VALÈNCIA. Una mirada amplia de la historia de los Premios Oscar dejaba bastante decantada la balanza, desde el mismo anuncio de las nominaciones, en favor de Una batalla tras otra. Pero en este empecinamiento periodístico por destacar más el número de nominaciones que las posibilidades reales, Los pecadores se alzó con el hito de ser la película que más opciones tenía de ganar una estatuilla de la historia de los premios. Sin intención de infravalorar a un blockbuster que ha conseguido romper la espiral de precuelas, secuelas y re-makes en la primera plana mediática de Hollywood, la gala de entrega de premios, celebrada esta madrugada, se ha encargado de ir poniendo en su sitio las expectativas y la cinta de Ryan Coogler se ha hecho con cuatro de las 16 nominaciones.
En todo caso, la Academia ha querido valorar de la película su creatividad y no dejarle en el ostracismo de los mal llamados “premios técnicos”. Los pecadores ha ganado en categorías (también mal llamadas) “artísticas”, como Fotografía, Guion Original, Banda Sonora, y uno de los premios más claros desde el principio de la noche, el de Michael B. Jordan como Actor Principal.
Las 16 nominaciones de Los pecadores respondían a una fórmula magistral: podía optar a esa doble vertiente de premios, en las que habitualmente es tan difícil convivir en los Premios Oscar. Pero su virtud también ha sido su penitencia, porque en esos cada uno de esos dos grupos de premios ha habido una película que le ha contenido.
En las categorías más populares, se ha llevado el gato al agua Una batalla tras otra, de Paul Thomas Anderson, una producción épica que ha sabido mantener la mirada genuina del director. Es la gran triunfadora, y era la clara favorita, titulares conta-nominaciones aparte. Se ha llevado seis galardones: Mejor Película, Mejor Dirección (el primero de Anderson), Mejor Guion Adaptado, Mejor Actor de Reparto (Sean Penn, ausente en la gala), Mejor Montaje, y el primer Oscar de la recién estrenada categoría a Mejor Casting.

- Jessie Buckley y Michael B. Jordan, Mejor Actriz y Actor Principal. -
- Foto: EFE/EPA/JILL CONNELLY
En el otro flanco, ha sorprendido Frankenstein, de Guillermo del Toro, que ha llevado otro puñado de tres premios, los “técnicos”: Mejor Diseño de Producción, Mejor Maquillaje y Peluquería, y Mejor Vestuario.
Marty Supreme, Valor Sentimental o El Agente Secreto, llamadas a dar alguna sorpresa y con un buen número de nominaciones para tener suerte, no han sido respaldadas por las votaciones de la Academia. Hamnet se lleva otra de las apuestas claras, la de Jessie Bluckey a Mejor Actriz Principal.
Sirat se va de vacío
Un signo de los tiempos de la historia del cine es el fin del monopolio del cine americano marcando la agenda. Y esto ya está pasando incluso en sus premios. Parásitos en 2020 lo cambió todo, para bien y para mal. Para bien porque las películas de otras nacionalidades e idiomas empiezan a ver grietas en las cuales colarse y poder soñar con los Oscar a lo grande; para mal porque la categoría de Mejor Película Internacional se ha vuelto muy cara; y con fenómenos mucho más respaldados como los mismos Valor Sentimental o El agente secreto, Sirat lo ha pagado con creces. Finalmente el galardón se lo ha llevado la cinta noruega.
El otro Óscar al que podía aspirar la cinta de Óliver Laxe era la de Mejor Sonido. Y aunque en esta categoría tenía un mayor chance, tampoco ha sido posible. F1: La película le arrebató la alegría al cine español y también el hito de los Óscar por primera vez de premiar un equipo femenino en la categoría.
¿Política dónde?
El cine español en todo caso ha tenido un representante sobre el escenario. Ha sido Javier Bardem y a pesar de su escueto “No a la guerra y Palestina libre”, su simple mención a que fuera del Dolby Theatre hay un mundo en el que pasan cosas deja claro la anestesia de Hollywood, que no deja de ser espejo de un país llamado, paradójicamente, Estados Unidos. Año tras año, la fuerza del #MeToo y las reivindicaciones se van alejando; cada año la crítica tiene menos hueco, especialmente en los momentos en los que los cineastas toman la palabra por mérito propio y sin guion.

- Javier Bardem, con la insignia de No a la guerra que marcó los Goya 2003. -
- Foto: EFE/EPA/CHRIS TORRES
Si alguna lectura política podía tener la ganadora de la velada, Una batalla tras otra, ya se han encargado de no hacer mención alguna a esta. Apenas un par de reivindicaciones veladas en los discursos, planos, repetitivos y sin apenas emoción. Así, solo ha destacado el alegato feminista de Autumn Durald, primera mujer en ganar el Óscar a Mejor Fotografía; o Jessie Buckley, que ha dejado un momento muy televisivo aunque ya esperado en una categoría como es la de Mejor Actriz Principal. Si esta crónica apenas tiene un entrecomillado, imagine la magnitud del problema.
Conan O’Brien devuelve el humor a la gala
El humor se había dejado de lado en los últimos años en favor de interminables números musicales. El giro de timón se ha dado por la puerta grande, con un protagonismo mucho mayor de los gags de Conan O’Brien, que presentaba por segunda vez la gala.
Empezó poniéndose en la piel de Tía Gladys, el icónico personaje de Weapons, y repartiendo chistes a la práctica totalidad de las películas en el monólogo inicial. Pero sobre todo, se ha atrevido a criticar a lo largo de toda la gala al nuevo cine de las plataformas como Netflix, Tiktok o YouTube (que, por cierto, tomará los derechos de la gala a partir de 2029).
La costumbre es que, al menos, las nominadas a Mejor Canción sonaran con una actuación en directo, pero este año se ha optado por darle espacio a dos: Miles Caton y Raphael Saadiq a cargo de I lied to you, de Los pecadores; y el fenómeno pop y ganadora, Golden, el himno de Las guerreras de k-pop, a cargo de EJAE.
Si esa es la cara, la cruz ha sido el in memoriam, un momento siempre delicado de la gala que este año ha dado un paso más en su principal defecto: el de generar pérdidas de primera y de segunda. En vez de una actuación musical con las fotografías de las personas fallecidas, el carrusel se ha interrumpido por intervenciones individualizadas para recordar a Rob y Michele Reiner, Diane Keaton o Robert Redford.