VALÈNCIA. El ataque de Israel y EEUU al mayor yacimiento de gas del planeta y las consiguientes amenazas de Irán a más objetivos energéticos alimentan aún más, si cabe, el temido efecto mariposa sobre la economía mundial. En la plaza valenciana el sentimiento general es de contención y prudencia, pero la sucesión imparable de acontecimientos lleva a diversos expertos a posiciones muy variadas. Desde la máxima cautela en las bolsas a la espera de que pase la tormenta hasta un posible encarecimiento de los costes de financiación e incluso una reducción de la inversión en compañías que no cotizan en el parqué, pasando por la venta de bonos antiguos y el interés por la nueva deuda soberana.
José María Ferrer, director comercial de Work Capital, apunta a una menor inversión de la banca convencional en las empresas con mayor exposición al conflicto y una mayor apuesta por la deuda soberana ante la previsible subida de los tipos. Para Isabel Jiménez, directora general de la Fundación de Estudios Bursátiles y Financieros, algunos focos de riesgo pueden ser la retirada de los inversores en los fondos de 'private equity' (empresas que no cotizan en bolsa) por el cambio de perspectivas macro, así como en fondos de deuda privada (emisores de menor tamaño y mayor riesgo). "Hay que vigilar también el mercado asegurador por el incremento de los costes de transporte y los mercados de renta variable por efecto contagio de los sectores más afectados, como las aerolíneas", explica Jiménez, que pone también el acento en la cadena de suministro y señala que la renta fija no está actuando como refugio.
Más optimista es el análisis de Sergio Avilés, responsable de Renta Fija de Gescooperativo. Según indica, en las compañías de mayor calidad crediticia no se han observado repuntes significativos en los 'spreads' con respecto a la deuda pública ni en Europa ni en EEUU, lo que "pone de manifiesto" que los balances de las compañías son sólidos, el apalancamiento es bajo y que además poseen una amplia diversificación tanto de proveedores como de clientes que les "permite afrontar este tipo de situaciones con mayores garantías" que en épocas pasadas. "Más allá del efecto refugio que haya podido tener el dólar con una apreciación del 2% frente al euro, si el conflicto no se extiende demasiado en el tiempo, los posibles repuntes del coste energético para sectores industriales y el incremento de precios logísticos para empresas de distribución podrían ser absorbidos sin problema desde un punto de vista de márgenes empresariales", señala.
Para Avilés, al igual que para el resto de analistas, la duración del conflicto será lo que marque la diferencia. "En el caso de que se extendiera más allá de las seis semanas inicialmente previstas, habría que analizar las medidas que toman los diferentes países para paliar los efectos del incremento en precio de combustibles y de la energía y los efectos de segunda ronda que pudieran derivarse en la evolución de la inflación", agrega. A fecha de hoy, según Avilés, los bancos centrales a nivel general "no van a variar su política monetaria" en las próximas reuniones y la reserva federal de EEUU podría dilatar unos meses más las bajadas de tipos que ya anticipaba el mercado.

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- Foto: MOAWIA ATRASH / DPA
Al igual que apuntaba Ferrer respecto al mayor interés en deuda soberana, el responsable de Renta Fija de Gescooperativo (entidad de inversión colectiva que pertenece a Caja Rural) destaca que se han producido repuntes en las rentabilidades de la deuda pública europea en los tramos cortos de unos 38 puntos básicos. Por contra, en los tramos más largos, en concreto en el diez años, sí que parece que Alemania ha tenido un mejor comportamiento relativo que el resto de los países europeos con ampliaciones de 23 puntos básicos frente a los 30 de la media europea y más en concreto con respecto a Italia que ha ampliado 37 puntos básicos.
No obstante, el director adjunto del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie), Joaquín Maudos, señala que "aún es muy pronto" para vislumbrar los posibles cambios en las condiciones de financiación. Eso sí, la clave vuelve a estar en la duración del conflicto. "De momento hemos visto subidas del euríbor que de persistir se trasladarán al coste de la financiación. Si el conflicto persistiera y afectara a la inflación, se descuentan más subidas de tipos de interés", agrega el experto. Según indica, el mercado de bonos (renta fija) ha visto aumentar sus tipos de interés y eso también supone un aumento del coste de la financiación. "En resumen, el impacto de la guerra en el coste de la financiación va a depender de su duración, del impacto en la subida del precio de la energía, de su traslación a la inflación, y por esa vía, a la reacción de la política monetaria", remarca en declaraciones a ValenciaPlaza.
Por su parte, el catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Valencia, Vicente Pallardó, vaticina que los bancos no van a recomponer su cartera de activos por algo tan coyuntural como el conflicto en Oriente Próximo. "Salvo que se prolongue mucho la crisis", matiza el experto con este mensaje que se repite una y otra vez en cada análisis. Respecto a la posibilidad de que haya un trasvase de las inversiones a la deuda soberana, Pallardó indica que en época de tensiones "siempre se tiende a buscar activos refugio". Pero, en esta cuestión, son varios los expertos que destacan que los activos refugio no están actuando como tal.
Juan Luis Pastor, socio director de ATL Capital, incide en que el oro se ha depreciado y la deuda pública a largo plazo sufre ventas ante el temor de una inflación energética que mantenga los tipos elevados, dejando al dólar como único beneficiario real de la inestabilidad. En este contexto, el interés por los bonos del Tesoro sigue en el aire a la espera de próximas subastas, aunque las letras a corto plazo ya han comenzado a repuntar, escalando desde el 2% de finales de febrero hasta el 2,19% actual.
Para el tejido de pymes y empresas familiares de la región que buscan rentabilizar su liquidez sin asumir riesgos excesivos, la recomendación es la cautela extrema con el largo plazo, según Pastor. El analista descarta la inversión directa en bonos debido a su alta volatilidad y aconseja, en su lugar, priorizar activos de duraciones cortas y vehículos diversificados como los fondos de inversión. Esta estrategia busca proteger el capital de las empresas frente a unas perspectivas de tipos de interés que cambian casi a diario, oscilando de forma errática entre la previsión de nuevas subidas y el estancamiento.
Para Rafael Valera, de Buy and Hold, esta crisis dista considerablemente de la vivida con la invasión de Ucrania, a lo que se suma el escenario actual de elevada liquidez. "Eso sí, a España, Italia ni Francia nos interesa que suban los tipos. De hecho los tipos de deuda están subiendo bastante sin que el BCE haga nada. Los cortos plazos son los que más han subido en rentabilidad", explica el experto, quien destaca que actualmente hay más interés vendedor que comprador en lo que respecta a bonos del Estado. "Menor crecimiento y mayor inflación es el escenario que se está descontando en los mercados, pero hay que tener en cuenta que se descuentan cosas que finalmente no ocurren. De cada diez recesiones que descuentan los mercados se cumplen dos", apostilla Valera en una llamada a la calma.
En cuanto a la inversión en activos refugio, Valera destaca que lo más seguro es comprar petróleo o acciones de petroleras. Por lo que respecta a los bonos corporativos, subraya que la actividad es intensa. "En Europa Amazon está emitiendo diez mil millones de euros en bonos con una horquilla de plazo de uno a 38 años y están muy sobre suscritos" explica Valera, que indice en una valoración optimista. "El mercado de capitales está abierto. Cuando hay crisis muy gordas el mercado de capitales se cierra", puntualiza.