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El pulso de la IA en los servicios profesionales: ¿herramienta de trabajo o amenaza para el talento humano?

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VALÈNCIA. La irrupción de la inteligencia artificial generativa está reconfigurando las reglas del juego en los servicios profesionales. Para analizar este cambio de paradigma, ValenciaPlaza organizó un desayuno de debate en el marco de la iniciativa Foro Plaza, celebrado en el HUB Banco Sabadell de València. Moderado por Eugenio Mallol, periodista y coordinador del foro, el encuentro reunió a destacados expertos del ámbito jurídico, la auditoría y la tecnología para abordar las incertidumbres, retos deontológicos y la obligada reestructuración del talento que trae consigo esta revolución tecnológica.

El desafío de la fiabilidad, la deontología y el criterio humano

El debate arrancó con el bloque de desafíos, donde se comparó la llegada de la IA con hitos pasados. Francisco José Adán, miembro de la comisión ejecutiva de la Sección de Digital del Colegio de Abogados, equiparó la situación a cuando surgieron las bases de datos: "Lo razonable es acudir a esa herramienta tecnológica que te facilita". Sin embargo, advirtió del riesgo de la confianza ciega, señalando que si el cliente sale afectado por un resultado negativo, es un problema grave. Por ello, destacó el orgullo de ser "los primeros en Europa en generar un código blanco de esas características", donde la honestidad y la calidad del dato son fundamentales para un buen output.

Por su parte, Francisco Soler, socio y codirector de la Comunidad Valenciana y Región de Murcia de E&Y Abogados, apuntó que, aunque la abogacía puede verse más afectada, los retos de la IA son similares a los de cualquier prestación de servicios profesionales. El socio advirtió que la tecnología abre un negocio importante con clientes que quieren integrarla, pero insistió en que "asegurarse de que el resultado que se entrega al cliente es adecuado es muy importante; las consecuencias pueden ser fatales". Para Soler, la clave de la diferenciación radicará en la revisión adecuada por parte de profesionales experimentados, vislumbrando una mayor amenaza para los despachos pequeños debido a su menor capacidad de contar con equipos sénior para realizar esa criba.

Desde el ámbito de la auditoría, Pablo Marco Montoya, socio de PWC, recordó que operan en un entorno estrictamente regulado. Su foco actual está en la explicabilidad: "Estamos trabajando en cómo explicar a nuestros auditores el resultado que estamos entregando; que lo que vaya a salir al cliente tenga unos ojos humanos".

La visión más disruptiva la aportó Carlos Pujadas, CEO de Laberit, quien identificó dos cuestiones básicas. La primera, de supervivencia, al augurar que "dentro de un año no habrá nada que no pueda hacerte la IA en abogacia", lo que abrirá la competencia a nuevos operadores jurídicos y empresas tecnológicas. La segunda es la deontológica y de soberanía digital, al tratarse de tecnologías no europeas. "Todos los outputs que hacía ChatGPT quedaban retenidos para determinar la infracción de derechos de propiedad intelectual", recordó Pujadas, criticando que una profesión regulada no puede escudarse ante un cliente en un contrato extranjero de confidencialidad mientras los datos están bajo control externo.

Frente a la postura de la automatización total, Lorena Colomer, socia de Garrigues, mostró su discrepancia con Pujadas al defender el valor insustituible del criterio humano. "La IA no tiene criterio, procesa datos y estructura información. Hay un tema en el que en el derecho las cosas no son negras o blancas, hay que definir un criterio difícilmente trasladable a la IA", argumentó, haciendo referencia a la experiencia y el conocimiento del cliente y del sector. Colomer ejemplificó la opacidad actual de la herramienta explicando que, a veces, "te hace un informe y la primera página está bien, pero sigues leyendo y empiezas a ver que no está bien estructurado". Ante esto, Soler apostilló con agudeza que "ese 5% [de error] puede hacer que la demanda tenga éxito".

La brecha digital: del sector privado a la parálisis pública

El moderador, Eugenio Mallol, introdujo en la conversación la brecha entre el sector privado y el público, así como la transformación de la relación con los clientes. Vicente Vercher, representante del Colegio de Graduados Sociales, aportó una dosis de cruda realidad institucional al recordar que, al final, el informe lo firma el profesional. Vercher denunció que los juicios laborales "están peor que nunca" y lamentó las disfunciones entre la administración autonómica y estatal: "Se están invirtiendo cifras millonarias para digitalizar el papel y el resultado inicial es desastroso, con funcionarios desesperados" o a punto de jubilarse sobrepasados por la situación. Según el representante del colegio, las demandas en el ministerio llevan tres años intentando parametrizarse sin éxito, concluyendo que la falta de un expediente digital paraliza el avance tanto en el sector público como en el privado.

En contraste, Carlos Rodríguez, socio de Andersen, defendió el avance imparable de la tecnología, asegurando que "la IA está mejorando sus modelos fundacionales". Ante la afirmación de Pujadas de que la profesión cambiará radicalmente y que la IA asumirá el 80% del trabajo del abogado, Soler matizó que esa discusión es operativa: la verdadera diferencia entre despachos no será tener una IA que lea miles de correos, sino el criterio humano aportado tras la lectura del informe.

Reconfiguración de estructuras: ¿El fin de la pirámide corporativa?

El impacto en el empleo y las estructuras organizativas centró gran parte del debate. Respecto a si la automatización reducirá las plantillas, el socio de PWC fue tajante: "La firma de servicios que decida quedarse solo con el 20% de su plantilla creo que es un error". Para Marco, el valor real reside en el tú a tú con el cliente, y el objetivo debe ser usar la tecnología para que los profesionales trabajen más relajados.

Sin embargo, Colomer desmontó el mito de la idílica reducción de jornada citando un informe de Harvard: "No hay una reducción de contratación ni una mejora de la calidad de vida". Lo que sí está ocurriendo, según la socia de Garrigues, es que la IA descarga a los abogados jóvenes de las tareas más repetitivas y que aportan poco valor, ayudando a retener un talento júnior que busca motivación.

Soler se mostró igualmente escéptico sobre la reducción del estrés: "Hacemos el triple de lo que hacíamos antes pero trabajamos las mismas horas". No obstante, el socio de E&Y Abogados reveló un impacto directo en la estructura de las firmas: "En estos dos años en E&Y contratamos un 5% o 10% más de gente... pero la cadena de valor cambia, se desplaza hacia arriba y necesitamos más gente senior". Esto provoca que las estructuras dejen de ser piramidales para convertirse en troncos o pirámides invertidas, lo que permitirá subir los precios de los servicios. Sin embargo, dejó una pregunta incómoda en el aire: "Si se dejan de contratar juniors, ¿cómo vamos a tener seniors?".

Para ilustrar el alcance de esta metamorfosis, Pujadas recurrió al sector médico mencionando a Ofia, un copiloto de IA que escucha la consulta, rellena informes y ofrece impresiones diagnósticas leyendo todo el historial del paciente. "¿Va a ser el médico el complemento de la IA o la IA el complemento del médico?", planteó el CEO de Laberit. Rodríguez, socio de Andersen, corroboró esta dimensión exponencial del trabajo desvelando que ya existen "IAs que revisan IAs" y que, en su caso, gestiona un volumen ingente de expedientes de regulación en un banco gracias a la integración de inteligencia artificial.

Democratización, especialización y el futuro del modelo de negocio

El debate también se adentró en si la IA será una barrera de entrada o un elemento democratizador. Colomer sostuvo que los despachos que invierten en IA destinan grandes sumas de dinero, creando una "barrera de entrada brutal". Añadió que los modelos potentes se nutren del conocimiento interno de las firmas y sus casos históricos, por lo que una IA generalista no puede competir. Rodríguez coincidio en que los grandes despachos optan por desarrollar su propia IA estratégica en lugar de soluciones comerciales como Harvey, debido a que el conocimiento fluye y aprende de la innovación de otros.

En cambio, desde la perspectiva de la abogacía de menor tamaño, Adán apuntó que el pequeño abogado históricamente ha demostrado capacidad de romper sistemas establecidos (como ocurrió con las ejecuciones hipotecarias) y sugirió que el júnior que ya no sea contratado por grandes firmas podría independizarse y asumir volumen de trabajo gracias a la IA, aunque tenga que competir con la marca de una gran firma. Soler concluyó el bloque afirmando que la clave del futuro no dependerá del tamaño, sino de la especialización.

El cierre del Foro Plaza miró hacia el futuro de la criminalidad y la gestión del tiempo. Ante la pregunta de Mallol sobre las nuevas formas de delito, los ponentes coincidieron en el riesgo de la ciberseguridad, los datos biométricos (Colomer) y la suplantación de identidad por voz y vídeo (Pujadas). Soler alertó de que "la IA genera una capacidad de cometer delitos e infracciones de forma exponencial".

Finalmente, respecto a cómo afectará a los precios y al tiempo libre, las opiniones volvieron a converger en el valor. Mientras algunos señalaron que el peligro estará en lo inmaterial, Soler y Pujadas coincidieron en que el mercado evolucionará: "Vamos a pasar del tiempo al valor". La optimización del tiempo no significará necesariamente trabajar menos, sino sustituir las tareas automatizables por un servicio de mayor calidad, blindando la deontología para no defraudar la confianza del cliente.

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