José Capmany (iPronics): "El inversor europeo es adverso al riesgo y muy conservador"

Entrevista

Plaza Innovación

El cofundador de iPronics analiza la entrada de Nvidia en la ronda de 108 millones de la tecnológica valenciana y los planes para duplicar la plantilla y escalar la producción

  • José Capmany, cofundador de iPronics
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VALÈNCIA. "El inversor europeo es muy adverso al riesgo y muy conservador. Lo quiere todo muy seguro". Así lo apunta José Capmany, cofundador de iPronics, quien cuestiona la cautela del capital europeo, a excepción del británico, a la hora de financiar compañías tecnológicas en sus primeras etapas de crecimiento. "En las rondas A y B busca mucha seguridad, y eso va en contra del espíritu del capital riesgo", sostiene, tras conocerse el pasado mes una ronda de financiación de 108 millones de euros liderada por dos fondos americanos.

La compañía, especializada en infraestructura fotónica para inteligencia artificial, cerró una inversión de serie B coliderada por Maverick Silicon y Light Street Capital, en la que Nvidia se incorporó a la compañía como inversor estratégico. La operación cuenta también con nuevos inversores y con socios existentes como Criteria Venture Tech, Triatomic Capital, Bosch Ventures, Catalight Capital, European Innovation Council Fund, The Tate Family Trust, Fine Structure Ventures, Amadeus Capital Partners y Build Collective. 

Con su sede central en València, iPronics ha abierto una oficina en Santa Clara, California, para reforzar su presencia en Estados Unidos y prevé duplicar durante el próximo año su plantilla, formada actualmente por un centenar de personas. La empresa se prepara para producir a gran escala y atender las necesidades de conexión de los centros de datos y las nuevas factorías de inteligencia artificial. Capmany aborda en esta entrevista la entrada de Nvidia y por dónde avanza el futuro de la compañía.

La fotónica permite transmitir información mediante luz y facilita el intercambio de grandes volúmenes de datos entre los equipos de un centro de datos. Frente a las conexiones eléctricas, ofrece mayor capacidad y alcance y, a determinadas distancias y velocidades, un menor consumo energético. Estas ventajas son especialmente relevantes para la inteligencia artificial, cuyos procesadores necesitan recibir y compartir información de forma continua para aprovechar su capacidad de cálculo y evitar cuellos de botella. No obstante, es una tecnología en desarrollo que aún sigue afinando sus procesos.

- Hace casi siete años que nació iPronics. ¿Cómo ha sido el camino hasta este momento?

- Formalmente sí, pero hay una etapa de investigación bastante anterior, que empieza en 2014. Entre ese año y 2018 desarrollamos el conocimiento más importante que queríamos transferir. En 2018 decidimos dar el salto a raíz de una ayuda que conseguí del Consejo Europeo de Investigación, una ERC Proof of Concept. Son ayudas más pequeñas para transferir conocimiento y montar compañías si quieres explotar tú mismo la tecnología. Los procesos con la Universitat Politècnica de València tardaron alrededor de un año. No obstante, durante todo este tiempo hemos seguido generando conocimiento desde la universidad. Varias patentes ya están licenciadas o han sido compradas por la empresa, que ahora también genera sus propias patentes.

- ¿Es un momento idóneo para explotar la tecnología fotónica?

- En el contexto de los centros de datos, sin ninguna duda. Una de las principales conclusiones que me he llevado de la  Conferencia Europea de Comunicaciones Ópticas (ECOC) que se celebró en Málaga hace unas semanas es que la fotónica integrada de silicio ya es una tecnología comercial y está a punto de dar el salto a grandes volúmenes.

- ¿Qué particularidad tiene vuestro chip iPronics One?

- La aplicación. Aunque es un chip de fotónica programable, está pensado para cubrir una necesidad de los centros de datos que nosotros intuíamos que iba a surgir antes o después. Grandes empresas como Nvidia o los hyperscalers ya han anticipado que será una necesidad real a partir de ahora y es proporcionar interconexiones de alta capacidad para el tráfico de datos.

Hasta ahora se hacía con cobre, pero este ya no da para más en conexiones con volúmenes de tráfico tan grandes. Además, los centros de datos irán evolucionando hacia factorías de inteligencia artificial. Infraestructuras con muchos procesadores que habrá que combinar de manera muy flexible, conectándolos entre sí y con otros externos. Por el volumen de tráfico de esas conexiones, hay que recurrir a la óptica.

- ¿Hay mucha competencia en este nicho?

- Hay empresas que desarrollan productos similares en otras partes del mundo, sobre todo en Reino Unido y probablemente también en Estados Unidos. Pero es un mercado tan grande que hay espacio para diversas empresas. Nosotros tratamos de diferenciarnos con el One de 32 puertos, que pasará a tener 64 dentro de poco y 128 no mucho más tarde. Esto es el radix de los conmutadores, el número de puertos de entrada y salida. Cuantos más dispongas, más capacidad de conexión tienes. En general, el enfoque para mejorar un conmutador óptico de circuitos, un OCS, es universal. Hay que aumentar el número de puertos, reducir las pérdidas y proporcionar funcionalidades que permitan encontrar caminos alternativos si hay fallos. Lo que nos diferencia es cómo damos solución a esos problemas.

- ¿Esperáis estar entre las primeras compañías de chips fotónicos del mundo?

- Para aplicaciones de centros de datos, no de chips fotónicos en general, estaría muy bien estar entre las cinco primeras. Vamos a crecer y creo que lo haremos bien, pero siempre puede pasar que una gran compañía como Intel o AMD decida invertir en esto. Tienen más recursos que nosotros, aunque ya hay barreras lo suficientemente grandes.

- ¿Ha sido complejo cerrar la ronda de 108 millones de euros?

- Hubo una complejidad inicial, que es formar el sindicato de inversores. Para eso necesitas colíderes. En este caso había dos, que son los encargados de establecer las condiciones de inversión. Había mucho interés y la ronda está suscrita al completo. Hay gente que se ha quedado fuera porque hemos parado ahí. No necesitábamos más financiación. De hecho, algunos ya han expresado su compromiso de invertir en rondas posteriores. Conseguir fondos suficientes no fue complicado. Lo que ha llevado más tiempo es que cada inversor tiene que hacer su análisis de la compañía, su due diligence, y negociar las cláusulas.

- Maverick Silicon y Light Street Capital son fondos estadounidenses. ¿Fue imposible encontrar capital europeo ahora que tanto se habla de la soberanía tecnológica? 

- Tenemos como inversor al Consejo Europeo de Innovación. A través del programa Accelerator que conseguimos, había un compromiso de aportar financiación adicional y han entrado en la ronda. Respecto al resto, el inversor europeo, y ahí excluyo a los británicos, es muy adverso al riesgo y muy conservador. Lo quiere todo muy seguro. En las rondas A y B busca mucha seguridad, y eso va en contra del espíritu del capital riesgo.

De la ronda anterior tenemos inversores europeos como Amadeus y Caixa, pero en esta tampoco hemos ido a buscarlos específicamente. La soberanía tecnológica es un tema que sale de los despachos y no sé hasta qué punto está conectado con la vida real. Si tú quieres tener soberanía, págala. Si una empresa tiene más capital americano es porque ha entrado antes. Las rondas se cierran y algunos inversores han estado meditándoselo tanto que, cuando han querido entrar, ya no había espacio.

- ¿Cómo se capta la atención de Nvidia, uno de los principales actores del sector mundial de los semiconductores?

- Es una empresa con una gran capitalización que está invirtiendo, porque buena parte de su negocio pasa por los centros de datos, aunque ellos hacen GPU. No solo invierten en nosotros, sino también en otras empresas que desarrollan hardware para centros de datos. Les parece que nuestro producto y nuestro enfoque son atractivos dentro del conjunto de soluciones en las que están trabajando.

- ¿Cómo llegan hasta vosotros?

- Suele ser a través de contactos previos o de conferencias. También a través de fondos de capital riesgo que han entrado en rondas anteriores y con los que han establecido contacto.

- ¿Cuesta que se fijen en compañías de València? ¿Es una barrera?

- No, pero una empresa como la nuestra también tiene que tener presencia en Estados Unidos, porque el mercado principal y los principales clientes están allí. Una cosa es tener la sede central aquí, pero hay que diversificar. Para una compañía que ha llegado al nivel de iPronics es necesario y en nuestro caso, hemos abierto en la costa oeste. Ahora tenemos una oficina con cuatro empleados, pero después de la ronda se va a ampliar.

- ¿Cómo se gestiona una ronda tan grande respecto a lo que suele verse en València?

- Es mucho dinero, pero las necesidades de la compañía para escalar también aumentan. Más que pensar en la cantidad, hay que preguntarse si la necesitas para tu plan de expansión y si tienes claro el plan de gasto y de ejecución. Nosotros lo tenemos y la administración de la compañía es bastante eficiente. Una empresa que va ejecutando gasto mientras todavía no alcanza grandes volúmenes de fabricación necesita financiarse periódicamente.

- ¿En qué punto estáis con la fabricación y cómo vais a escalarla?

- Estamos desarrollando procesos para conseguir los niveles de fiabilidad necesarios para producir en volumen y soluciones que nos permitan escalar. Esto no afecta solo a la fotónica, sino también al diseño de los equipos, su ubicación en los armarios y las infraestructuras de los centros de datos. Incluye desarrollar soluciones de encapsulado de chips específicas para nosotros y procesos de fabricación que nos permitan, cuando llegue el momento, servir pedidos de miles de unidades.

- Pero no tendréis fábrica propia.

- No, vamos a seguir con un modelo fabless, sin fábrica propia. Hay más grandes empresas de las que pensamos que funcionan así.

- ¿A qué vais a destinar los fondos de esta ronda?

- Primero, a crecer en plantilla. Para afrontar los retos de escalado y producción en volumen tenemos que duplicarla. También a las tandas de fabricación, porque necesitamos hacer muchas. Son costosas y tenemos que mejorar los chips y aumentar su densidad. El encapsulado también se hace fuera. Aunque tenemos una línea propia dentro de un fabricante, hay que invertir en mejorar esta parte y desarrollar el producto de manera integral. El software también requerirá inversiones. Todo esto se traduce en más personas, pero también en más gastos de operación.

- ¿Qué clientes tenéis actualmente?

- Hemos vendido equipos a operadores de centros de datos, a operadores de telecomunicaciones interesados en entrar en ese ámbito y también a hyperscalers. No en grandes cantidades, pero sí para que los prueben y podamos validar que el producto se ajusta a lo que necesitan.

- ¿Qué objetivos os marcáis de fabricación y facturación?

- El salto a volúmenes considerables será a principios o mediados de 2028. En facturación hay unos objetivos, pero están condicionados por la demanda del mercado. Estimamos que en 2028 o 2029 entraremos en un mercado de 8.000 millones de dólares. Y en ese mercado no hay tantos fabricantes.

- ¿Seguiréis creciendo en València?

- Nos hemos trasladado a la nueva sede en Convento de Carmelitas y ahí estaremos un par de años como mucho, porque no cabremos. Esperamos llegar a alrededor de 200 personas. Hay un proyecto de expansión en un sitio muy chulo de la ciudad que todavía no puedo desvelar.

- ¿Por qué no ha entrado la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT), que está invirtiendo en fotónica?

- Aunque estaban avisados, sus tiempos no se han ajustado a los de la ronda por diversas circunstancias.

- ¿Cómo ha sido la captación de talento?

- Se han dado dos situaciones. Hemos reclutado mucho talento de la UPV que hemos formado nosotros, tanto profesionales que ya estaban preparados como otros que han pasado por la cátedra de chips fotónicos. También hemos atraído talento internacional. A la gente le atrae venir a València y, aunque eso no es suficiente, sí le interesa la combinación de la ciudad con una compañía que se dedica a algo atractivo hoy en día, como la tecnología profunda o deep tech. Hace dos meses teníamos empleados de 22 nacionalidades, ahora serán más.

- ¿Ha cambiado la cúpula con la ronda de financiación?

- Cada vez que hay una ronda de inversión hay cambios en el board, porque hay que dar entrada a los nuevos inversores.

- Acabáis de anunciar una colaboración de dos años con el Barcelona Supercomputing Center. ¿Qué vais a probar con iPronics One en sus instalaciones y qué resultados esperáis obtener?

- En este caso es para aplicaciones de computación de altas prestaciones. Es otra línea de negocio que también puede ser muy fructífera. Se trata de utilizar iPronics One para interconectar ordenadores que realizan cálculos computacionales y que requieren sincronizarse o coordinarse entre sí.

- ¿Qué viene después de iPronics One? ¿Cuál es el futuro?

- La hoja de ruta consiste en seguir aumentando el número de puertos y reduciendo las pérdidas y el consumo. Con eso es suficiente.

- ¿Es la energía el punto crítico de los centros de datos?

- El transporte de datos por fibras y chips ópticos no genera calor ni necesidad de refrigeración. Sin embargo, el transporte de datos es ahora una de las fuentes de mayor consumo de energía en los centros de datos.

- ¿Ya estáis preparando la siguiente ronda?

- Lógicamente, cabe esperar que dentro de no mucho tiempo haya necesidad de escalar todavía más. Me imagino que el equipo directivo tendrá en mente preparar una nueva.

- VLC Photonics, iPronics… ¿Cuál es la siguiente empresa que podría surgir?

- Hay varias cuestiones. Tenemos dos empresas que yo no he fundado. Una es Calsens, que desarrolla tecnología de sensores muy avanzados. Utiliza fibras, no chips, pero creo que se van a plantear usarlos. También está Hybpic, la empresa de Pascual Muñoz, que va a tratar de explotar la tecnología de fotónica híbrida y que es interesante. Son dos empresas de un perfil muy diferente al de iPronics.

Partiendo de lo que estamos haciendo aquí, probablemente exista la posibilidad de pensar en algo relacionado con la computación fotónica, pero eso no será a corto plazo. Supondría desarrollar productos que computen de una manera diferente a la electrónica digital. ¿Tiene sentido? La electrónica digital funciona muy bien, pero también tiene limitaciones. Paradójicamente, algunas residen en que esa tecnología no es analógica. Aunque suene a viejuno, no lo es.

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