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Gloria March: "La Academia de l’Audiovisual no va a caer porque ciertas instituciones no la respalden"

  • Teresa Cebrián y Gloria March, el pasado lunes.
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VALÈNCIA. La Acadèmia Valenciana de l'Audiovisual hizo efectivo el pasado lunes el relevo en su presidencia, tras la ratificación de una candidatura única para su Junta Directiva, encabezada por Glòria March. De esta manera, toma el relevo de Teresa Cebrián. La nueva junta está formada por catorce profesionales, con un perfil paritario, diverso, y continuista con el equipo saliente.

En esta nueva etapa, March recoge las riendas de la institución en un momento de consolidación pero también productor de los vaivenes institucionales que golpearon directamente contra su funcionamiento. Por eso, esta nueva junta apuesta por consolidar el proyecto iniciado en los últimos años, reforzar su papel como espacio de representación del sector y ampliar su actividad más allá de la gala de Premios Lola Gaos.

— Sus primeras palabras como presidenta fueron para recordar que este no iba a ser un giro de 180 grados en la Acadèmia. ¿Cómo nace esta candidatura y con qué vocación, también en relación con lo hecho en los últimos años?

— Nace principalmente con una sensación de querer continuar el proyecto, de que no muriera ni cayera. También tiene que ver con cómo empezó la anterior junta, en una tercera convocatoria de elecciones

Esta candidatura surge, por un lado, para evitar que se repita esa situación y, por otro, porque en estos cuatro años se ha conseguido mucho. Yo he visto de cerca el trabajo de Teresa Cebrián y de todos mis compañeros —esto no es cosa de una sola persona, es trabajo de mucha gente. Con todo lo que ha pasado y todo lo que se ha logrado, no puede ser que esto caiga; por la industria y por la sociedad valenciana.

También hay una idea de renovación. Creemos que, para que la Academia tenga buena salud, no podemos ser siempre los mismos. Hay que abrir la puerta a gente joven que ya está trabajando —como Lucía Casañ Rodríguez, Claudia García de Mateos o Isabel Latorre— y también contar con perfiles veteranos que conocen bien el contexto audiovisual valenciano, como Avelina Prat o José Manuel Sospedra.

Además, hemos intentado ampliar la representatividad profesional dentro de la junta. Aunque los estatutos marcan un mínimo de cinco profesiones, hemos querido abarcar más ámbitos, incorporando perfiles especializados en áreas que quizá otros no dominamos, como la composición musical.

En definitiva, el origen está ahí: en la continuidad, en la voluntad de consolidar lo conseguido y en retomar líneas y objetivos que no se han podido desarrollar completamente en estos años, también por la falta de respaldo institucional en determinados momentos. 

Se trata de dar un paso al frente y afirmar que la Academia está aquí, que no va a caer ni a desfallecer porque ciertas instituciones no la respalden. Es una entidad independiente, formada por profesionales, que va más allá de los cambios políticos o institucionales.

— Tras esos cambios políticos, por un lado la Acadèmia ha recibido el respaldo del sector y se ha fortalecido a nivel asociativo, pero por otro ha sufrido reveses institucionales. En ese balance, ¿qué fotografía hace?

— Ahora mismo estamos en un punto positivo en varios aspectos. Tenemos más de 400 socios; hace cuatro años éramos menos de la mitad. Eso da una idea clara del apoyo del sector y de cómo se ha movilizado al entender la importancia de tener una academia fuerte, también de cara a las instituciones autonómicas y estatales.

Empiezan a surgir actividades respaldadas por instituciones con las que antes no había diálogo, como el Ministerio de Cultura. Eso es un avance. Ahora bien, hay que ser conscientes del contexto: esto es un trabajo de fondo, no se consigue de un día para otro. No podemos aspirar a hacer lo mismo que la Academia de Cine, que cuenta con un presupuesto y una estructura muy diferentes. Allí son más de 3.000 miembros; aquí somos 400. Hay que saber dónde estamos.

Si miramos atrás, en cuatro años se han logrado muchas cosas y vamos a seguir en esa línea. Ojalá el IVC y las instituciones valencianas ofrecieran más apoyo, claro que sí. Pero algo que ha quedado claro es que la academia va a seguir adelante; con cinco, cinco mil o quinientos mil euros.

  • Teresa Cebrián y Gloria March, el pasado lunes. -

— El proyecto presentado en la candidatura insiste en que la Academia no debe ser únicamente la entidad que organiza los Premios Lola Gaos, sino que debe ir más allá en su día a día.

— Para mí, la gala es el evento artístico-cultural que vertebra la Academia: es el día de celebración, de encontrarnos y de apoyar a los profesionales valencianos. Pero la academia es muchísimo más. De hecho, desde antes de empezar, ya estoy trabajando en otras líneas para hacer más visible el audiovisual valenciano: en universidades, en festivales —aprovechando que tenemos presencia en certámenes importantes—, y también buscando sinergias con otras academias y con eventos artísticos del conjunto del territorio español. Se trata de introducir ahí el audiovisual valenciano.

Además, tenemos una línea de sostenibilidad, que es muy importante porque define el mundo en el que vamos a vivir y trabajar en el futuro próximo. Queremos ver cómo se puede integrar en nuestra actividad profesional.

Y hay otra línea clave: el protocolo de acoso laboral. Ya hemos trabajado en ello, pero nos gustaría dar un paso más y, en la medida en que el presupuesto lo permita, crear una oficina de apoyo al acoso. Un espacio donde cualquier víctima o posible víctima pueda acudir en cualquier momento y contar con el respaldo de profesionales, como psicólogos o asesores.

La academia puede únicamente organizar un evento. También se trata de ampliar nuestra proyección, mejorar las condiciones de trabajo y ofrecer más apoyo a los profesionales.

— Sobre esto último, como actriz en activo, ¿percibes que la industria valenciana ha tomado conciencia sobre las violencias machistas en estos años?

— Sí, completamente. Ya se ve en cosas concretas, como las citaciones de rodaje: junto a los horarios o el plan de trabajo, aparece destacado un aviso con contactos para casos de abusos. Hay empresas y productoras que están aplicando estos protocolos.

Pero también estamos detectando problemas y vacíos. A veces existe el protocolo, pero la persona que debería responder a una denuncia forma parte de la propia estructura que puede estar generando el abuso. Es una situación compleja.

Por eso creemos que hay que ir más allá. Por ejemplo, la Academia Catalana ha dado un paso en ese sentido con una oficina independiente a la que puedes acudir. Allí registran denuncias internas —al margen de si se formalizan o no ante la policía—, lo que permite detectar patrones y actuar desde un ámbito más privado. Lo importante es que esa información exista y, sobre todo, que los trabajadores y trabajadoras sepan que están respaldados.

 

 

— ¿Qué es una película valenciana? En los últimos años leemos que se han batido récords de nominaciones del cine valenciano, pero también hay cierto espejismo en esos datos. De hecho, desde la creación de los premios se han ido ajustando las bases en ese sentido. ¿Es algo que se puede definir de forma estable o es necesariamente cambiante?

— Si quieres, podemos quitar lo de “valenciana” y preguntarnos qué es una película española o europea. Hoy en día, si analizas bien las películas, ves que las financiaciones son mixtas. En el Festival de Cannes, por ejemplo, prácticamente ninguna película tiene financiación de un solo país.

Te pongo un ejemplo reciente: esta semana se estrena Aisha Can't Fly Away, la película que ganó la Palmera de Oro en La Mostra de València, donde yo fui presidenta del jurado internacional. Es una película egipcia que no se puede ver en Egipto, pero que se rodó allí, con producción egipcia, francesa y turca. Entonces, ¿es egipcia o no lo es?

Esto ya no es solo una cuestión valenciana, sino del momento en el que vivimos. Las producciones audiovisuales requieren mucha financiación y se construyen como un compendio de países, culturas y nacionalidades. A partir de ahí, cuando hay unos premios, como los Goya o los Gaudí, hay que establecer unas reglas. Y esas reglas se van modificando según evoluciona el sector.

Por ejemplo, la Academia Catalana tiene una categoría específica para películas de habla no catalana. Si nosotros hiciéramos eso, probablemente competirían muy pocas películas. Hay que entender cuál es nuestra realidad. Hay muchas productoras y profesionales valencianos generando contenido que no está en valenciano, y eso también forma parte del sector.

Yo misma formé parte de la comisión de bases y defendí que se puntuara el hecho de que una película esté rodada en valenciano, porque antes no se tenía en cuenta. A partir de ahí, se introducen criterios, se revisan, se ajustan. Hay un sistema de puntos y cada año recibimos opiniones muy distintas, a favor y en contra.

Nosotros estamos en medio, intentando encontrar un equilibrio que sea lo más justo posible, tanto con la realidad de la producción como con la necesidad de poner en valor a los profesionales valencianos y proyectar el audiovisual. Pero es una cuestión compleja.

— El programa también hablar del proyecto de ahondar en ser portavoces de sectores infrarrepresentados ante las instituciones. En los primeros años la Acadèmia evitaba ese papel de representación del sector frente a la red de asociaciones profesionales, pero en los últimos sí ha empezado a señalar algunas problemáticas que vive el sector. ¿Hasta qué punto debe asumir esa función?

— Nosotros no somos un sindicato, somos una asociación. Esa es la base. No estamos aquí para fijar condiciones laborales concretas, pero sí para conocer qué está pasando en el sector. Y cuando hablamos de sector, hablamos de todos los perfiles: desde productores hasta eléctricos. No es solo una cuestión de productores, actores o guionistas. El audiovisual es un trabajo colectivo.

Por eso estamos intentando que más profesionales se acerquen a la Acadèmia y compartan sus problemáticas de forma más estructurada. Yo, por ejemplo, hablo mucho con compañeras de maquillaje o vestuario, pero muchas veces esas conversaciones se quedan en lo informal. La idea es trasladarlas a un espacio común. Queremos abrir la Acadèmia a perfiles que tradicionalmente han tenido menos visibilidad, también dentro de la propia estructura. De ahí la incorporación de profesionales técnicos en la junta.

En el fondo, se trata de entender que el audiovisual lo hacemos entre todos y que la academia también debe ser un espacio colectivo. No puede limitarse a lo que decidan unas pocas personas en una junta, sino que tiene que construirse a partir del diálogo entre todos los que forman parte del sector.

 

 

— El techo del audiovisual valenciano, ¿se tiene que romper más en València [es decir, lo tiene que hacer avanzar aún más el propio sector] o en Madrid [se tienen que superar ciertos prejuicios sobre los cine periféricos]?

— Creo que es una cuestión que depende más de las instituciones valencianas. El sector valenciano está haciendo sus deberes, está trabajando muchísimo, pero como cualquier otra industria —la ganadera, la agrícola o la del automóvil—, si no tienes un apoyo institucional detrás es difícil llegar a ciertos niveles.

Y no hablo solo de dinero. Hablo también de abrir puertas, de generar oportunidades: de decir “vamos juntos a Cannes, vamos a organizar reuniones en este stand”. Eso no es únicamente financiación, es una apuesta estratégica por unas líneas de trabajo. A veces se instala esa idea de que el audiovisual vive de subvenciones, pero es una lectura simplista. Otros sectores también reciben apoyos públicos; es algo estructural.

Cuando miras lo que hacen otras academias y otros gobiernos con sus sectores, entiendes mejor esa diferencia. Y no tiene que ver con el talento: eso es algo que ya está demostrado. Hay profesionales, hay industria y hay un audiovisual valenciano que funciona también a nivel internacional.

El problema no es ese. El problema es que, si constantemente hay obstáculos o no se entiende bien cómo funciona esta industria, todo se ralentiza.

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