Susana Lloret, cofundadora de Bombas Gens: "Nos hemos transformado pero no hemos desaparecido"

Entrevista

Arte y fotografía

La coleccionista y responsable de la Colección José Luis Soler dibuja el futuro del proyecto, que pasa por su colaboración con PhotoEspaña, generar nuevas alianzas o recuperar una programación estable en el centro cultural

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VALÈNCIA. En verano de 2016, Bombas Gens se encontraba inmerso en un proceso de excavación arqueológica que reveló las últimas sorpresas que escondía el espacio, entre ellas una bodega del siglo XV. La antigua fábrica de bombas hidráulicas, que estuvo abandonada durante años, ultimaba entonces los trabajos de rehabilitación para convertirse en centro de arte contemporáneo. El sueño de José Luis Soler y Susana Lloret, impulsores de la Fundació Per Amor a l'Art, se materializó poco después, en 2017, año en el que abrieron al público las instalaciones donde desplegaron su colección de fotografía y arte abstracto además de su programa social.

Diez años después, el escenario es distinto. El complejo continúa siendo un centro cultural, aunque ahora explotado por la empresa Layers of Reality con un programa centrado en el arte digital y exposiciones inmersivas, una reconfiguración del centro que es tanto externa como interna. El fallecimiento del empresario en 2024 forzó un rediseño del proyecto que ahora se recompone con un nuevo impulso por parte de la confundadora de Bombas Gens, Susana Lloret, que está decidida a mantener vivo el legado del empresario y esa misión original que les llevó a abrir sus puertas.

No han sido dos años fáciles. Por supuesto, a nivel personal, pero también por una transformación del proyecto que, explica Lloret, en algunos casos no se ha entendido —"A pesar de que se habló de rescate, ni a mí ni al proyecto lo tenía que rescatar nadie", reivindica—, o por el freno a movimientos como la donación de parte de sus fondos a la Generalitat para ser gestionados por el IVAM, que no se llegó a materializar. "Ya he aprendido que hay que hablar cuando esté todo [cerrado]", bromea durante su conversación con Culturplaza

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Al pasado lo mira ahora como homenaje a Soler, un reconocimiento que se extiende y marca el futuro del proyecto que ahora lidera con fuerzas renovadas. Lo hace con nuevas ambiciones y alianzas, algunas conocidas, como la colaboración con el festival PhotoEspaña para seguir difundiendo la Colección José Luis Soler a través de un premio de comisariado que la ha llevado a recuperar una de las salas de exposición de Bombas Gens. Otras conexiones están todavía por concretar, aunque desliza sus ganas de potenciar la difusión de los fondos, algo que podría pasar por su depósito en otra institución.

Casi una década después de la gran inauguración del centro, también en un caluroso día de verano, Susana Lloret recibe a Culturplaza en su despacho, desde el que dibuja el futuro de una de las grandes colecciones de arte contemporáneo nacida desde València.

- En 2017 le preguntaba por las aspiraciones de Bombas Gens y su colección y decía: “No hay barreras. Llegar a cuanto más público mejor”. Casi una década después, le vuelvo a preguntar, ¿cuáles son las aspiraciones?

- Son las mismas. Lo que se ha transformado es el medio, pero el fin es el mismo: compartir la colección de manera que llegue a cuantas más personas mejor. Ha cambiado el espacio, claro. Antes teníamos un espacio dedicado en exclusiva a compartir la colección y ahora no es el que era. El proyecto se ha transformado porque las circunstancias han cambiado muchísimo, pero la colección que reunimos José Luis [Soler] y yo, con la asesoría de Vicente Todolí, no. La colección sigue siendo la misma, sigue teniendo el mismo valor o más si cabe, porque artistas que antes tenían menos relevancia ahora la tienen cada vez más. Un caso es el de Inma Femenía, que tiene una carrera que está creciendo mucho. De hecho, acabamos de prestar una obra de ella para el festival Begehungen. Cambian las formas, pero no el fondo. 

- Esta entrevista nos trae a un Bombas Gens que nació para desplegar esta colección y que ahora gestiona la empresa Layers of Reality. Imposible no pedirle un balance de estos dos años de nueva vida del centro.

- Han sido intensos. Mi valoración es claramente positiva. Yo necesitaba hacer una transición hacia otro proyecto porque el proyecto original de Bombas Gens no era sostenible. Me molesta un poco cuando se hablaba de la sostenibilidad como si fuera un tema puramente económico. Nunca lo fue, era un tema con unas redes muchísimo más profundas. Esto era un proyecto de dos personas, donde una de ellas desapareció y me quedé sola. Evidentemente tenía que buscar una manera que todo aquello continuara, fiel a la esencia pero cambiando las formas. Después de un impacto tan grande las cosas no podían seguir igual. 

Mi primera opción fue hacer de esto un recurso público, ofreciendo todas las facilidades. Había un puente de plata, pero aquello no salió por circunstancias que ya son agua pasada. A pesar de que se habló de rescate, ni a mí ni al proyecto lo tenía que rescatar nadie. No fue, en todo caso, la única opción. Esta segunda vía pasó por convertirlo en el centro que ahora es, un centro de artes digitales. 

Dice Artur Duart [socio de Layers of Reality] que la inmersividad es un medio y no un fin y en esas está Bombas Gens ahora, posicionándose como un centro pionero en este tipo de exposiciones, con producciones como La Ruta o proyectos muy enraizados con el tejido cultural valenciano, algo que me da mucha satisfacción. Junto con esto, he querido recuperar el origen y seguir dando visibilidad a la colección, que es nuestro motor, algo que ahora también pasa por el premio de comisariado con PhotoEspaña. Esto me hace sentir muy realizada. 

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- ¿Es esta alianza con PhotoEspaña a largo plazo?

- Totalmente. Desde el principio María Santoyo [directora del festival] y su equipo recibieron muy bien la idea, nos entendimos mucho. Este es un premio que hace falta en la escena artística, no hay premios de comisariado. Nosotros hemos producido obra de artistas como Bleda y Rosa o Inma Femenía, ahora nos enfocamos en producir exposiciones de la mano de comisarios novel. Es una manera de poner el foco en una figura quizá menos visible. 

- Cuando plantean la propuesta, ¿qué buscan? 

- Lo principal es rendir homenaje a la figura de José Luis Soler, por eso el premio, la colección y la sala [de exposición en Bombas Gens] llevan su nombre. No quiero que se olvide lo que hizo. Un día tuve la oportunidad de decírselo a Carlos Mazón en un acto que hizo en el centro, le dije que [José Luis Soler] fue una persona que dejó su ciudad mejor de lo que la encontró. No mucha gente puede decir eso. Merece ese homenaje, que también pasa poner el foco en el futuro, en alguien que está iniciando una carrera y necesita ese apoyo. Lo dijo Vicente [Todolí] cuando presentamos la primera edición: si nadie te da una primera oportunidad, no hay segunda. Nosotros somos esa primera oportunidad. Este es el segundo hito, además de tener la sala llena y que la colección se comparta. 

- Precisamente con el premio de comisariado volvieron a habitar el centro con una exposición en 2025 y en unos meses con el proyecto de Andrea Franco, ¿se plantean ocupar la sala de manera estable con otros proyectos expositivos?

- Lógicamente. Estoy buscando el cómo. Lo primero, por partes, es conseguir que la exposición del premio itinere, que vaya a Alicante y Castellón, para lo que estamos en conversaciones con el Consorcio de Museos. Ese es el primer objetivo. Luego, por supuesto, está el de conseguir que haya otras cosas que vengan aquí. Es algo que está en el horizonte. El objetivo fundamental de esa sala es estar dedicada a la colección, que tiene suficientes fondos para darle contenido de manera continua. La prioridad es que la colección se comparta y que el espacio ese lo ocupe. 

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- La directora del IVAM, Blanca de la Torre, ha formado parte del jurado del premio, ¿cómo son actualmente las relaciones con el IVAM y con el resto de instituciones valencianas?

- Las relaciones son buenas. Estoy viendo un IVAM muy activo, ahora además con la inauguración de la exposición de sus fondos, que es algo que hacía falta. Creo que Blanca de la Torre tiene una visión muy acertada de cómo está llevando el museo. Cuando ves esa exposición de das cuenta del alcance de la colección del IVAM, no hay que olvidar que fue el primer gran museo de arte contemporáneo de España o que el Museo de Bellas Artes es la segunda pinacoteca del país. Parece que nos cuesta sacar músculo, pero es así.

- La reciente digitalización de los fondos artísticos se marcó con el objetivo de potenciar su conexión con el sector, ¿cómo está resultando?

- Está siendo muy fértil. En la vida de los museos y de los centros de arte es imprescindible que se hagan préstamos, con lo cual hacer una colección más visible ha tendido un puente muy potente hacia otras instituciones. Ahora mismo, por ejemplo, la última petición que tenemos en cartera, de las que se pueden decir, es la obra de Goldblatt, del que tenemos dos grandes series, para un museo en Corea. Es una herramienta que ha abierto mucho la colección. 

 - ¿Las colaboraciones con otras instituciones pasan solo por la cesión de obras?¿Está descartado depositar la colección José Luis Soler en otro centro? 

 - No tiene porque estar descartado. Una colección puede estar depositada en un lugar y mantener colaboraciones, seguir saliendo en préstamo. 

-¿Es algo que está sobre la mesa? 

- Es un modelo posible. No es la única, pero sí es una posibilidad.

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- Esta nueva etapa también ha supuesto el fin de la Fundació Per Amor a l’Art. En la práctica, ¿qué supone?

- Todas las metas y líneas que originalmente pusimos en marcha siguen, solo que se han transformado de diferentes formas, creando alianzas con instituciones con mismos fines con las que incluso crecer, como es el caso del modelo con PhotoEspaña. En el caso de la parte social, que se conoce menos, surge con una colaboración e integración que se dio de manera muy natural con la Fundación Sesé. Su presidenta vino a conocer la iniciativa que estábamos llevando a cabo con la música y la discapacidad, en colaboración con Plena Inclusión. Vinieron a aprender cómo lo estábamos haciendo porque querían replicarlo en su fundación en Madrid, en una colaboración con el Teatro Real. Ahí empezamos a trabajar y el equipo continúa trabajando hoy, aunque en un paraguas mayor. Del mismo modo, seguimos colaborando muy estrechamente con la Asociación de Familiares y Enfermos de Wilson. Nada se ha parado. Nos hemos transformado pero no hemos desaparecido.

  - En estos años se han tejido alianzas, alguna de las más señaladas con el Thyssen, ¿qué colaboraciones tienen en el presente y futuro para seguir compartiendo la colección? 

- Seguimos trabajando en ampliar los escenarios en los que la colección brille, evidentemente tenemos otros proyectos, pero de momento se están aterrizando. Estamos en el camino. 

- ¿Por donde pasa el futuro de la gestión cultural?

- Esto que voy a decir no es privativo del arte, es en cualquier esfera, yo lo he aplicado en el arte y lo he aplicado en la parte social: trabajar en red es fundamental. Hay un proverbio que dice: si quieres llegar pronto ve solo; si quieres llegar lejos, necesitas seguir acompañado. Sumar no suma, multiplica.

Otro gran reto que es cómo incorporar las nuevas tecnologías al mundo del arte y cómo dar espacio a los artistas que las usan, algo que aquí hacemos por ejemplo, con las Media Server Sessions. No veo necesario, por supuesto, que todos los centros de arte se digitalicen, porque eso tampoco tiene sentido, pero igual que en su día pasó con la fotografía y con la pintura o con el cine y la fotografía, hoy es el formato digital tiene que convivir con lo que ya existía. Es un medio más para expresarse, porque al final no nos olvidemos que el arte lo que hace es comunicar.

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