Sofía Balbuena, Fernanda Trías y el relato de lo que pudo, puede o podría ser

Libros y cómic

LA LIBRERÍA

Páginas de Espuma publica dos excelentes colecciones de relatos que se desarrollan alrededor de la posibilidad de unas vidas diferentes, humanas, literarias o en la intersección entre ambas naturalezas

  • Fotograma de La doble vida de Verónica (Krzysztof Kie?lowski, 1991)
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VALÈNCIA. Lo que hay es lo que hay pero también podría haber otra cosa: si algo somos dados a pensar es cómo sería protagonizar una secuencia de acontecimientos totalmente distinta a la que protagonizamos, o bien, igual hasta un punto pero tomando otras decisiones en una bifurcación, en una encrucijada. La experiencia de ser y la irreversibilidad del tiempo-entropía condicionan por completo nuestra historia personal dando alas a ese tipo de preguntas: ¿dónde estaría yo ahora? ¿Quién sería? ¿Cómo se vive la vida desde otra piel, desde otro nombre y otra configuración? Pienso luego, existo, sí, pero, ¿y si pensase de otro modo? 

La idea del multiverso –un mal nombre en oposición a universo puesto que ese uni de universo no significa solo uno sino la totalidad del conjunto, así que el multiverso no dejaría de ser el universo– ha alimentado esta curiosidad y casi la esperanza de que en otra parte existan versiones alternativas de nuestras vidas, algunas mejores, otras peores, otras inconcebibles, a las que, salvo ficción al estilo Todo a la vez en todas partes o Dr. Strange, nunca podremos conocer, y seguramente mejor así. Ya tenemos suficiente con nuestra vida interior, con aquello que hacemos y no contamos, que es la semilla de otra cosa, de otro yo, que está ahí pero oculto entre las sombras de lo que es recomendable, aceptable, o incluso legal. 

 

  • Miembro fantasma de Fernanda Trías -

 

En ese sentido, en el de todo esto que estamos hablando, Páginas de Espuma ha hecho un gran trabajo editorial publicando los dos volúmenes de relatos que son Miembro fantasma, de Fernanda Trías, y Personaje secundario, de Sofía Balbuena (premiado en la IX edición del RIbera del Duero de Narrativa Breve). Abre el primero el índice con un fantástico juego de perspectivas existenciales con el cuento Personaje en construcción, en el que se nos presenta a un escritor y sus rutinas, quien poco a poco comienza a desplegarse en un catálogo de protagonistas de unos hechos que se imbrican unos en otros alumbrando diferentes puntos de vista mutantes en los que participa sin duda también la autora, signifique eso lo que signifique en este contexto. Es posible que nosotros mismos hayamos sido arrastrados sin darnos cuenta a la quinta dimensión en la que todo está teniendo lugar:

 

“Marcela se levantó al verlo llegar. El pelo negro y largo se agitó como una cortina y volvió a caer detrás del hombro. El beso le dejó una marca de rouge que ella se encargó de limpiar frotándole la mejilla. Su boca de labios finos se parecía mucho a los dibujos antiguos japoneses. Se sentaron, y el Escritor no tardó en desembuchar su idea sobre el cuento que lo atormentaba. ¿Estaría bien llamar a su personaje el Señor Escritor? No le preguntó a Marcela que pensaba, porque frente a ella todas sus inseguridades quedaban por un momento suspendidas y se sentía magnánimo, capaz de producir las ideas más geniales. Ella se rio con la boquita japonesa bien delineada. Solo tenía que adjudicarle sus propias vivencias, dijo él, nadie iba a saberlo, porque a fin de cuentas ¿qué era un escritor?”. Es una gran pregunta, sobre todo ahora. Los relatos de este título contienen un componente inquietante muy preciso y metaliterario.

 

  • Personaje secundario de Sofía Balbuena -

 

En el caso de Balbuena, el primer impacto viene del áspero y ciertamente doloroso –en función de la empatía o los traumas de cada uno– La mejor persona del mundo, en el que un embarazo es, como suele suceder, una apertura singular de direcciones, de vectores de la historia propia, porque a partir de ese momento además una nueva historia propia se suma a la trama: una pareja de universitarios, un máster, un doctorado en el horizonte, un país ajeno, el problema de la vivienda, la atracción y el amor original, y luego o durante una niña, cuatro paredes asfixiantes, parques, ausencias, y varias rupturas con lo previsible que la autora va dosificando para construir un retrato de dos, tres personas, de una familia o equipo, que se detiene en el instante perfecto de la narración año a año para ofrecernos una mirada cósmica que trasciende, o eso parece, a la habitual de la que goza o sufre quien está leyendo:

 

“Se tomaba el tren a Bellaterra y miraba por la ventana los árboles como algunos años atrás, todavía embarazada, había mirado los árboles de la plaza a dos cuadras de su departamento. No lograba casi nunca aislar sus esqueletos pelados, recortar desde su mirada las ramas que en el otoño se abren camino hacia las nubes con insistencia. En esa parte de Catalunya el verde no desaparecía nunca y el tren atravesaba la espesura del bosque que el trazo de la vía mantenía a raya. Paseaba por el predio de la facultad, almorzaba en la cafetería, a veces estudiaba o leía un par de horas en la biblioteca. Se concentraba en los grupitos de estudiantes unos cuantos años más jóvenes que ella, que se tomaban una cerveza tras otra mientras hablaban de política y discutían la independencia de los países catalanes. Empezó a apagar el teléfono cada tanto”. Es ficción, es tan real.

 

La literatura es sin duda un espacio en el que la idea multiversial tiene cabida. La observación de otras vidas y la intuición de otras vidas de esas vidas es un intenso placer intelectual y una experiencia desasosegante en ocasiones, descorazonadora en otras. ¿Dónde está mi yo revelado, cuántos yoes soy, qué plano habitan las consecuencias adyacentes de las elecciones que hemos ido tomando? Material de primera para la escritura. Al fin y al cabo lo que somos por dentro y lo que podríamos haber sido son recuerdos del presente y también del futuro.

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