Valyra Aerospace revoluciona las aeronaves no tripuladas para vigilancia y emergencias con el impulso de la ESA y el Aeropuerto de Castellón

EMPRESAS

La spin-off de la UPV, seleccionada en la segunda fase de la incubadora ESA BIC Valencia Region desarrolla aeronaves no tripuladas de despegue vertical y prepara sus primeras grandes ventas para 2027

  • Aeronave no tripulada diseñada por Valyra Aerospace.
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CASTELLÓ. Entre un dron convencional y un helicóptero existe un espacio que Valyra Aerospace quiere ocupar. La empresa valenciana, nacida como spin-off de la Universitat Politècnica de València (UPV), desarrolla aeronaves no tripuladas capaces de despegar y aterrizar verticalmente, pero con la configuración y prestaciones de un avión, con el objetivo de llevar las operaciones de vigilancia y reconocimiento mucho más lejos que las soluciones convencionales. Con este proyecto, la firma ha conseguido ser seleccionada en la segunda fase de la incubadora de empresas aeronáuticas y aeroespaciales ESA BIC Valencia Region impulsada por la Agencia Espacial Europea en el Aeropuerto de Castellón.

La compañía, constituida en 2024 tras más de ocho años de trayectoria previa de sus fundadores en el ámbito universitario y de la investigación, trabaja actualmente en una plataforma de unos tres metros concebida para operar en entornos críticos. Su aspiración es que estas aeronaves puedan funcionar con lluvia, viento y otras condiciones adversas y, en una siguiente evolución, incluso despegar desde la cubierta de un buque.

“Son los ojos en el cielo”, explica Joan Albert Such, uno de los socios fundadores y co-CEO de Valyra Aerospace, junto a sus socios José Domingo Cerdán y Mario Sepúlveda. La idea resume buena parte de la propuesta de la compañía: disponer de una plataforma capaz de permanecer en el aire y cubrir grandes distancias para proporcionar información en tiempo real sin recurrir a los costes y recursos de una aeronave tripulada.

Un hueco entre el dron y el helicóptero

Valyra ha identificado precisamente ese vacío como una de las principales oportunidades de mercado. Los drones comerciales permiten realizar determinadas operaciones de vigilancia e inspección, pero sus prestaciones, autonomía, fiabilidad y posibilidades de operación limitan su utilización cuando la misión exige recorrer grandes distancias o desarrollarse en escenarios complejos. En el extremo contrario se encuentran los helicópteros y otras aeronaves tripuladas, que ofrecen unas capacidades muy superiores pero con un coste operativo mucho mayor.

“No buscamos reinventar la rueda, sino aprovechar nuestro conocimiento y las capacidades de nuestro equipo de I+D+i para hacer las cosas bien”, resume Such. Para ello, la empresa está aplicando a sus aeronaves criterios propios de la ingeniería aeronáutica: componentes fiables, protocolos de seguridad y una concepción orientada a que las plataformas puedan avanzar hacia mayores niveles de certificación y operar en misiones de largo alcance.

El objetivo es que un operador pueda, por ejemplo, enviar la aeronave a realizar una inspección a kilómetros de distancia, incluso sobre el mar, y disponer de una plataforma preparada para afrontar los requisitos técnicos y regulatorios que implica este tipo de operación.

Incendios, narcotráfico e infraestructuras energéticas

Las aplicaciones potenciales abarcan distintos ámbitos. Uno de los que la compañía considera más evidentes es la lucha contra los incendios forestales. Valyra detecta un espacio entre los drones pequeños, los aviones y los helicópteros que actualmente participan en estas operaciones.

Una aeronave como la que desarrolla la compañía podría incorporar cámaras de alta resolución y sistemas de visión infrarroja para detectar focos, vigilar la evolución del fuego y proporcionar información para coordinar los medios desplegados. Todo ello con la posibilidad de permanecer en vuelo durante largos periodos y cubrir grandes superficies. “Hace falta una aeronave como las nuestras volando de manera segura”, señala Such, que considera que las emergencias climáticas constituyen otro de los campos con mayor potencial.

La vigilancia marítima es otro de los mercados que Valyra tiene en el radar. La compañía ha detectado interés entre los cuerpos y fuerzas de seguridad para utilizar este tipo de plataformas en operaciones de vigilancia frente al narcotráfico, especialmente en zonas como el Estrecho. La posibilidad de operar desde la costa o, en el futuro, desde buques permitiría ampliar la capacidad de monitorización sin desplegar permanentemente aeronaves tripuladas.

A ello se suma un tercer ámbito: la inspección de infraestructuras energéticas. Líneas eléctricas, instalaciones alejadas, plataformas offshore y otras infraestructuras de difícil acceso pueden requerir actualmente desplazamientos de helicópteros o aviones. Valyra plantea utilizar sus plataformas para realizar estas operaciones con un coste sensiblemente inferior.

Del laboratorio universitario a una empresa aeroespacial

La trayectoria de Valyra no comenzó con su constitución como compañía. Sus fundadores llevan más de ocho años trabajando en el ámbito de la aeronáutica. El proyecto surgió inicialmente como un equipo de estudiantes de grado y máster en la UPV, HORUS UPV, desde donde fueron adquiriendo experiencia en diseño y desarrollo de aeronaves.

Posteriormente, el trabajo continuó en el ámbito investigador y permitió desarrollar tecnologías que acabarían formando parte de la propuesta empresarial, entre ellas las relacionadas con la propulsión mediante hidrógeno.

  • Joan Albert Such, José Domingo Cerdán y Mario Sepúlveda, fundadores de Valyra Aerospace. 

Tras pasar también por la industria y mantener su vínculo con los centros de investigación de la UPV, los fundadores detectaron una oportunidad para trasladar ese conocimiento al mercado. Así nació Valyra Aerospace, constituida en noviembre de 2024.

La relación con la universidad continúa siendo una pieza fundamental del proyecto. La empresa mantiene sus instalaciones en la propia UPV, trabaja con grupos de investigación y cuenta con estudiantes en prácticas. Para Such, esta relación genera una “simbiosis” que permite a la compañía mantener el acceso al conocimiento y al talento universitario mientras devuelve al ecosistema parte de la experiencia adquirida en el desarrollo empresarial.

El siguiente salto: producir y vender

Valyra se encuentra ahora en una fase de transición entre la investigación y la comercialización. La plataforma actual está entrando en producción y la compañía trabaja con unidades experimentales que ya permiten realizar demostraciones con potenciales operadores y avanzar en la negociación de sus primeros contratos.

La empresa ya ha firmado un primer contrato de I+D+i y contempla para 2027 la llegada de contratos de mayor dimensión, con operaciones que podrían situarse cerca de las siete cifras. Antes, su hoja de ruta pasa por dedicar los próximos meses a realizar demostraciones y validar la robustez de la plataforma antes de afrontar el salto a la producción en serie.

El proyecto cuenta además con capital valenciano y con inversores que, según explica Such, aportan no solo financiación sino también contactos y conocimiento para facilitar la entrada de la compañía en mercados especialmente complejos, como el gubernamental.

La estrategia pasa por consolidar primero el mercado nacional y, posteriormente, abrir la puerta a otros mercados internacionales.

Una apuesta por fabricar tecnología aeroespacial en la Comunitat

La dimensión territorial es otra de las apuestas de Valyra. La compañía quiere mantener en la Comunitat Valenciana el núcleo de su actividad y centralizar aquí tanto como sea posible su producción.

La estructura de sus aeronaves y buena parte de la electrónica crítica se desarrollan en España, mientras que determinados componentes proceden de otros proveedores europeos. La empresa reivindica así una cadena de suministro europea y una producción vinculada al territorio valenciano.

“No buscamos solo ser proveedores de plataformas”, explica Such. La ambición es desarrollar capacidades propias que permitan a Valyra crecer en distintas áreas, desde los sistemas electrónicos y propulsivos hasta las propias aeronaves, y contribuir al mismo tiempo a reforzar un sector aeronáutico y aeroespacial todavía en crecimiento en la Comunitat Valenciana.

El impulso de la ESA BIC y el Aeropuerto de Castellón

En esta estrategia de crecimiento encaja su incorporación a la segunda edición de la incubadora ESA BIC Valencia Region, cuya principal sede se encuentra en el Aeropuerto de Castellón.

Para Valyra, el programa está aportando especialmente valor en un ámbito que puede resultar determinante para el futuro de sus aeronaves: las comunicaciones por satélite. Una plataforma capaz de recorrer grandes distancias necesita también garantizar que puede mantener las comunicaciones con el operador.

La compañía está trabajando con el ecosistema vinculado a la Agencia Espacial Europea y con empresas especializadas en comunicaciones por satélite para adaptar estas tecnologías a aeronaves mucho más pequeñas que los sistemas para los que tradicionalmente se han diseñado. El reto ahora consiste, tal y como explica Such, en trasladar esas capacidades a una plataforma que pesa una fracción de esos sistemas y hacerlo de forma eficiente.

En apenas unos meses dentro de la ESA BIC, la compañía asegura haber podido definir mejor su estrategia en este campo y establecer contactos con actores europeos que pueden resultar clave para futuros desarrollos.

Aunque todavía no ha comenzado a realizar pruebas directamente en las instalaciones del Aeropuerto de Castellón, Valyra ya identifica posibles proyectos que podrían desarrollarse en colaboración con el recinto aeroportuario. La compañía considera, de hecho, que el aeropuerto puede desempeñar un papel relevante para impulsar el desarrollo de la industria aeroespacial valenciana.

Con una plataforma que busca convertirse en una alternativa intermedia entre el dron y el helicóptero, Valyra afronta ahora la etapa decisiva: demostrar que la tecnología desarrollada durante años en el entorno universitario puede transformarse en un producto comercial, fabricar esas aeronaves en la Comunitat Valenciana y conseguir que los primeros contratos de gran dimensión previstos para 2027 sean el punto de partida de una compañía aeroespacial con vocación internacional.

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