Fernando Arancón: "Castellón es un ejemplo de cómo diversificar la economía: tiene industria, turismo y agricultura"

Entrevista

EMPRESAS

El director del Orden Mundial analiza el contexto geopolítico global y su afección a las empresas de Castellón

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CASTELLÓ. El mundo está inmerso en un proceso de cambio. Los avances tecnológicos y la Inteligencia Artificial han modificado las reglas del juego. El tablero es el mismo pero suena otra música, y el escenario, tanto a nivel geopolítico como económico, se ha vuelto más "competitivo, inseguro y conflictivo". Es así como lo ve y lo expone Fernando Arancón, director de El Orden Mundial, a quien Castellón Plaza ha tenido la oportunidad de entrevistar con motivo de su participación en "Claves para entender un mundo hiperconectado", la jornada que el CEEI Castellón organiza este 2 de octubre en la Blue Tech Zone de Oropesa del Mar. 

Arancón repasará en una ponencia el modo en el que la tecnología está transformando, no solo la forma en la que trabajamos y nos comunicamos, sino también el equilibrio económico, político y estratégico entre países. Sin embargo, antes ha atendido a este diario no solo para anticipar algunos de los detalles de su charla, sino también para analizar cómo Castellón y la industria cerámica pueden subirse a un tren que está en marcha y que, al menos por ahora, no cuenta con paradas planificadas.    

-Con la primera no voy a ser muy original, ¿cómo la tecnología está cambiando el mundo a nivel geopolítico?

-Estamos inmersos en un proceso al que podemos llamar 'pequeña revolución industrial' y que está impulsado por la Inteligencia Artificial. Diría que estamos en un momento incluso más poderoso que cuando vivimos el auge de Internet y produjo un cambio en la economia global. Los cambios tecnológicos se están produciendo en un contexto de competencia geopolítica en el que las grandes potencias saben que conseguir esa primacía tecnológica les va a abrir la puerta a una primacía económica, política y geopolítica. Por lo tanto, estar a la cabeza de esas nuevas mejoras tecnológicas o ser los primeros en adoptarlo de manera satisfactoria o exitosa, ahora mismo es una garantía o al menos un incentivo para conseguir ese dominio político.

-Hablas de un escenario internacional marcado por cinco factores: la aceleración tecnológica, la inteligencia artificial, la dependencia digital, la desinformación y las nuevas tensiones entre potencias. ¿En qué punto dirías que estamos y cómo están condicionando estos agentes el tablero del juego?

-El momento actual tiene un problema y es que estamos en un periodo de transición. Sabemos de dónde venimos pero no muy bien hacia dónde vamos, y esa incógnita es la que creo que ahora mismo lo marca todo. Es decir, sabemos que el orden liberal que viene del 1945 está llegando a su fin, pero no sabemos si ha llegado ya o si lo hará pronto, pero sí que está en un punto muy deteriorado, y tampoco sabemos qué nuevo orden internacional vamos a tener. 

Es en ese momento de inestabilidad, de inseguridad y de cambio es en el que la Inteligencia Artificial está proporcionando un salto tecnológico y en el que cada vez más vemos como distintos factores que antes podíamos entender como civiles o que solo afectaban a la economía son instrumentalizados. La desinformación, pero también la Inteligencia Artificial, las materias primas y hasta los estrechos geográficos son utilizados como armas por las potencias para obtener esa ventaja competitiva, ese mejor posicionamiento en el contexto internacional. Esto nos lleva a un mundo mucho más inseguro, más conflictivo, más delicado y más incierto, donde la anticipación y una visión más estratégica es fundamental. 

-La tecnología ha pasado de ser un sector económico a convertirse en, no sé si la principal, pero sí una de las principales herramientas de poder geopolítico. Entiendo que son potencias como Estados Unidos y China las que lideran esta carrera, ¿no? ¿Dónde quedan aquí Europa y España?

-Sí, sin duda. Estados Unidos y China son las dos grandes potencias que ahora mismo están compitiendo por esa primacía tecnológica, económica y geopolítica. Europa, ¿dónde queda? Pues en un lugar bastante delicado, porque Europa es claramente una de las potencias 'declinantes' por así decirlo, de las perdedoras del colapso del orden internacional del que venimos. Estamos intentando comprobar, un poco a la desesperada, cuál es nuestro papel en este nuevo mundo y la verdad es que no lo tenemos nada claro. No tenemos un plan y hay mucha desunión. No hay que olvidar que cuando hablamos de Europa hablamos de 27 países miembros, cada uno con su visión, su prioridad, su estrategia, su cultura, sus intereses y su contexto. Estados Unidos es uno, China es uno, y eso ayuda a tener esa voz única.

Ahora mismo, Europa es una entidad muy atomizada y que no funciona de manera coordinada, unida y con una visión estratégica. A eso se suma el auge de nuevas potencias que hasta hace unas pocas décadas eran países muy poco relevantes y que están ganando mucho peso. Hablo de Israel, Turquía, Irán, Emiratos Árabes, Arabia Saudí, Corea del Sur o India, actores de media tabla que sí que tienen capacidad para competir con Europa en mucha mayor igualdad de condiciones que hace, por ejemplo, 30 años. Y claro, eso deja un mundo mucho más competitivo.

-Hablando de China, publicabais la semana pasada en el Orden Mundial cómo los avances tecnológicos del país asiático dejaron asombrado al canciller alemán, Friedrich Merz, hasta el punto de declarar que "Europa ya no es lo suficientemente productiva". Entiendo que esto debería preocuparnos y la UE ponerse las pilas...

-Sí, y aquí el gran problema de Europa es que no sabe que tiene que ponerse las pilas, qué activos o qué ventajas aprovechar para seguir compitiendo en este mundo. Seguimos centrados en el pánico a perder los estados de bienestar sin caer en la cuenta de que los estados de bienestar son posibles gracias a que tú tienes una economía competitiva, de valor añadido y que funcione. Esto, en un contexto en el que tú eras el que mandabas y no tenías que competir pues era cómodo, pero ahora nos han cambiado la música del juego y tenemos que competir con un montón de países y con potencias como Estados Unidos y China.

Europa tiene capacidades competitivas, sectores muy potentes, punteros a nivel de economía terciarizada y muy buenas universidades. Sin embargo, la desunión política, la falta de visión estratégica y esta especie de fase de negación de "esto se está terminando, no nos hemos dado cuenta y no nos hemos puesto a trabajar para organizar y anticiparnos al mundo que viene" va a pasar factura.

-Hablemos de la Inteligencia Artificial, pues es un agente que ha revolucionado el mundo a todos los niveles y que podríamos decir que está todavía en una fase 'embrionaria'. ¿Cómo dirías que ha afectado su 'boom' a nivel geopolítico y qué implicaciones tiene a nivel empresarial?

-Lo curioso, lo preocupante y lo bonito a la vez es que, en muy pocos años, hemos visto cómo ha cambiado la Inteligencia Artificial. ¿Dónde estaremos en cinco o en diez? No lo sé, pero lo que si creo es que tampoco conviene caer en un relato de "esto va a ser todo fantástico y genial". Estamos en un contexto internacional más competitivo, más inseguro y más incierto, por lo que el desarrollo de la Inteligencia Artificial se va a enmarcar en ese contexto y va a ser instrumentalizado como arma para los intereses y objetivos de las potencias. A nivel empresarial, quién sepa integrarla en sus procesos va a dar un salto espectacular y quién no se quedará atrás muy rápidamente.

-¿Qué retos y oportunidades dirías que introducen la Inteligencia Artificial y la 'revolución tecnológica' en la que estamos inmersos para las empresas, profesionales e instituciones de Castellón? 

-A Castellón no lo solemos tener como ejemplo, pero yo sí creo que lo es a nivel de cómo diversificar la economía, porque Castellón tiene industria, tiene turismo y tiene agricultura, y creo que es un buen ejemplo para España acerca de cómo tener representatividad en muchos sectores para diversificar riesgos y ser más resilientes.

En Castellón también se ve uno de los principales problemas de España. Somos muy dependientes de las pymes y eso, en un mundo mucho más competitivo, nos perjudica al estar la pyme en una peor posición que una empresa mucho más consolidada y de mayor tamaño. Quizás debamos perseguir el objetivo de ir agregando capacidades y, en vez de tener diez empresas medianas, tener tres grandes porque eso, a nivel nacional y especialmente a nivel internacional, te va a dar una capacidad muchísimo mayor de exportar, de invertir, de aguantar y de anticipar riesgos. 

-Una provincia pequeña como es la nuestra, ¿puede verse más afectada o tener más dificultades para hacer frente a todos estos cambios? 

-El tamaño geográfico o demográfico no creo que sea tan importante. Es cierto que influye, pero más como valor añadido. Los territorios tienen que empezar a entender y a integrar cuál es su capacidad competitiva y su valor añadido en un mundo más competitivo, inseguro e incierto. Necesitamos ir construyendo hubs específicos para ir integrando capacidades y aprovechar economías de escala en lugares muy específicos porque si no es cuando llega la despoblación, pues la gente ve que su ciudad no tiene ningún tipo de futuro y se mueve a lugares donde sí ve esas capacidades, esas economías de escala que sí que están integradas.

-Una última, también vinculada con Castellón y su industria más potente, la cerámica. De forma reciente, analizasteis el sector con la ayuda de Ascer en un episodio de vuestro podcast titulado 'La geopolítica de la cerámica: de la porcelana a las naves espaciales'. ¿Cómo resumirías a los castellonenses la situación de su principal activo económico?

-El sector cerámico tiene retos importantísimos, como son la provisión de materias primas, el coste de la electricidad o la descarbonización. Son retos evidentes y que debe preparar además de estar pendiente del contexto internacional para intentar anticiparlo. A la vez también me parece un ejemplo muy interesante de esa especialización que comentábamos. A lo mejor, si Castellón ya tiene ese know-how y ese tejido, no solo industrial sino también cultural, pues debe apostar y decir "mira, vamos a ser el punto de referencia para Europa e idealmente para el mundo a nivel de trabajar con cerámica. No vamos a hacer otra cosa y todo el ecosistema local se va a centrar en la cerámica". Eso tiene una oportunidad, pues si tu apuesta sale bien vas a ser una referencia internacional para ese sector, pero tiene el riesgo de que si sale mal te caes con todo el equipo. 

Aquí también entra en juego otro factor: el tener esa capacidad o esa visión de creer que un sector va a ser puntero durante los próximos 50 años e invertir los recursos necesarios para llegar a liderarlo. Si esa es la creencia o la conclusión, Castellón tiene ahí una oportunidad muy evidente que puede aprovechar. Si no, antes o después, alguien en otro sitio verá esa oportunidad y decidirá invertir. Pueden ser chinos, pueden ser indios, pueden ser indonesios, pueden ser ucranianos o puede ser quien sea, pero si esa oportunidad existe realmente y nosotros no la aprovechamos, otro país lo hará y se convertirá en ese campeón de la cerámica.

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