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Los creyentes científicos de la nueva religión UFO

Errata Naturae publica esta obra acerca del nuevo credo en torno a los ovnis, una fe que combina entidades extraterrestres y potencias místicas y que cuenta entre sus filas con investigadores desacomplejados

  • Fotograma de la serie Expediente X
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VALÈNCIA. Ninguna materia es impermeable a la capacidad humana de convertir cualquier cosa en objeto de fe. Y menos ahora, cuando vivimos abrazando cultos a personas que de este modo trascienden su ocupación y presumible utilidad para erigirse en becerros de oro —o no tanto—. Tecnoutópicos o apocalípticos de todo pelaje conviven con fanáticos de creencias de lo más peregrinas, ya sea el odio a las vacunas, el terraplanismo, o la desconfianza grokiana ante cualquier hecho o imagen por prosaicos que sean: de este desconcierto, de esta imposibilidad de acceder a la verdad, nacen los peores monstruos, los más delirantes. Prima creer sobre saber: con los puños de la fe se puede tumbar cualquier opinión razonada y además de un modo mucho más rápido que por las vías de la ortodoxia retórica.

El asunto de los objetos voladores no identificados, los ovnis —ahora también hablamos de fanis, fenómenos anómalos no identificados— cuenta con una larga tradición a sus espaldas, que por supuesto no se remonta solo a los platillos volantes de la cultura pop. De hecho, avistarse se avistan, por lo que el fenómeno existe, la clave es que no saber qué es un cuerpo que vuela o emite luz no implica que sea una nave alienígena. Sin ir más lejos, los satélites Starlink de Elon Musk, con su peculiar forma de constelación en la órbita terrestre baja, han causado no pocos sobresaltos y sin duda habrán sido la materia prima de numerosas historias de las cuales muchas probablemente se hayan convertido en misterios locales.

Que no somos la única vida en el universo es tan evidente que creerlo ni siquiera es una creencia pese a que no hayamos encontrado rastro extraterrestre todavía. Suponer que solo ha existido o existe la vida en la Tierra es tan naif como pensar que nuestro planeta azul es el centro del cosmos, o que lo es nuestra estrella solar. Pese a ello, las distancias son tan inconcebibles en este espacio-tiempo que habitamos que coincidir o poder visitarnos ya es otro cantar. Marte mismo podría haber acogido vida y después quedar yermo y estéril. Lo que sí implica una fuerte carga de fe es el I want to believe del agente Fox Mulder de los expedientes X. ¿Somos visitados e influidos por extraterrestres inteligentes? ¿Nuestros gobiernos (algunos de ellos, los que tienen medios) lo saben y nos lo ocultan? Todo ello entra de pleno en el territorio de la especulación y la fantasía.

  • Los creyentes, de Diana Walsh Pasulka -

Sin embargo, hay quien desde una profesión científica opta por creer y trabajar para ahondar en el culto sincrético que enlaza las abducciones con los éxtasis místicos o entidades interdimensionales con santos pretéritos. De esta nueva religión y de sus acólitos trata precisamente Los creyentes de Diana Walsh Pasulka que publica Errata Naturae con traducción de Elena Pérez San Miguel y al que subraya un subtítulo que lo define como Un ensayo sobre ovnis, tecnología desconocida y el inesperado origen de una nueva religión, si bien uno no se atrevería a llamarlo ensayo, ni falta que le hace: el libro se disfruta dejándose llevar por la suspensión de la incredulidad que implica aceptar que de lo que se está hablando es de creencias, de la voluntad de creer, y poco de pruebas, porque la propia autora es historiadora de las religiones y lo que busca es poner el foco no tanto en lo alienígena como en lo religioso (o en lo alienigenorreligioso).

En lo religioso, y en la academia invisible —invisible por el descrédito que suele implicar para quienes investigan o viven y participan de estas cuestiones desde una profesión científica salir a la luz—. “Cuando mi investigación viró de la historia del catolicismo al estudio de los ovnis, presenté algunas conclusiones preliminares a Jacques Vallée, Jeff Kripal y otros académicos del ámbito. Creí que tenía algo sólido que aportar. Craso error. Ahora sé que no se puede «concluir» sobre un fenómeno como este. Pretenderlo es tan ingenuo como querer cerrar el debate sobre la naturaleza de la gravedad o la luz. Hoy en día, la ciencia aún no sabe, en el fondo, qué son realmente. El hermano Guy Consolmagno, astrónomo y director del Observatorio Vaticano, no lo puede decir mejor: «La verdad es un objetivo en movimiento». Los científicos se esfuerzan por alcanzarla, pero el conocimiento nunca es absoluto, sino provisional, siempre inacabado. En aquel momento, convencida de haber encontrado una clave, sostuve que los ovnis existían en un plano virtual, citando al pensador francés Jean Baudrillard como respaldo. Jacques no tardó en reprenderme con delicadeza: «No es prudente ignorar los aspectos ontológicos del tema»”.

¿Por qué se transforma lo extraterrestre en divino? Por la sencilla razón de que dar con respuestas trascendentes que sacien nuestra ansiedad por conocer es un proceso larguísimo, esforzadísimo y en muchas ocasiones, frustrante, en especial en lo que atañe al cosmos. Es casi seguro que cuando descubramos la primera evidencia de vida fuera de nuestras fronteras planetarias, por ejemplo, fósiles microscópicos en la superficie marciana, o biofirmas emanadas de sobrecogedores géiseres en las lunas heladas de Saturno, la noticia, acompañada de titulares como NO ESTAMOS SOLOS, no genere tanto revuelo a escala mundial como podríamos haber pensado en el pasado, y eso que si sucediese ahora habríamos tardado nada más y nada menos que 300 000 años en descubrirlo. Ahora, aun cuando no tenemos la certeza, la sensación es que de un momento a otro la tendremos por fin y entonces el objetivo será el contacto. Qué pasará cuando eso ocurra —al menos de forma pública—, solo se puede imaginar y planificar. No parece que vaya a ser a corto plazo, desde luego, pero nunca se sabe. ¿Sueñan los humanos con profetas siderales?

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