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Javier Tostado (Animat): “Tenemos productoras y talento, pero faltan proyectos de envergadura que generen trabajo estable”

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VALÈNCIA. La animación valenciana vive en una compleja paradoja: concentra talento, estudios y reconocimiento internacional, pero opera en un ecosistema institucional frágil, con escasas ventanas de exhibición y apoyos irregulares. Javier Tostado, presidente de Animat —la asociación que agrupa a los estudios de animación de la Comunitat Valenciana—, analiza en para Culturplaza el estado real del sector; desde la relación con las administraciones y las limitaciones de las ayudas públicas, hasta la dificultad para levantar proyectos propios y la incertidumbre que abre la irrupción de la inteligencia artificial.

— ¿Cómo son las empresas que forman parte de la asociación y, en general, el subsector de la animación dentro del audiovisual valenciano?
— Las empresas son muy variadas. Hay estudios que trabajan sobre todo en 3D, que es lo que más hay, pero también en 2D. Hablo en general de nuestra asociación, que agrupa estudios de distintos perfiles. Sí que es cierto que, aunque muchos intentamos desarrollar producción independiente con proyectos propios, en las condiciones que tenemos en la Comunitat Valenciana y en España, es más fácil sobrevivir haciendo servicios. Las empresas se mantienen combinando proyectos propios con encargos externos.

Por suerte, la animación valenciana sobrevivió bastante bien al cierre de Canal 9. A pesar de que tenemos condiciones muy desfavorables para la producción independiente, seguimos ahí. Este año, por ejemplo, hay cinco producciones valencianas nominadas a los Goya, dos de ellas largometrajes. A pesar de todas las trabas, seguimos trabajando y funcionando.

— Tradicionalmente ha sido así. Antes del cierre de Canal 9, el peso de la animación valenciana era muy destacable y, afortunadamente, parece haberse mantenido más allá de su cierre. ¿Sigue siendo relevante hoy dentro del contexto estatal?
— Sí, lo sigue siendo. Y yo creo que lo que tiene más mérito es precisamente eso: que subsistimos en estas condiciones. La forma de hacer producción independiente en Europa es bastante clara. Tú arrancas un proyecto, lo presentas a subvenciones autonómicas, a la televisión pública, a ayudas estatales, buscas coproducciones en otros países europeos y vas sumando esfuerzos y financiación hasta conseguir sacar adelante el proyecto.

El problema en València es que tenemos una televisión autonómica que no apuesta por la animación. Antes, con Canal 9, automáticamente te llamaban para coproducir o comprar proyectos. Eso no ocurre con À Punt. No ocurría cuando gobernaba el Botànic y no ocurre ahora con el PP.

Además, hay un problema muy grave: no tenemos programación infantil. Posiblemente seamos la única televisión autonómica sin programación infantil estable; y es especialmente grave porque tenemos una televisión autonómica que debe fomentar el valenciano, y los niños valencianoparlantes no pueden ver programación infantil en lengua propia. Al sector le afecta, pero más allá de eso, me parece triste a nivel social.

La animación valenciana sobrevivió bastante bien al cierre de Canal 9

— Es verdad que no todo el sector se reduce a la programación infantil, pero sí es una parte muy importante. À Punt nació con la promesa de impulsar ese ámbito, a través de La Colla, pero nunca ha sido un pilar real. ¿Veis alguna posibilidad de cambio?
— Te voy a contar una anécdota. Con el cambio de gobierno del Botànic al PP tuvimos una reunión en la Generalitat con todas las asociaciones de productores. En número somos minoría, pero por algún motivo, la animación valenciana tiene bastante reconocimiento. En esa reunión, la gente de Presidencia preguntaba: “¿Qué pasa con la animación? Hemos oído que en València es muy importante y tiene reconocimiento internacional”. Nos dio la sensación de que les preocupaba el tema y de que querían buscar soluciones. Salimos ilusionados.

Luego tuvimos una reunión en À Punt y nos quedamos helados. Nos dijeron que tenían problemas de audiencia —que es cierto—, les dije que quizá sería buena idea apostar por programación infantil y me respondieron que no porque los niños ya estaban viendo La isla de las tentaciones. No daba crédito. Estaba hablando con directivos de una cadena pública que debería considerar la programación infantil como algo fundamental.

Fue bastante descorazonador. Desde la asociación siempre hemos pensado que debíamos estar ahí para ayudar, para aportar soluciones, pero da la sensación de que todo cae en saco roto. Independientemente del signo político, parece que las cosas no van a mejorar. Es triste, pero es un poco la realidad.

  • 'El tesoro de Barracuda', de Hampa Studio, nominada al Goya a Mejor Película de Animación. -

— ¿Cómo es la interlocución con las administraciones públicas? ¿Atienden las especificidades de vuestro sector o os engloban dentro del audiovisual en general, donde sois minoría?
— Básicamente, con quien más relación tenemos es con el Institut Valencià de Cultura. Hasta ahora la relación había sido muy buena, porque teníamos reuniones específicas para animación. Eso era muy positivo, porque nuestros problemas son distintos a los de la acción real. Cuando se juntan todos los sectores, al final acabas en reuniones eternas en las que se tratan muchos temas que no siempre te afectan directamente.

Ellos organizaban encuentros solo para animación, y eso funcionaba bien. Con el último cambio de gobierno se suponía que esas reuniones iban a continuar. Entendíamos que estaban aterrizando y que había que darles un tiempo, pero a día de hoy no se han retomado. Con À Punt sí hubo dos o tres reuniones cuando se creó, pero después desaparecieron.

Con el cambio en la dirección del IVC se ha perdido una comunicación fluida

— Para entender mejor vuestro contexto, ¿podrías describir el mercado al que se enfrentan las empresas de animación, sus dificultades y sus oportunidades particulares?
— El mercado ha cambiado mucho con la llegada de las plataformas de streaming. Antes funcionaba bastante bien el modelo de coproducción europea: arrancabas el proyecto en tu comunidad, escalabas a nivel nacional y luego a nivel europeo.

Eso sigue existiendo, pero ahora tenemos un problema muy importante de ventanas de exhibición. Por ejemplo, con Clay Kids, cuando hicimos una exposición en el MuVIM, hubo que prorrogarla tres veces. Hay interés por la animación valenciana y por la animación española en general, pero necesitas una ventana para conectar con el público. Si no la tienes, es muy difícil.

En España tenemos pocos canales infantiles. Están Boing, de Mediaset, pero el contenido es Cartoon Network, y luego Clan. En Clan, es muy difícil para entrar en el prime time y para mantener producciones españolas en parrilla. Eso es un hándicap para la animación española en general y para la valenciana en particular.

Con las plataformas hay nuevas oportunidades, porque permiten otro tipo de coproducciones, pero también son complicadas. No tienen un correo o un teléfono al que llamar para presentar un proyecto. Es muy difícil llegar a ellas. Depende de que conozcan tu trabajo y se interesen.

Por eso llevamos tiempo reclamando al IVC que invierta en pilotos de series y teasers de largometrajes. Hacer un piloto cuesta mucho dinero. Nosotros hicimos uno hace unos años y nos costó 200.000 euros. Es una inversión muy grande que, si no sale el proyecto, acabas asumiendo. Pero es una inversión necesaria si quieres tener opciones reales. De cara a las plataformas, es casi la única forma de que un proyecto salga adelante.

En València hay mucho talento en animación. Somos exportadores de talento: hay valencianos en muchas de las películas nominadas a los Goya y a los Oscar. Sería importante que esos proyectos tuvieran apoyo, porque son los que pueden generar empleo estable y de calidad.

Estamos viendo cómo algunas series en plataformas renuevan temporadas y cómo algunos largometrajes tienen continuidad. Cuando un proyecto funciona, la plataforma sigue apostando por ese estudio. Pasó, por ejemplo, con Klaus.

— En relación con las ayudas públicas: aunque la animación tenga secciones específicas, forma parte de la misma convocatoria que el resto del audiovisual. ¿Responden realmente a vuestras necesidades o deberían estar mejor adaptadas?
— Por ejemplo, hemos reclamado un aumento en la cuantía para pilotos de series. Ahora mismo el máximo son 60.000 euros. Nosotros hicimos un piloto hace unos años que costó unos 200.000. Normalmente, las bases establecen que el productor debe aportar en torno al 50%, así que estamos bastante lejos de cubrir ese porcentaje. También hemos reclamado, sin éxito, que exista una categoría específica para teasers de largometraje. 

Con el cambio en la dirección del IVC se ha perdido esa comunicación fluida y todavía no se han normalizado las reuniones para mejorar las convocatorias.

  • Un evento de Weird Market, en el que se encuentra una parte importante del sector estatal. -

— ¿Sería útil una línea de ayudas totalmente separada para animación?
— Creo que sería mejor, pero no imprescindible, siempre que exista una buena comunicación con el sector, como la había antes. Lo que sí creemos es que la estructura actual debería cambiar. Ahora hay categoría de largometraje, categoría de serie de animación y luego un “cajón desastre” donde entran cortometrajes, pilotos y videojuegos. Pensamos que deberían ser tres categorías diferentes, con presupuestos propios.

En algunos años, todo el dinero se ha ido a cortometrajes y no se ha subvencionado ningún piloto ni ningún videojuego. Evidentemente, el jurado tiene sus criterios, pero no parece serio que formatos clave se queden fuera sistemáticamente. Los pilotos y los videojuegos también son estratégicos para el sector y deberían tener su espacio.

— ¿Es posible sacar adelante un proyecto sin apoyo del IVC?
— Sacar un proyecto adelante sin la ayuda del IVC lo veo muy complicado. De hecho, no conozco ningún caso. Es muy difícil levantar un proyecto europeo sin financiación autonómica previa. No es lo mismo presentarte al ICAA sin apoyo valenciano que con él.

No acabo de entender por qué un largometraje de animación se considera cultura y una serie de animación no

— Las productoras valencianas también pueden optar a las ayudas del ICAA. ¿Están mejor diseñadas o también tienen margen de mejora?
— El ICAA ha aumentado las cuantías para cortometrajes de animación, creo que hasta 100.000 o 120.000 euros, y eso es muy positivo. Aquí debería igualarse. El volumen de trabajo de un corto de animación está mucho más cerca del de un largometraje de ficción que del de un corto de acción real. 

Pero, por ejemplo, el ICAA no contempla series de animación. Eso me parece un error grave. Si hablamos de industria, no se pueden ignorar las series. Son las que generan empleo más estable y dan continuidad a las empresas. No acabo de entender por qué un largometraje de animación se considera cultura y una serie de animación no, con el consumo que hay hoy en día.

— En València hay centros de formación potentes y muchos profesionales cualificados. Sin embargo, sin proyectos de gran envergadura es difícil retenerlos. ¿Cómo valoras esta situación?
— Es una pena, porque existe un interés muy fuerte por la animación en València. Hay muchísimas escuelas, mucha gente que quiere dedicarse a esto. Yo siempre digo que los animadores son un poco nómadas: van de producción en producción. Cuando arranca una serie o un largometraje, hace falta un gran equipo, y luego ese equipo se dispersa.

En países como Francia se produce muchísima animación. Allí hay muchos estudiantes de animación y muchos proyectos, así que una parte importante de su carrera la pueden desarrollar en su propio país. Nosotros incluso tenemos gente en prácticas que viene de Francia.

Aquí es más complicado. Hay productoras, hay talento y hay centros de formación, pero faltan proyectos de envergadura que generen muchos puestos de trabajo estables. Es una pena que no se generen las condiciones para que ese talento se quede; no se dan las condiciones para que cristalice.

La inteligencia artificial va a afectar al audiovisual seguro. Es una herramienta útil, pero debe regularse.

— ¿Cuál es vuestra principal preocupación?
— Ahora mismo hay bastante incertidumbre por el tema de la inteligencia artificial. No solo en nuestro sector, en todos. De momento no nos ha afectado directamente, seguimos trabajando y las empresas de la asociación están activas, pero es algo que tenemos ahí y no sabemos cómo va a evolucionar.

La inteligencia artificial va a afectar al audiovisual seguro. Es una herramienta útil, pero debe regularse. No podemos limitarnos solo a compensar con ayudas: hay que pensar estratégicamente qué modelo queremos.

Lo que más nos frustra es la falta de apoyo institucional y la desigualdad de condiciones respecto a otras comunidades y países. Eso hace que muchos proyectos se queden en un cajón y que no podamos dar trabajo al talento valenciano.

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