Entrevista

Murcia Plaza Cultura

Pepe Viyuela: “La familia es ese lugar donde uno encuentra el equilibrio y recuerda qué es lo importante”

  • Pepe Viyuela y Leo Harlem en un fotograma de la película.
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Pepe Viyuela (Logroño, 1963) está de promoción. Lo dice sin rodeos, con naturalidad, como quien asume una parte más del oficio. El actor regresa con La familia Benetton 2, secuela de una comedia familiar que vuelve a poner el foco en los vínculos, la diversidad y la convivencia. En ella interpreta de nuevo a Emiliano, un padre que presume de experiencia mientras se enfrenta a un reto que, según él mismo advierte, es mayor que cualquier otro: criar a dos bebés. En esta conversación, Viyuela habla sin prisa de la paternidad, del concepto de familia y de cómo la comedia se ha convertido, más que en un género, en una manera de mirar el mundo.

P. Estás en plena promoción de la película. Es una parte del trabajo que a muchos actores no les entusiasma especialmente. ¿Cómo lo llevas tú?

R. Bueno… yo diría que no lo tengo especialmente integrado como parte del trabajo, pero lo llevo bien. No me quejo. Es verdad que es una faceta distinta, pero forma parte de todo esto y, en ese sentido, lo asumo con naturalidad.

P. En esta segunda parte de La familia Benetton, tu personaje, Emiliano, pone el acento en lo complicado que es criar a bebés, incluso más que a hijos mayores. ¿Hay algo de verdad en ese planteamiento o forma parte del propio personaje?

R. Hay que tener en cuenta que Emiliano es un personaje bastante tontorrón. Es un tipo al que le gusta mucho presumir, le gusta colocarse en un lugar de superioridad, de experiencia, y decir: “verás qué difícil es esto, qué mal lo vas a pasar”. Él quiere tener los honores de ser el mejor padre del mundo.

Desde ahí, exagera. Pero más allá de ese punto fanfarrón, hay algo que es evidente: la crianza es dura. Lo es. Ahora bien, también es profundamente satisfactoria. Yo hablo con cierta experiencia y creo que es uno de los momentos en los que uno se siente más útil, más necesario, más fuerte. Cuando tus hijos son pequeños, te miran como si fueras capaz de todo. Creen que puedes resolver cualquier problema, que eres una especie de superhéroe. Y esa sensación es muy bonita. Probablemente es uno de los momentos más intensos de la vida.

Luego, cuando crecen, cuando los ves mayores, todo ese esfuerzo se ve compensado. Por eso, aunque Emiliano se recree en la dificultad, todos sabemos que criar hijos es, en el fondo, un placer enorme. Cuando tienes un bebé entre los brazos, el resto del mundo desaparece. Absorben toda tu atención, todo tu afecto. Y eso es algo maravilloso. Y si encima son dos, pues más todavía.

P. Tanto esta película como la primera ponen sobre la mesa el concepto de familia, pero desde un prisma muy diverso. ¿Qué es para ti la familia?

R. Para mí, la familia es ese grupo de personas que te sirve para equilibrarte. Es el lugar al que llegas después de enfrentarte a los problemas del día a día y donde encuentras tu centro. Allí están las personas que de verdad te importan, con las que compartes lo esencial y con las que te sientes comprendido. Habla mucho de uno mismo, claro. Yo hablo desde mi experiencia. Hay gente que no necesita la familia, que prefiere vivir sola, que no quiere tener pareja ni hijos, y está perfectamente bien. Pero en mi caso, la familia cumple una función muy clara.

Yo, por ejemplo, llevo siempre fotos de mi nieta. Las tengo muy presentes. Y cuando tengo un momento de estrés o de preocupación, lo que hago es mirarlas y recordarme: “esto es lo importante”. Todo lo demás es accesorio. Lo importante está ahí, en casa. Es verdad que la familia no es un camino de rosas. Puede ser también un foco de conflictos, de problemas. Hay mucha gente que lo vive así. Pero para mí es justo lo contrario: es el lugar donde me encuentro mejor, donde recupero el equilibrio, donde vuelvo a ser yo mismo.

P. La película también lanza un mensaje sobre la convivencia y la capacidad de adaptarnos al diferente, en una familia que representa casi todos los rincones del mundo.

R. Sí, porque aunque estamos hablando de una comedia, cuyo objetivo principal es entretener, divertir y hacer reír, también hay un contenido de fondo que me parece interesante. Y es esa idea de que dentro de la diversidad es posible encontrar empatía. Por muy distintos que seamos por fuera, por dentro todos compartimos algo muy básico: queremos ser queridos, queremos ser aceptados. Y eso nos iguala mucho más de lo que a veces pensamos.

Esa familia tan diversa que aparece en la película, que casi parece unas Naciones Unidas, es en realidad una metáfora bastante clara del mundo en el que vivimos. Un mundo diverso, complejo, en el que es necesario encontrarse y evitar el conflicto. Y no siempre lo estamos haciendo bien. Vivimos un momento en el que parece que el enfrentamiento está muy presente, quizá impulsado por personas muy concretas que se dedican a incendiar las cosas. Da la sensación de que el mundo no tiene solución.

Y, sin embargo, la película quiere decir lo contrario. Quiere contar que sí, que es posible hacer un mundo mejor, aunque sea en tu entorno más cercano. Con la gente que tienes al lado. A pesar de las dificultades de la crianza, de la convivencia, es posible construir algo positivo. Además, plantea modelos de familia distintos al tradicional. No estamos hablando de la familia clásica de otras épocas, sino de una estructura mucho más abierta, más diversa, pero que puede cumplir perfectamente esa función de refugio, de encuentro, de lugar en el que salir reforzado.

P. Eres uno de los grandes nombres de la comedia en España. Cuesta imaginarte enfadado desde fuera. ¿Cómo fue ese proceso de descubrir que querías dedicarte a esto, especialmente al humor?

R. (Ríe) Bueno, yo sí me puedo imaginar enfadado, pero entiendo lo que dices. En realidad, todo empezó muy pronto. Con 13 o 14 años empecé a hacer teatro como un juego. Me lo pasaba bien, me divertía, pero no pensaba en dedicarme a ello profesionalmente. Con el tiempo fui profundizando, estudié en la Escuela Superior de Arte Dramático y empecé a tomármelo más en serio. Aun así, no terminaba de creer que pudiera ser mi profesión.

Cuando acabé, empecé a buscar trabajo y me encontré con que una de las preguntas habituales era si hacía reír. Si lo que hacía tenía capacidad de generar humor. En ese momento no tenía material específico, pero decidí crearlo. Si eso era lo que se demandaba, tenía que trabajar en esa dirección. Así construí un personaje con el que hacía humor visual, y fue a través de él como empecé a ganarme la vida. Pero lo más importante vino después, cuando entendí por qué la comedia es tan necesaria.

El humor nos ayuda a sobrevivir. Nos permite relativizar, superar traumas, enfrentarnos a frustraciones. Nos ayuda a reírnos de nosotros mismos, a dialogar mejor con los demás, a afrontar conflictos que no solo tienen que ver con nosotros, sino también con el mundo que nos rodea. Para mí, la comedia dejó de ser solo una herramienta profesional para convertirse en una forma de estar en el mundo, una manera de mirar la realidad. He hecho otros géneros, y los he disfrutado mucho, pero si tuviera que quedarme con uno, sería sin duda el humor. Porque creo que es imprescindible.

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