VALÈNCIA. Entrar en una fábrica situada a cientos de kilómetros, recorrer una línea de producción, comprobar el funcionamiento de sus máquinas o colaborar con otros profesionales sin compartir el mismo espacio físico. Ese es el punto de partida de Itiverse, una iniciativa que explora las posibilidades del metaverso industrial mediante tecnologías inmersivas, visión artificial, gemelos digitales y sistemas conectados e impulsada por el Instituto Tecnológico de la Informática (ITI).
"Se trata de convertir las fábricas en un mundo digital", explica Adela Ruiz, directora de Innovación Tecnológica en Industria y Logística. El proyecto permite crear entornos virtuales en los que empresas pueden realizar pruebas de producto, simular procesos, anticipar comportamientos y analizar posibles cambios antes de trasladarlos a las instalaciones reales pero también llegar a controlar las fábricas desde la distancia.
La iniciativa surgió a partir de una línea de investigación centrada en la optimización de la producción. Los modelos utilizados podían ofrecer soluciones muy avanzadas, pero sus resultados no siempre resultaban intuitivos para las personas que debían aplicarlos. Para hacerlos más comprensibles, el equipo decidió representar la información dentro de un entorno inmersivo. "Varias empresas empezaron a colaborar con nosotros para explorar el metaverso industrial y estudiar cómo estas tecnologías podían aplicarse y aportar valor en entornos productivos", señala Ruiz.

- Adela Ruiz, directora de Innovación Tecnológica en Industria y Logística.
- Foto: KIKE TABERNER
Itiverse cuenta con diferentes salas y escenarios virtuales. Entre ellos figura una reproducción del propio espacio de trabajo del centro tecnológico, pero también representaciones de la fábrica de Actiu, en Castalla, y del área de diseño y exposición de Pikolinos, en Elche. El objetivo es generar espacios compartidos que eliminen las barreras geográficas y permitan trabajar conjuntamente a profesionales conectados desde distintos puntos del mundo. En el caso de Pikolinos, una de las líneas estudiadas contempla la colaboración en entornos virtuales con profesionales situados en Asia. El proyecto permitiría revisar diseños, analizar muestras o compartir información sobre el producto sin necesidad de que todos los participantes se encuentren físicamente en el mismo lugar.
El principal obstáculo continúa siendo el propio equipamiento. Las gafas de realidad virtual actuales permiten desarrollar estas experiencias, pero todavía pueden resultar pesadas o incómodas durante tiempos prolongados. La previsión es que estos dispositivos evolucionen hacia formatos más ligeros, capaces de superponer información digital sobre el entorno físico de manera continua.
Del gemelo digital al control de la fábrica
Uno de los elementos centrales del proyecto es el gemelo digital, una reproducción virtual de una instalación, una máquina o una línea de producción que refleja lo que está sucediendo en el mundo real. A través de esa representación, los responsables de una planta pueden observar el funcionamiento de los equipos, detectar incidencias, probar modificaciones o enviar instrucciones a determinados sistemas. "En un gemelo digital de una línea ves en el entorno digital exactamente lo que está ocurriendo en el espacio físico", explica Ruiz. Los elementos accionables electrónicamente podrían controlarse desde el entorno virtual, mientras que determinadas tareas mecánicas podrían apoyarse en robots capaces de actuar dentro de la fábrica.

- Foto: KIKE TABERNER
La tecnología abre así la puerta a instalaciones cada vez más automatizadas, incluidas las conocidas como dark factories o fábricas oscuras, denominadas así porque pueden funcionar sin iluminación al no requerir la presencia permanente de trabajadores. No obstante, Ruiz subraya que el planteamiento de la industria 5.0 no consiste en prescindir de las personas, sino en situarlas en el centro de la toma de decisiones. "La industria 5.0 pone en valor a las personas y permite que aporten su conocimiento estén donde estén. Se trata de darles mayores capacidades para entender lo que está pasando y para que sean ellas quienes conduzcan el proceso", sostiene.
Desde esta perspectiva, la automatización asumiría principalmente las operaciones más repetitivas o físicas, mientras que los profesionales se concentrarían en supervisar, interpretar los datos y tomar decisiones. Además, la ubicación de la persona perdería relevancia frente a su capacidad para intervenir sobre el proceso productivo.
La misión de ir por delante del mercado
Como se apuntaba, Actiu y Pikolinos han colaborado en el desarrollo de los primeros casos de uso de Itiverse. En una primera fase, ambas compañías participaron en sesiones de trabajo para identificar los ámbitos en los que las tecnologías inmersivas podían aportar soluciones a sus procesos. Durante la segunda anualidad del proyecto se desarrollaron tres escenarios principales: una representación de la fábrica de Actiu, un espacio expositivo de Pikolinos y un centro virtual para analizar la calidad del calzado.
Las dos empresas facilitaron datos de producción, tiempos de fabricación, información sobre procesos y muestras de producto. A partir de ese material, el equipo tecnológico modeló los diferentes entornos y validó posteriormente las reproducciones con las propias compañías. "Somos un centro tecnológico y nuestro papel es ir varios años por delante, analizando cuáles van a ser las necesidades de las empresas", destaca Ruiz. Aunque buena parte de las aplicaciones actuales se encuentran todavía en el terreno de la simulación, el siguiente paso pasa por potenciar la colaboración y la interacción directa dentro de estos espacios.

- Foto: KIKE TABERNER
Entre las líneas abiertas figura un proyecto relacionado con la ergonomía y la prevención de riesgos. La representación virtual de la fábrica de Actiu empieza a incorporar trabajadores digitales con el objetivo de estudiar cómo los movimientos realizados en los centros productivos pueden provocar sobrecargas físicas. El análisis permitiría detectar posturas repetitivas, esfuerzos excesivos o tareas susceptibles de ser rediseñadas antes de que generen problemas para los empleados. De esta manera, el entorno virtual no solo serviría para mejorar la productividad, sino también para adaptar los procesos industriales a las capacidades y necesidades de las personas.