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Desde Nueva Zelanda a Castellón: C-Tech fabrica en Cabanes tubos de fibra de carbono para sectores como el náutico o el aeroespacial

La firma combina la producción bajo demanda con una exhaustiva optimización del material

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CASTELLÓ. En el corazón de Castellón y a más de 19.000 kilómetros de su Nueva Zelanda natal, opera una empresa cuyo origen se remonta a hace casi tres décadas. En 1997, mucho antes de instalarse en Cabanes, C-Tech nació y empezó a dar sus primeros pasos hasta convertirse en lo que es hoy: un referente internacional en la fabricación de sables huecos con fibra de carbono. Tanto es así que sus soluciones son altamente demandadas en sectores como el náutico o el aeroespacial y su optimización del material les lleva a fabricar productos exclusivos y con un estándar de calidad muy alto. 

"C-Tech se fundó en 1997 en Nueva Zelanda, lugar en el que sus creadores lograron consolidar una forma de fabricar sables huecos. Los sables, para que me entiendas, son los refuerzos que llevan las velas de competición por dentro. Una vez diseñados, en el 2000, conseguimos un encargo exclusivo del Team New Zealand para la Copa América (la prueba reina en el mundo de la vela), mientras que en el 2003 el equipo suizo Alinghi también empezó a contar con nosotros y en el 2007 pasamos a ser proveedores de todos los participantes. En torno al 2010, empezamos a diversificar hacia otros sectores, algo que nos llevó a producir tubos con geometrías semiestándar, y hace alrededor de tres años y medio aterrizamos en Cabanes al ser considerado un lugar estratégico ubicado tanto cerca del Mediterráneo como de Europa", explica Carlos de Beltrán Gutiérrez, desarrollador de negocio de C-Tech, a Castellón Plaza sobre el origen de la firma. 

Fruto de su afán por extender el negocio, desde C-Tech empezaron a producir para sectores más allá del náutico como, por ejemplo, el aeroespacial, el industrial o el de los cohetes, áreas en las que sus productos han seguido destacando gracias a su variedad de geometrías. "No hacemos un producto igual. Fácilmente tenemos unos 100 mandriles distintos, de diferentes diámetros y geometrías como los cuadrados, los óvalos o los rectángulos, lo que provoca que si el cliente puede adaptarse a ellos el coste sea mucho menor y nuestra eficiencia mayor", expone Alberto Soler, director general de la firma. 

Es por ello que, a pesar de que su actividad principal sigue siendo la creación de sables para las velas de los barcos de competición, han llegado a elaborar desde brazos de suspensión de coches de carreras hasta estructuras para drones o piezas de helicóptero. "Una de las características de nuestros sables es que son huecos por dentro. Además, otro de los aspectos que nos diferencia del resto es el profundo conocimiento que tenemos del carbono y el método que tenemos para fabricar. Llevamos las piezas al límite y fabricamos sables lo suficientemente flexibles para que cuando les apliques una carga no se rompan", detallan de Beltrán y Soler. 

Particularidades que, unidas a la producción exclusivamente bajo demanda hacen de C-Tech una empresa diferente, pues desde la firma neozelandesa "son fieles creyentes de que el carbono y los composites tienen que hacerse bajo pedido para que estén optimizados al máximo y adecuados a lo que necesita el cliente".

Las ventajas de carbono en proyectos de altas prestaciones

C-Tech, por lo general, se centra en proyectos de altas prestaciones tanto mecánicas como estructurales, escenarios en los que el carbono juega un papel diferencial. "La fibra de carbono, donde es la campeona indiscutible frente a materiales como el aluminio, el acero o el titanio es en el ratio de rigidez frente al peso. Es cierto que tiene un coste adicional, pero merece muchísimo la pena en aquellos proyectos que por propiedades mecánicas son muy dependientes del peso. Además, tiene también otras ventajas como su flexibilidad, resistencia o durabilidad", cuentan de Beltrán y Soler.

Algunos de los barcos para los que C-Tech aporta sus soluciones

Beneficios, los del carbono, que no cesan ahí, y es que ambos trabajadores de C-Tech quieren romper una lanza en favor de un material "en ocasiones muy demonizado pero que bien aplicado mejora el coste operativo de muchas cosas". "El carbono, a pesar de su huella inicial, mejora la vida operativa a largo plazo, es más fácil de reparar, tiene un mejor mantenimiento y, por ejemplo, ya hay barcos en los que se utiliza el carbono y en los que se ha demostrado que al ser su peso inferior el consumo se reduce", especifican dos de los responsables de C-Tech en Cabanes. 

Ahora, tres años y medio después de establecerse en Castellón, de Beltrán y Soler miran al futuro con ilusión y ambición, y tienen claro que el medio plazo pasa por "en un periodo de dos o tres años, llegar al tamaño de Nueva Zelanda, donde cuentan con una plantilla de 55 trabajadores por los 21 que somos en Cabanes". 

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