Música y ópera

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Pete Townshend, el músico que usó el rock para expresar la angustia adolescente

  • Pete Townshend y Roger Daltrey
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VALÈNCIA. Pete Townshend está considerado como uno los músicos que mejor ha expresado la frustración adolescente a través del pop. Esa facilidad para reflejar conflictos hormonales y generacionales le llevó también a descubrir que la guitarra podía ser algo más que una herramienta musical. Townshend hizo de ella el símbolo de esa furia cuando, durante un concierto, la convirtió en añicos, estampándola contra el suelo del escenario durante un concierto. A partir de ahí, y empujado por sus mánagers, romper guitarras se convirtió en su segunda ocupación más importante. Antes de que Hendrix prendiera fuego a la suya en Woodstock, Townshend ya había dado pie a unas cuantas fotos cargándose su instrumento. Creo una imagen icónica, entendiendo como icónico algo representativo de un personaje y una época, no de alguien que no hace más que se empeña en que tenemos que verlo todos los días por aquí o por allá.

Peter Dennis Blandoford Townshend nació en Chiswick en 1945 y pasó los primeros veranos de la infancia acompañando a sus padres, ambos músicos profesionales, en sus giras. Como aquello no era vida para un niño, se decidió que lo criaría su abuela Denny, decisión que él no se tomó nada bien. A partir de ese momento, tal como el propio Townshend ha declarado, se borran los recuerdos de su niñez. Estudió dibujo en el Ealing Art College, pero su vocación cambió cuando le regalaron una guitarra. Era el año 1957 y acababa de ver su primer concierto de rock & roll.  Unos años después conocía al bajista John Entwistle y ambos se alistaron en The Detours, la banda en la que cantaba Roger Daltrey. A continuación incorporaron a la formación a un batería lunático llamado Keith Moon y pasaron a hacerse llamar The High Numbers. Fueron sus managers, Chris Stamp (hermano de Terence, el actor) y su socio Kit Lambert quienes los animaron a cambiarse el nombre y llamarse The Who.

  • The Who Hambur, 1972 -

Entre 1965 y 1967 Townshend firmó composiciones emblemáticas como My Generation o I Can’t Explain que le ponían letra y música a las crisis de identidad que provoca la transición de la niñez a la edad adulta. La primera lo hacía con frases como “la gente intenta menospreciarnos”, aunque la más tajante era “espero morirme antes de hacerme viejo”. En cuanto a la segunda, ese “no sé explicar” del título expresaba las consecuencias del primer amor: mareos, confusión, inseguridad. A los chavales y las chavalas, aquello le sonó a gloria porque las canciones de The Who no solamente les hablaban a ellos, también hablaban de ellos. Con Tommy (1969), Townshend abordaba un nuevo territorio: los traumas infantiles y la espiritualidad.  Fue así como inventó un nuevo género que, paradójicamente (o no, porque para entonces Townshend ya tenía 25 años) aportaba un nuevo grado de madurez a la música pop: eso conocido como ópera rock. Tommy es un chico que queda sordomudo y ciego a causa de un trauma relacionado con sus padres. Su angustia, su evolución y las consecuencias de su curación hicieron del disco una de las obras musicales cumbre de los 60. También fue el inicio de una etapa tempestuosa. La tendencia natural del grupo a implosionar en el escenario se disparó a partir de entonces. Los componentes de The Who, arrastrados por  el caos de la guitarra de Townshend –que brincaba en escena con su mono blanco y sus botas Doc Martens-, las locuras de Moon a la batería y el brío escénico de Daltrey (Entwistle aportaba el contrapunto de hombre tranquilo), empezaron a dejarse llevar por los personajes que habían creado. La irrupción de la cocaína no hizo más que avivar los conflictos entre ellos, sobre todo los relativos al ego.

Townshend intentaba compensar aquel descontrol centrándose en otros proyectos. Había descubierto los parabienes que le granjeaba hacer discos conceptuales y se dispuso a trabajar en esa dirección. En 1969 ya había empezado a componer uno de ellos, Lifehouse, que nunca logró concluir. Aquellas canciones terminarían formando parte del siguiente disco de The Who, Who’s Next, y de su primer álbum en solitario, Who Came First, aparecido en 1972 inspirado por su gurú espiritual, Meher Baba. Un año después, The Who publicaban su segundo gran clásico, Quadrophenia, celebración de la generación mod donde reaparecían los temas habituales de Townshend, la crisis identitaria, la sensación de alienación, la angustia juvenil,  asuntos que recaían en Jimmy, su joven y confuso protagonista. Townshend lo definió diciendo: ”No quería limitarme a que el oyente escuchara canciones sobre Jimmy, quería que habitara dentro de él”. En realidad, Jimmy fue, al igual que Tommy, una vía de escape para su autor. Las inseguridad y dudas del guitarra de The Who eran mayores de lo que aparentaban. En una ocasión declaró que le parecía que MIck Jagger estaba genitalmente bien dotado. Cuando le preguntaron por aquello, contestó que el cantante de los Stones era el único hombre con el que le hubiera gustado acostarse.

Quadrophenia. fue considerada un clásico casi de inmediato y unos años después tuvo su versión cinematográfica, dirigida por Franc Roddam. Pero el disco tenía tal complejidad musical que no pudo ser interpretado en directo hasta 1996. Para entonces, The Who y Townshend ya habían sobrevivido a unas cuantas crisis. Una de ellas, y quizá la más grave, fue la que provocó la muerte de Keith Moon por sus excesos con el alcohol. Ocurrió en 1978 y dejó tocados a los tres supervivientes de The Who, que quedaron reducidos a dos cuando, en 2002, perdieron también a Entwistle. A raíz del shock que le produjo al grupo la pérdida de su batería, Townshend reinició su carrera en solitario con Empty Glass (1980), donde lidiaba de nuevo con sus fantasmas y también con sus propios problemas con la bebida. Su inseguridad también funcionaba a nivel creativo. A uno de sus alumnos más ilustres, Paul Weller, le dijo en una ocasión que nunca había que mirar atrás. Por más miedo que pudiera darle repetirse, a él nunca le hizo falta mirar atrás. Fue él quien hizo que los álbumes de rock pudieran construir una línea narrativa y conceptual. Su estilo con la guitarra potenció el ruido y la distorsión, el caos como forma de expresión. Y sus historias imprimieron profundidad a las letras del pop y que le llevó a despedir la esperanzas y el idealismo de los sesenta con versos como este: “No llores / No levantes la vista / Es solo el páramo adolescente”.

  • The Who My Generation -

 

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