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'Thelma y Louise', Cannes y pisotear el legado del cine europeo

El cartel del Festival de Cannes de 2026 rendirá homenaje a Thelma y Louise, película estadounidense que es un pobre calco de Messidor, del suizo Alain Tanner

  • Messidor (Alain Tanner, 1978)
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VALÈNXIA. Leo en Euronews: “La imagen oficial de la edición de 2026 del Festival de Cannes rinde homenaje a Thelma y Louise, la aventura feminista de carretera de Ridley Scott estrenada allí hace 35 años”. Hasta ahí, lógico. Este festival lanzó esa película y es coherente que se miren el ombligo reivindicándola. Además, es una cinta que gustó mucho al público y hoy no es extraño ver que se la ponga como ejemplo por su fondo feminista. 

Sin embargo, luego sigue la noticia: “La fotografía, obra de Roland Neveu, muestra a las protagonistas Susan Sarandon y Geena Davis sobre su Ford Thunderbird descapotable y rinde homenaje al legado de la que se considera la primera road movie feminista del cine”. Aquí ya nos están insultando. 

De Euronews, desde que Orban metió mano en ella, me esperaba cualquier cosa menos ignorancia anglófila. Thelma y Louise, independientemente del silencio que han guardado Ridley Scott y su guionista Callie Khouri sobre el tema, tiene un antecedente más que evidente en Messidor, del director suizo Alain Tanner. Película rodada en 1978 y nominada a Mejor Película en el Festival Internacional de Berlín, entre otras como Hardcore de Paul Schrader y El matrimonio de Maria Braun de Fassbinder

  • La salamandra (Alain Tanner, 1971)

Las coincidencias del argumento son bastante obvias y han sido señaladas en más de una ocasión. Ambas películas son una road movie de dos mujeres que escapan de sus roles impuestos por una cultura patriarcal en un gesto de rebeldía e inconformismo; gesto, en principio banal, que acaba convirtiéndolas en objetivos a abatir por la sociedad y son perseguidas. El punto de inflexión lo marca un intento de violación en la americana, mientras que en la suiza es una constante, dos mujeres solas solo reciben acoso sexual en su comunicación con el mundo exterior. 

En su escapada, ambas se alejan de la ciudad hasta entender que no hay vuelta atrás. Para las suizas es una naturaleza espectacular y la pareja estadounidense recorrerá el cliché del western que las lleva a la frontera mexicana. La única diferencia es al final, si Thelma y Louise huyen y se lanzan al vacío, Jeanne y Marie se enfrentan a tiros a la sociedad. Otra diferencia es que unas van en el citado descapotable que les da libertad de movimientos y las europeas son autoestopistas -también aparece el descapotable, pero es de otros. En las primeras hay buen humor y bona stampa, las segundas se van encabronando y si algo pasan es carestía, hambre y frío. Quizá la razón fundamental sea que Messidor está basado en hechos reales, en los diarios de autoestopistas europeas de aquella época.

Sea como fuere, la relación entre ambas es evidente. Donde hay un enfoque sustancial diferenciado es en que la europea tenía una crítica política elaborada que encuadraba la represión a la mujer en la lucha de clases y las concepciones burguesas de su tiempo, mientras que Thelma y Louise era sobre todo un hito cultural en el sentido de que representaba un negativo de la ficción hollywoodiense habitual. Los personajes estereotipados eran los hombres, no las mujeres, y aparecían solo en segundo plano: el camionero rudo, el policía bueno, el James Dean de la vida… Ellas pasaban al primer plano, como había hecho Ripley con el mismo director en Alien, y hasta ahí la revolución y la crítica al sistema. 

  • Messidor (Alain Tanner, 1978)

Si en la suiza había simbolismos y significados elocuentes, la americana era más estética, con escenas que eran buenos video-clip o spots. Y por todo esto, en una época donde la riqueza de los lenguajes cinematográficos ha ido reduciéndose y los espectadores han apreciado más la literalidad, la que triunfó y se recuerda hoy es la yanqui. En cambio, Messidor no ha tenido un mísero dvd hasta bien entrados los dos miles y todavía no hay reedición alguna con subtítulos en español. 

Pero en esta columna tenemos que sentenciar que hoy, en Thelma y Louise lo que subyace, como en la muy querida Pretty Woman, es comedia involuntaria. Por el contrario, Messidor estaba más apegada a una realidad que hemos conocido y que sigue actualmente en Europa. Así la describía Jesús Fernández Santos: “Representan bien las dos caras de una juventud a medias campesina y proletaria que se lanza en busca de su propio yo, no como nuestros pícaros clásicos, en un afán de libertad que sólo la miseria otorga. Como en sus precursores, hay en ellas también un desencanto frente a una sociedad que las rechaza, que exige una sumisión cotidiana a cambio de poca cosa, para, más tarde, condenarlas”.

Hace unos meses, citábamos las dos películas más famosas –dentro del olvido- de Alain Tanner, A años luz y En la ciudad blanca, para hablar de la alienación contemporánea. Citar la atención que este director mostró por la cuestión de la mujer merece un artículo aparte: Este. 

Una de sus primeras películas, La salamandra, ya era un alegato contra la objetivación de la mujer, algo que se define, se usa y se evalúa. El conflicto de su protagonista era que no estaba diseñada para agradar ni para representar el ideal de nadie. En la época de las redes sociales es un desparrame esta preocupación, ciencia ficción. 

En El centro del mundo, para mí la mejor, vemos cómo un prometedor político suizo se enamora de una trabajadora inmigrante -que en aquel entonces eran europeos, ella es italiana y en la anterior suya, Vuelta de África, el inmigrante, esta vez sin papeles, era español-. El hombre la integra en su vida según sus necesidades, es decir, no debe interponerse en su carrera y ha de servirle de refugio emocional cuando está agobiado por sus cosas. Él intenta “salvarla” de su condición (proporcionarle bienes materiales), porque cree que es lo que desea, lo sobreentiende, pero está muy lejos de comprenderla. Ella se da cuenta de que junto a él perderá su identidad, por lo que prefiere cortar e irse a Alemania a trabajar a una fábrica, esa escena final no se olvida. Esta película luego tuvo una “secuela”, en La Mujer de Rose Hill, donde la inmigrante protagonista es de Islas Mauricio, y en lugar de confort se le ofrece “integración” en forma de una serie de hábitos y creencias que tiene que adquirir y si no está dispuesta, pagar el precio en soledad y desarraigo. 

  • El centro del mundo (Alain Tanner, 1974)

Por último, destacaría Una llama en mi corazón, con guión de Myriam Mézières y un blanco y negro inolvidable. Trata de una mujer que solo quiere entregarse a la pasión como objetivo último e inalcanzable de la vida, mientras los hombres con los que se va topando, de una manera u otra, solo tratan de poseerla o de domesticarla. Para este momento, 1987, Tanner ya estaba rodando con cuatro duros. Una situación que se mantuvo hasta el final de su carrera, unos quince años después. 

Actualmente, esta forma de filmar tiene muy pocos seguidores. No es entretenida al modo al que nos ha educado el gusto la industria estadounidense y cuesta un mínimo esfuerzo habituarse, por lo que a poca gente le interesa. Lo que sí es cierto es que tiene reflexiones más profundas, más difíciles de olvidar para quien ha vivido y muchos hallazgos que ayudan, de alguna manera a entender el mundo. Y en un último gesto póstumo, que sean desplazadas y sustituidas por videoclips americanos que son sus copias baratas vuelve a revalorizarlas en su propósito inicial: eso explica muy bien este mundo.

  • Una llama en mi corazón (Alain Tanner y Myriam Mézières, 1987)

 

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