Ediciones Valientes). Una reflexión en clave autobiográfica sobre el cambio en los espacios de nuestra infancia, en todo lo que es capaz de evocar un lugar que identificamos con una persona: su significado, sus ecos en la mitología familiar, la responsabilidad heredada de cuidar, por ejemplo, de un jardín. Y, como es cortito, recomiendo otro corto muy corto de Švankmajer: Flora, de 1989, que nos habla de la decrepitud orgánica. Algo así como: ¿qué pasaría si no cuidáramos adecuadamente a uno de esos personajes de Arcimboldo formado por diferentes vegetales?”.

 

 

David Pascual, escritor y guionista

 

“En cuanto a películas, nada más primaveral que Balearic, una mezcla de El triángulo de la tristeza y El ángel exterminador, pero en el Mediterráneo. Bizarra, certera, fresquita, perfecta. Si la pilláis en cualquier cine, corred a verla. Respecto a los libros, acabo de comprar Serpientes y escaleras, de Jennifer Croft (Editorial Comisura). Tiene todas las cosas que me gustan: espíritu cowboy, fotos con pasteles, vacas y casas nevadas, abuelas americanas con rifles, dos hermanas de Oklahoma… En música, llega el calor y yo solo quiero caminar por las verbenas y escuchar Bichota, de FrioLento. Aunque Eu menti para você, de BUHR, es perfecta también”.

 

Andrea Alborch, cineasta

“Empiezo con El rayo verde, de Éric Rohmer. Me gusta pensar que las películas tienen dos espacios: el primero es el que ocupan cuando acabas de verlas, las sensaciones, pensamientos e imágenes que permean en tu cerebro en ese momento. Luego está el segundo espacio, el que ocupan en tu recuerdo y que está, en parte, reconstruido por ti. Hay una reescritura de la película que hacemos de manera inconsciente y que genera otras posibilidades. Es ahí donde ubico esta película. No sabría decir por qué, pero me lleva al final de la primavera y al comienzo del verano, a cuando todo está todavía por hacer.

Y sigo con Los autonautas de la cosmopista, de Julio Cortázar (Alfaguara). Hay algo de la propia naturaleza de las vacaciones que, inevitablemente, te lleva a pensar en buen tiempo. Es el caso de este libro: un viaje, un recorrido propio, un descubrimiento. La primavera, en realidad, es eso: un redescubrir un camino trazado año tras año, pero que siempre parece albergar nuevas cosas”.

  • Serpientes y escaleras -

Núria Molines, traductora y docente de la Universitat de València

“Empiezan a alargar los días, huele a azahar por las calles de València y el cuerpo pide otras lecturas, otras músicas, otras películas para acompañar las alergias y el despertar tras el invierno. Por aquí van algunas recomendaciones primaverales que le van bien a los árboles en flor.

Un par de libros para leer en un banco al sol, pero todavía con chaqueta: Rapsodia gourmet, de Muriel Barbery (en Seix Barral, con traducción de Isabel González Gallarza); un libro que va directo a los sentidos, chispeante, divertido, en el que un crítico gastronómico que está en las últimas busca el recuerdo de un sabor único después de pasarse toda una vida probando manjares. Un clásico que siempre hay que releer, y que también son flores y mañanas de primavera, aunque allí es más bien junio, es La señora Dalloway, de Virginia Woolf (hay muchas traducciones, pero la primera que leí y guardo con cariño es la de José Luis López Muñoz, en Alianza).

Yéndonos al tocadiscos, qué mejor que acompañar estos días ambivalentes y cambiantes con algo suave: en casa no para de sonar el álbum Filin, de la cubana Melissa Aldana, que es un prodigio.

 

Cerrando con películas, para mí la primavera siempre será Deseando amar, de Wong Kar-wai (el título original, Fa yeung nin wa, significaba algo así como ‘la edad de la floración’ o ‘el tiempo de la floración’, aunque puede que internet mienta, la verdad)”.

 

  • In the mood for love -

 

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