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El envejecimiento abre un nuevo mercado aún por interpretar: del 'senior living' a la robótica asistencial

Desayuno "Silver economy, productos y servicios a partir de los 50"

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VALÈNCIA. El envejecimiento de la población se ha convertido en uno de los grandes retos demográficos de las próximas décadas, pero también en una oportunidad económica capaz de generar nuevos productos, servicios y modelos de negocio. La denominada silver economy, vinculada a las necesidades y demandas de las personas mayores de 50 años, centró el debate bajo el título "Silver economy, productos y servicios a partir de los 50" , en el que expertos de ámbitos tan diversos como la salud, la psicología, el deporte, el turismo, la atención a la dependencia o las finanzas coincidieron en que la sociedad todavía no ha sabido interpretar plenamente el potencial de un colectivo cada vez más numeroso, activo y con una esperanza de vida creciente.

En el desayuno, organizado por 'Foro Plaza' en el hotel SH Valencia Palace, participaron Javier Sánchez, director del Instituto de Biomecánica de Valencia (IBV); Nuria Tordera, doctora en Psicología y profesora titular de la Universitat de València; Soledad Alonso, directora gerente de Gesmed; Jesús Ferrer, CEO de SUMA Fitness Club; Pedro Gómez, cofundador de Pensium; y Javier Vallés, director general de SH Hoteles. Todos ellos analizaron cómo se puede aprovechar una tendencia que conecta sectores tan diversos como la salud, la actividad física, la tecnología, la vivienda, el turismo y los servicios asistenciales.

El punto de partida fue claro: la longevidad ya no puede entenderse únicamente desde la óptica sanitaria. Javier Sánchez, del IBV, defendió que la verdadera transformación pasa por conseguir una "longevidad saludable", es decir, una vida más larga en la que las personas mantengan su autonomía y calidad de vida durante más tiempo. Sin embargo, reconoció que muchas empresas todavía no han encontrado la manera de conectar con este público. "Probablemente es difícil de entender porque estamos mirando el envejecimiento por el retrovisor", afirmó. En su opinión, existe un amplio espacio para desarrollar productos y servicios orientados a mejorar el bienestar de las personas mayores, apoyándose en herramientas como la medición de la salud funcional, la tecnología o la futura implantación de la robótica asistencial. "La robótica asistencial va a venir y va a llegar a los domicilios", aseguró.

Una cuestión de identidad

La necesidad de cambiar la forma de hablar del envejecimiento fue una de las principales conclusiones del encuentro. Nuria Tordera, de la Universitat de València, consideró que uno de los mayores obstáculos para el desarrollo de la silver economy es precisamente la percepción social de la edad. "Nadie quiere ser viejo en una sociedad cada vez más envejecida", señaló. A su juicio, los mensajes centrados exclusivamente en las limitaciones o la dependencia difícilmente conectarán con una población que cada vez disfruta de más años de vida activa.

La profesora de la Universitat de València defendió la necesidad de construir una identidad positiva vinculada a la experiencia, el aprendizaje continuo y la participación social. También destacó el potencial de las relaciones intergeneracionales en una sociedad donde conviven más generaciones que nunca. "Tenemos que entender que hay que hablar no solo de las pérdidas, sino también de las ganancias", explicó. Además, subrayó que el envejecimiento debe abordarse desde etapas mucho más tempranas de la vida, incorporando actuaciones en ámbitos como la educación, el empleo o la tecnología.

La tecnología apareció de forma recurrente a lo largo del debate, aunque con una idea compartida por varios participantes: la innovación debe servir para reforzar la autonomía de las personas, no para sustituir el componente humano. Soledad Alonso, de Gesmed, recordó que la atención a la dependencia sigue siendo una actividad intensiva en personas y difícilmente reemplazable. "Lo que más valora la población dependiente es esa atención", afirmó. Aunque reconoció los avances que la digitalización ha aportado en la gestión de los servicios, consideró que el factor humano seguirá siendo determinante.

La directora gerente de Gesmed destacó además el cambio de paradigma que está viviendo el sector asistencial, cada vez más orientado a situar a la persona en el centro de la atención. "Tradicionalmente se buscaba más cómo cumplir los turnos de trabajo que lo que realmente quería la persona", explicó. También apuntó al potencial de nuevas herramientas como los exoesqueletos o las plataformas que permiten personalizar actividades y servicios en función de los gustos y preferencias de cada usuario.

El deporte como inversión en salud

El envejecimiento activo también ocupó una parte importante del debate. Jesús Ferrer, de SUMA, explicó que cerca del 40% de los usuarios de SUMA Fitness Club tiene más de 50 años y que alrededor del 15% supera los 65 años, una realidad que ha obligado a adaptar programas y servicios. "Al final, hay tantas variables dentro de este mercado que es complicado hacer algo concreto; lo importante es generar hábitos saludables", señaló.

El responsable de la cadena deportiva defendió que la actividad física debe entenderse como una herramienta preventiva capaz de reducir la dependencia y mejorar la calidad de vida. "La mejor póliza de seguro es una vida sana, activa y saludable", afirmó. Ferrer destacó además el potencial de la inteligencia artificial para personalizar entrenamientos y adaptar las recomendaciones a las características de cada usuario, aunque reconoció que todavía queda recorrido para aprovechar todo el potencial de los datos disponibles. "La tendencia es hacia una personalización cada vez mayor", añadió.

La sostenibilidad económica del envejecimiento fue otro de los asuntos abordados. Pedro Gómez, de Pensium, puso el foco en las dificultades que encuentran muchas personas para afrontar servicios asistenciales intensivos cuando llegan a edades avanzadas. "Hay que identificar bien los problemas a los que hay que dar respuesta", afirmó. En este sentido, defendió la utilidad de instrumentos como la hipoteca inversa, la nuda propiedad o los anticipos de alquileres para complementar los ingresos de los mayores y facilitar el acceso a cuidados de larga duración.

El cofundador de Pensium advirtió además de que el envejecimiento plantea desafíos de gran calado para las cuentas públicas. "El Estado no va a llegar a todo", señaló durante su intervención, al tiempo que defendió la necesidad de aumentar la productividad económica y buscar nuevas fórmulas que permitan sostener el incremento de la demanda asistencial. A su juicio, la silver economy debe convertirse en una estrategia transversal capaz de movilizar recursos de múltiples sectores económicos. "Tiene que ser un tema país", resumió.

La oportunidad del 'senior living'

Por su parte, Javier Vallés explicó que el sector hotelero y residencial ya está detectando nuevas demandas asociadas al envejecimiento. "Dentro del flexliving, ahora mismo lo que se está imponiendo son los senior living", afirmó. Se trata de complejos residenciales diseñados para personas que han terminado su vida laboral y buscan combinar independencia, servicios y espacios de convivencia.

Según explicó el director general de SH Hoteles, estos modelos surgieron inicialmente en países centroeuropeos cuyos ciudadanos buscaban entornos más amables desde el punto de vista climático y de calidad de vida. "Los senior living son un entorno amable para aquella gente que ha dejado de trabajar y busca compartir cuando quiere y estar sola cuando quiere", resumió. Vallés defendió que la Comunitat Valenciana reúne muchas de las condiciones necesarias para atraer este tipo de desarrollos, aunque insistió en la necesidad de acompañarlos con infraestructuras adecuadas y una estrategia territorial coherente. "Hay muchas poblaciones cercanas a los grandes núcleos urbanos que pueden convertirse en espacios muy atractivos para este tipo de proyectos", señaló.

En las conclusiones finales, los participantes coincidieron en que la silver economy del futuro será mucho más diversa de lo que tradicionalmente se ha entendido como mercado sénior. Javier Sánchez apuntó que el objetivo debe ser mejorar la calidad del tiempo de las personas y favorecer actividades saludables y placenteras durante más años. Nuria Tordera defendió que será necesario diversificar el concepto de sénior para responder a situaciones muy distintas relacionadas con el trabajo, el ocio, la dependencia o la discapacidad. Jesús Ferrer insistió en la importancia del ejercicio físico para combatir la sarcopenia y prolongar la autonomía personal, mientras que Pedro Gómez situó la economía de la salud y la autonomía como uno de los grandes vectores de crecimiento de las próximas décadas.

Por su parte, Soledad Alonso introdujo un elemento adicional: la dimensión territorial. "Tenemos que poner mucha más mirada en el interior", afirmó, recordando que algunas de las zonas más envejecidas que se encuentran fuera de las grandes áreas urbanas. Finalmente, Javier Vallés apuntó que las nuevas generaciones de jubilados buscarán cada vez más experiencias, servicios y espacios de convivencia adaptados a sus necesidades. Una transformación que, según coincidieron los participantes, abre la puerta a un mercado cada vez más amplio en el que convergen salud, tecnología, turismo, vivienda y bienestar.

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