Ceremón, la constructora valenciana que nació de la crisis y pone los cimientos de las plantas alimentarias

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La empresa, que trabaja para firmas como Pescanova y Ferrero, apuesta por el BIM, los gemelos digitales y la inteligencia artificial para transformar la construcción industrial

  • Pepe Rodrigo, CEO y fundador de Grupo Ceremón.
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VALÈNCIA. Un apellido extinto con décadas de historia, una constructora que nace en el peor momento de la crisis del ladrillo y un hombre en paro con apenas 3.000 euros en su bolsillo componen los ingredientes que dieron forma a Ceremón. Esta compañía valenciana con veinte años de trayectoria no es especialmente conocida para el público generalista, sin embargo, para el sector agroalimentario de la Comunitat es un nombre con una presencia cada vez mayor. 

"La gente me decía: '¿Pero estás loco? ¿Cómo vas a montar una empresa ahora?'. Pero yo no sabía hacer otra cosa. Había sido jefe de obra y lo único que sabía era construir. En aquel momento yo llevaba ocho meses en el paro y lo único que pensaba es que no podía perder mucho más de 3.000 euros", cuenta Pepe Rodrigo con toda franqueza pero con la sonrisa del que sabe que la historia salió bien. 

Y, así, en apenas dos meses, contrató a su primer empleado. Al poco tiempo llegó también su primer cliente, un interproveedor de Mercadona, que a día de hoy sigue contando con él. Lo cierto es que ser constructora de plantas del sector alimentario no consiste solo en poner cimientos (entiéndanme la expresión), sino que requiere de una especialización técnica para todos los requisitos y necesidades que tienen este tipo de naves cuyo componente tecnológico es altamente elevado. Entre sus clientes destacados figuran firmas como Ferrero, ICFC, Chickles, Delibreads, Pescanova, Cobopa, Natra y Grupo Postigo.

  • Pepe Rodrigo, CEO y fundador de Grupo Ceremón. -

Una de las claves de ese posicionamiento está precisamente en la tecnología. Ceremón lleva alrededor de una década trabajando con metodología BIM, una herramienta que permite digitalizar las plantas y reproducir en un modelo 3D la obra antes de ejecutarla físicamente. La compañía utiliza escáneres láser para digitalizar las instalaciones y, sobre ese modelo, planifica las modificaciones que después llevará a cabo. "Cuando ya lo has ejecutado una vez en un modelo 3D, te equivocas muchísimo menos a la hora de ejecutarlo en la realidad", explica Rodrigo. La estimación de la empresa es que esta metodología puede reducir los costes alrededor de un 40%.

El siguiente paso es ir un poco más allá del modelo 3D. Ceremón está trabajando ahora en el desarrollo de un gemelo digital a partir de lo que denomina su "avatar": una representación virtual de la planta tal y como ha quedado después de la obra, en la que se recoge desde la ubicación de las instalaciones y la maquinaria hasta sus garantías y controles de calidad. El gemelo digital incorpora además datos de producción, climatización, frío, humedad o caudales, de manera que el cliente pueda simular en ese entorno virtual qué efectos tendría, por ejemplo, modificar la temperatura de un proceso o cambiar una parte de la línea antes de hacerlo en la planta real.

Para desarrollar esta nueva herramienta, la compañía está realizando pruebas con varios clientes y prevé empezar a utilizarla en una modificación de una planta de producción para comprobar qué datos puede obtener. En este punto entra también la inteligencia artificial, que para Rodrigo resulta fundamental para hacer viable el proyecto. "Si no existiera esa posibilidad, no nos habríamos metido en esto porque no vamos a contratar a 40 programadores para desarrollarlo", señala. La idea, además, no es convertir esta tecnología en un producto independiente para crecer a cualquier precio, sino incorporarla como un servicio más para los clientes con los que Ceremón mantiene relaciones a largo plazo.

Ese vínculo con los clientes está cobrando especial relevancia en un momento en el que la inversión de la industria alimentaria está aumentando. La compañía asegura estar detectando un incremento "bastante" significativo del gasto de sus propios clientes, con ampliaciones de plantas, mejoras y cambios de distribución. Y es precisamente ahí donde la especialización juega a su favor: a diferencia de una nave logística, que puede requerir una actuación más puntual, una planta alimentaria necesita inversiones recurrentes para mantener su competitividad. "En la alimentación lo inviertes o te pasan por la izquierda y por la derecha", resume Rodrigo. De hecho, Ceremón ha tenido oportunidades para presupuestar naves logísticas y ha optado por no entrar al considerar que su valor añadido tiene menos sentido en ese tipo de proyectos.

  • Pepe Rodrigo, CEO y fundador de Grupo Ceremón. -

La Dana también le ha servido a la compañía para comprobar sobre el terreno la utilidad de ese modelo de trabajo. Uno de sus clientes sufrió un problema en una planta y el hecho de que esta hubiera sido digitalizada previamente permitió acelerar la recuperación. Según Rodrigo, el retorno a la actividad fue aproximadamente el doble de rápido gracias a disponer de esa información digitalizada y llegó a poner en duda que la planta hubiera podido volver a producir con la misma rapidez de no haber contado con ella. "La DANA nos ha ayudado a entender todavía mejor que el proceso de digitalización es necesario", apunta.

Con alrededor de 50 trabajadores, la empresa encara ahora una etapa de crecimiento, aunque sin intención de disparar su tamaño. Ceremón asegura que está aumentando su plantilla, sus clientes y su facturación y que crece a dobles dígitos anuales, pero su objetivo es mantener un avance sostenido que no comprometa el nivel de servicio que ofrece. En este proceso también está profesionalizando su estructura y creando departamentos que antes no existían. La compañía busca sobre todo jefes de obra, uno de los perfiles que más cuesta encontrar actualmente, además de técnicos de prevención de riesgos laborales y personal para sus áreas de oficina.

Todo ello supone una evolución considerable respecto a aquella empresa que Rodrigo puso en marcha para salir del paro y "sacarse las castañas del fuego". Diecisiete años después, el empresario asegura que la compañía se le ha ido «de las manos» respecto a lo que imaginaba entonces. Ahora el reto pasa por crecer sin perder aquello que considera que la diferencia: la relación a largo plazo con los clientes y un nivel de servicio que, a su juicio, no es el habitual en el sector. "No queremos crecer muchísimo, porque tenemos que seguir dando el mismo servicio", resume. La hoja de ruta para los próximos tres años pasa precisamente por profesionalizar la compañía y encontrar la fórmula que permita mantener esa cercanía mientras Ceremón sigue ampliando su cartera.

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