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El director granadino presenta su primera película

Ian de la Rosa: "'Iván y Hadoum' nace de la necesidad de ver un espejo de lo trans y lo hispanomarroquí"

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CARTAGENA. Tras más de una década de trabajo, Ian de la Rosa (Granada, 37 años) debuta en el largometraje con Iván & Hadoum, una historia de amor ambientada en Almería que aborda cuestiones como la identidad, la libertad personal, la conciencia de clase y el sentimiento de pertenencia. La película, protagonizada por Silver Chicón y Herminia Loh, y  ha tenido un recorrido internacional de éxito tras alzarse con el Premio Teddy en el Festival Internacional de Cine de Berlín, un reconocimiento de referencia para el cine LGTBIQ+, y pasar también por el Festival de Málaga, donde logra dos Biznagas de plata (Mejor guion y Premio especial del jurado) y una Mención Especial para Silver Chicón, su protagonista.. Guionista de series como Veneno y director de episodios de Vestidas de azul, De la Rosa reflexiona sobre el largo camino hasta su primera película, la representación en el audiovisual y la necesidad de seguir ampliando las miradas en la ficción.

Pregunta. Primera película como director y menudo recorrido en festivales.

Respuesta. Sí, sí, totalmente. En ese sentido el recorrido de la película es increíble. Es una ópera prima y en Berlín ganamos el Teddy, que es un premio que ganó Almodóvar en su día con La ley del deseo. Entonces me parece... Bueno, estamos súper contentos. Además, como todo el equipo, toda la gente que ha estado implicada. Ha sido un sueño de trayectoria. Es verdad que es tremendo y que tanto Berlín como Málaga han sido regalos.

P. La película trata muchos temas. Está muy presente la libertad de ser uno mismo, de querer a quien te nazca de dentro, pero también la responsabilidad y la toma de decisiones. ¿De dónde nace esta historia?

R. Como sabes, la película es una ficción. Claro que los autores que hacemos películas personales plasmamos realidades que nos interesan, preocupaciones o simplemente retratos, y esta película funciona muy bien como retrato, aparte de la historia de amor.

Llevo unos once años detrás de esta película. Hace una década solo sabía que era una historia de amor y que quería rodarla en Almería. Todo lo demás se ha ido conformando con el paso del tiempo, también con mi crecimiento como cineasta, como guionista y como persona.

Yo tenía la necesidad de ver en gran pantalla este tipo de historias, con este tipo de personajes y perfiles, y rodar en Almería. La película nace, en el fondo, de la necesidad de ver una representación, un espejo. En este caso, de lo transmasculino, pero también de lo hispanomarroquí y de la propia tierra. Todo viene de ahí, de esa necesidad.

 
  • Ian de la Rosa. -

 

P. Viendo la película, especialmente a través del personaje de Iván, resulta inevitable pensar en lo difícil que es tomar determinadas decisiones.

R. Difícil, pero no imposible. Al final son decisiones que se pueden tomar. En el fondo no se acaba el mundo ni hay consecuencias fatales por lo que Iván decide. La vida sigue su curso y él simplemente está eligiendo dónde quiere posicionarse en todo el tablero.

El juego continúa, siempre continúa. Él simplemente deja de estar en una posición en la que no estaba cómodo ni le gustaba. A priori puede parecer una decisión tremenda, pero creo que hay decisiones mucho más duras que la suya.

P. También son decisiones que terminan definiendo quién eres, especialmente cuando el mundo laboral invade tu libertad personal.

R. Sí. Esa es una de mis preocupaciones. En ese sentido quería que el personaje tuviera la oportunidad de liberarse, de no caer en ciertas cadenas que no le estaban dejando ser.

Una de las cosas que intenté desde el principio fue hacer sexy y hot la toma de conciencia de clase del personaje de Iván. Al final es una historia de amor, pero uno de los grandes aprendizajes o despertares que tiene el personaje es precisamente ese despertar de clase, de conciencia y de responsabilidad que le brinda el encuentro con ella. Era la película que yo quería hacer y también la película que yo quería ver.

  • Ian de la Rosa y Herminia Loh en un momento del rodaje. -

P. Hay una escena que me llamó especialmente la atención: el momento previo al primer beso entre Iván y Hadoum. Iván siente una especie de vértigo emocional que casi puede confundirse con miedo. ¿De dónde nace esa secuencia?

R. Te refieres al momento en el que le da ese inicio de ataque de ansiedad. Esa reacción estaba desde el principio en el guion. De hecho, la escena está bastante calcada a lo que estaba escrito. Cuando conectas con alguien de forma tan profunda como lo hacen ellos dos, aunque al principio solo sea una intuición, ya la has sentido.

Creo que Iván quizá es la primera vez que siente algo tan fuerte, o hace mucho tiempo que no lo siente. De repente encuentra a una persona que le mira a los ojos y le hace sentir que todo está bien. Es un personaje que lleva tiempo sin sentir eso.

Encontrarse con ese vértigo ante lo que viene después me parecía muy realista. No es que cada vez que vayas a tener sexo te vaya a dar un ataque de ansiedad, pero hay momentos concretos de tu vida en los que pueden pasar cosas así.

Además, el cine suele retratar el sexo de una manera muy simplista. Y en el sexo pasan muchas cosas. Es tremendamente narrativo, tanto en la vida como en el cine. Yo he intentado reflejarlo con Iván y Hadoum en todas sus escenas íntimas. Ese primer encuentro, ese vértigo que ella calma enseguida, me parecía una manera bonita y sencilla de explicar algo muy profundo que con palabras es muy complicado expresar.

P. Eres un hombre trans y quería preguntarte si has encontrado más dificultades para trabajar en el cine por ello.

R. Las dificultades las vi sobre todo al salir de la carrera. Hice un corto con Víctor, tuvo un gran recorrido, estuvo en Cannes y ganó premios, pero nada de eso sirvió para que pudiera iniciar realmente mi carrera cinematográfica. Seguramente, si no hubiera sido trans, hubiera llegado antes. O a lo mejor no, no lo sé. Pero en 2015, cuando ocurrió todo aquello, la industria era muy distinta. En once años han cambiado muchas cosas.

Ahora he llegado. Quizá más tarde de lo que hubiera podido hacerlo, pero también es una señal de que la sociedad está cambiando. Lo importante es mantenerlo, porque es una victoria muy frágil. Este año, por ejemplo, tenemos tres películas con personajes transmasculinos y dos directores trans: Iván & Hadoum, Este cuerpo mío y Nueve lunas. Eso nunca había pasado antes. Algo ha cambiado y es histórico.

  • Ian de la Rosa. -

P. En una charla reciente, el compañero de El País Tom C. Avendaño comentaba que cuando se dan medios a gente distinta aparecen realidades distintas. ¿Es más fácil hoy contar este tipo de historias?

R. Es un reflejo de la sociedad. Lo importante es concebir el audiovisual y el cine como lo que son: un reflejo y un espejo. Además, son lugares que nos ayudan a pensar y a avanzar. Las películas, las series y todo el audiovisual tienen esa capacidad. Ahora existe una enorme producción porque las plataformas necesitan contenido, y eso ha abierto oportunidades que antes no existían.

También hay de todo, evidentemente. No todo es maravilloso. Pero sí hemos tenido series como Veneno, en la que trabajé como guionista, que marcaron un momento importante dentro del audiovisual español. Hay que seguir abriendo abanicos. A veces creemos que hemos alcanzado un hito histórico y olvidamos que la historia avanza y retrocede constantemente. Todo lo que se ha conseguido en esta última década es muy importante protegerlo y salvaguardarlo.

P. Has trabajado en La chica invisible, Veneno, Vestidas de azul o Física o Química: La nueva generación. ¿Cómo ha sido el aprendizaje hasta llegar a dirigir tu primera película?

R. También dirigí parte de FoQ: La nueva generación y una serie para Atresplayer que se llama Red Flags.

P. Me la apunto porque no la tenía localizada.

R. Está en Atresplayer y está muy bien. Lo que pasa es que tuvo una invisibilidad tremenda.

P. ¿Cómo ha sido entonces ese camino hasta llegar aquí?

R. Yo me gradué en 2014 y al año siguiente fuimos a Cannes con un corto. De repente parecía que iba a tener la vida resuelta. Has estado en Cannes con un corto y piensas que ya está todo hecho. Y nada más lejos de la realidad. La industria era muy diferente. Las plataformas prácticamente no existían. Movistar+ apenas empezaba su apuesta por la ficción original. La crisis de 2008 todavía estaba muy presente y el contexto era otro. Además, si estudiabas dirección era todavía más complicado porque era algo muy abstracto. Si eres foquista, eres foquista. Pero cuando sales de una escuela diciendo que eres director, te das de bruces con la realidad.

Ha sido complicado, pero también he sido muy cabezón y muy insistente. He tenido una familia que me ha apoyado cuando me faltaban fuerzas y he tenido suerte con la gente con la que me he cruzado. Poco a poco fueron llegando los trabajos. Y durante todo ese proceso también aprendí a escribir, que ha sido algo muy importante.

 

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