La innovación busca "autopistas de conexión" entre ciencia y empresa

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Empresas, universidades y centros tecnológicos reclaman más colaboración, incentivos y una estrategia compartida para impulsar la innovación valenciana

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VALÈNCIA. La Comunitat Valenciana cuenta con universidades, centros tecnológicos y empresas capaces de generar innovación, pero conectar sus capacidades sigue siendo una tarea pendiente. Las diferencias de tiempos y prioridades, la falta de canales de comunicación y la reducida dimensión de buena parte del tejido empresarial dificultan que el conocimiento se convierta en nuevos productos, mejores procesos y compañías más competitivas. Superar esas barreras requiere una estrategia compartida que sitúe el crecimiento empresarial en el centro y mida los resultados de la transferencia por su impacto.

Este fue uno de los principales planteamientos del desayuno de Foro Plaza, celebrado en Sesame bajo el título ‘El reto de conectar investigación, transferencia de tecnología e innovación’. El encuentro reunió a representantes empresariales, académicos y de los institutos tecnológicos para analizar cómo acercar la investigación a las necesidades del mercado y qué cambios permitirían aprovechar mejor las capacidades existentes.

Participaron Gonzalo Belenguer, director general de Redit; María José Félix, CEO de Helados Estiu; Javier García, catedrático de la Universidad de Alicante; Paco Gavilán, presidente de Nunsys; Francisco Mas, catedrático de la Universitat Politècnica de València; Darío Olivares, director de proyectos de Lanzadera-Marina de Empresas; Laura Olcina, directora general del ITI; Silvia Valero, responsable global de operaciones y tecnología de Sesame; y Fran Villalba, fundador y CEO de Internxt.

Del "egosistema" a una estrategia común

"Nos sobra egosistema y nos falta ecosistema real", afirmó el director general de Redit, Gonzalo Belenguer, quien defendió la necesidad de cohesionar a los distintos agentes alrededor de un objetivo, el de hacer más competitivas a las empresas. El director general de Redit destacó que el 68% de los ingresos de la red procede de la transferencia a las empresas valencianas y reivindicó su modelo de centros tecnológicos adaptado a las características del tejido productivo.

Sin embargo, advirtió de que disponer de esos instrumentos no sustituye a una estrategia sobre el futuro económico de la Comunitat. "Nos falta un plan", señaló. A su juicio, es necesario decidir a qué se aspira y si las empresas valencianas quieren limitarse a producir o ganar capacidad para tomar decisiones y marcar tendencias. También lamentó que los fondos europeos no hayan servido para transformar suficientemente el modelo.

La necesidad de conectar capacidades fue compartida por la CEO de Helados Estiu, María José Félix, que reclamó "autopistas de conexión" entre los ecosistemas. La CEO de Helados Estiu explicó que las empresas responden a un consumidor exigente y a unos mercados que empujan a tomar decisiones a corto plazo. Sin embargo, la investigación que permite transformar procesos y construir una diferenciación duradera necesita otra perspectiva.

En ese horizonte, defendió una mayor colaboración con universidades y centros tecnológicos para identificar tendencias y compartir conocimiento. Mientras la competencia condiciona el intercambio de información sobre las decisiones más inmediatas, los retos a medio y largo plazo ofrecen un terreno más amplio para trabajar conjuntamente. 

Dos velocidades y canales que no llegan

Las dificultades para trasladar esa colaboración a la actividad cotidiana quedaron reflejadas en la intervención de Silvia Valero. La responsable global de operaciones y tecnología de Sesame explicó que la compañía necesita innovar con rapidez para competir en un mercado mundial, especialmente en un ámbito como la inteligencia artificial, en el que una inversión puede perder utilidad en pocos meses.

"No miramos hacia la universidad o hacia el instituto tecnológico, porque no sabemos lo que sucede", apuntó. Su intervención puso sobre la mesa una barrera que va más allá de la disponibilidad de conocimiento: las empresas necesitan vías accesibles para identificar qué capacidades existen y cómo pueden incorporarlas a sus proyectos. En su caso, explicó, la relación con otros agentes suele producirse cuando estos se acercan a la compañía.

La directora general del ITI, Laura Olcina defendió que la colaboración debe partir del reconocimiento de las necesidades de cada participante. "Hace falta colaboración, pero cada uno de los agentes tiene necesidades diferentes", señaló la directora general del ITI, que propuso identificar qué necesita cada uno y qué pueden aportarle los demás. "Somos instrumentos y herramientas al servicio de las empresas", reivindicó, tras recordar que el 60% de los ingresos del instituto son privados. También reconoció las dificultades para atender a un tejido empresarial de pequeña dimensión. "Es más rentable trabajar con una empresa grande que con una pequeña. Pero hay que ir a por la empresa pequeña", apuntaba.

Olcina señaló, además, que desarrollar una tecnología no garantiza que el mercado esté preparado para adoptarla. Como ejemplo, recordó que el instituto trabajaba en soluciones de fichaje con biometría en 2005, pero "nadie quería comprarlo", mientras que sí encontraban interés en Estados Unidos y China. Esa experiencia le sirvió para subrayar la importancia de una cultura empresarial que favorezca la incorporación de nuevas tecnologías. "En los países que están funcionando bien en ese ámbito, todo el mundo da por hecho que la innovación es fundamental y no se ve como un gasto", señalaba.

Incentivos para transferir y demanda para innovar

El catedrático de la Universidad de Alicante Javier García, catedrático de la Universidad de Alicante, situó parte del problema en la falta de incentivos para asumir riesgos. "En España, se puede hacer mucho dinero sin innovar ni arriesgar, y ese es el problema fundamental", afirmó. A su juicio, la innovación aparece con frecuencia como una respuesta a la necesidad, por lo que defendió revisar las condiciones que favorecen esa apuesta. "Hay que superar la idea de voluntarismo" y buscar qué objetivos e incentivos no están alineados. También cuestionó la dependencia de las subvenciones y la fragilidad que genera su retirada. "Parece que la innovación tiene que estar engrasada con dinero público", señaló.

Frente a ello, García destacó el papel de las grandes empresas para invertir en proyectos tecnológicos, facilitar su validación industrial y abrirles el mercado. "Para mí fue clave que las grandes empresas del sector invirtieran en mi empresa porque me abrieron las fábricas", explicó sobre su experiencia en el sector químico. Esa colaboración permitió vender patentes y culminó con la adquisición de su compañía, en lo que describió como "un ciclo virtuoso" que reduce el riesgo para el sector. "Eso falta, que la gran empresa entre en la rueda", sostuvo. El investigador también reivindicó la iniciativa de la sociedad civil para avanzar en un objetivo que considera central. "La gran conversación hoy en día es cómo transformar el conocimiento en valor", apuntaba.

Francisco Mas, catedrático de la Universitat Politècnica de València, advirtió de que mejorar los mecanismos de transferencia no será suficiente si no crece la demanda empresarial de innovación. "Muchas veces estamos atendiendo a la tubería y no al caudal", resumió. Según las cifras que expuso, el gasto empresarial en I+D por habitante se sitúa en unos 170 euros en la Comunitat Valenciana, frente a 292 euros en España y cerca de 600 euros en la Unión Europea. En ese contexto, señaló que existe una oferta científica y tecnológica que no llega suficientemente a las empresas por la falta de integración entre los distintos elementos del sistema. "Tendremos tuberías muy chulas, pero no se generará el efecto que requiere", afirmó.

Mas también reclamó evaluar los instrumentos de transferencia por sus resultados y su impacto. Señaló que se licencia entre el 10% y el 15% de lo que se patenta y que tres cuartas partes de las spin-offs que se crean no crecen. "Si creas incentivos para crear spin-offs, hay que mirar resultados e impacto", defendió. Como ejemplo, apuntó que las patentes de las universidades españolas han generado unos ingresos de tres millones de euros, frente a un coste de mantenimiento de seis millones. "Si yo quiero hacer transferencia de conocimiento, midamos", insistió. Entre las vías para mejorar esa conexión, propuso dedicar más recursos a la compra pública innovadora y reivindicó el papel de los centros como "infraestructuras tecnológicas", cuyo valor debe explicarse también por el retorno que generan.

Crecer para incorporar más tecnología

La dimensión empresarial apareció como otro de los factores que condicionan la innovación. El director de proyectos de Lanzadera Darío Olivares explicó que, para una empresa de Lanzadera, puede resultar más sencillo vender una solución a grandes grupos como Acciona o Ferrovial que a una micropyme. Las dificultades de financiación y la falta de incentivos limitan la capacidad de las compañías más pequeñas para incorporar nuevas tecnologías.

Olivares defendió el trabajo pedagógico para acercarlas a los centros tecnológicos y cambiar su percepción sobre lo que estos pueden aportar. También reclamó un interés institucional que trascienda las visitas protocolarias y se traduzca en un conocimiento más profundo de las necesidades empresariales.

Paco Gavilán distinguió entre digitalización e innovación. Mientras la primera suele dirigirse a ganar eficiencia, la segunda exige desarrollar capacidades y soluciones nuevas. El presidente de Nunsys consideró que las empresas medianas y grandes valencianas han avanzado en digitalización, pero señaló que las pequeñas necesitan más apoyo. "Donde realmente hay que ayudar es en las empresas pequeñas", afirmó. En innovación, sin embargo, advirtió de que "estamos muy lejos" y reclamó facilitar la colaboración con universidades e institutos tecnológicos: "Es muy complicado si no conseguimos cambiar las reglas del juego".

Gavilán pidió revisar las prioridades y los criterios de evaluación de estos agentes para orientar su actividad hacia el crecimiento empresarial. "Hay que poner en el centro a la empresa valenciana", defendió. También reclamó una financiación basal para los institutos y una mayor conexión con las compañías que ya conocen el mercado antes de impulsar nuevas iniciativas empresariales. "Necesitamos empresas grandes", insistió, y pidió que la acción política combine la atracción de proyectos con el apoyo al tejido productivo propio: "Los políticos no solo deben mirar hacia fuera y que vengan proyectos, sino hacia dentro".

Por su parte, Fran Villalba reivindicó la ambición de construir empresas grandes desde València. "Hay que intentar que las micropymes escalen", defendió el fundador de Internxt, que señaló también una barrera cultural: "En España hay un problema de ambición". Respecto a la colaboración con el ámbito académico, apuntó que disponer de contactos no garantiza compartir objetivos. "La vía de comunicación entre nosotros y la universidad existe, pero tal vez estemos desalineados", recalcaba. En su experiencia, destacó el apoyo de Lanzadera y el acompañamiento empresarial como herramientas para crecer. "Quiero hacer la empresa grande", afirmó, y consideró que la universidad también puede contribuir a ese proceso.

Una Administración que impulse la demanda

El papel de la Administración atravesó el debate tanto por su capacidad para orientar los incentivos como por su condición de cliente. Belenguer y Mas señalaron la compra pública innovadora como una vía para impulsar el desarrollo y la adopción de soluciones, con oportunidades en ámbitos como la sanidad y la educación.

Gavilán pidió que el esfuerzo político atienda también a las empresas valencianas y a sus posibilidades de crecimiento, junto a la atracción de proyectos del exterior. García, por su parte, reivindicó la iniciativa de la sociedad civil y la necesidad de seguir trabajando para transformar el conocimiento en valor, aunque la ciencia y la transferencia no ocupen un lugar prioritario en la conversación pública.

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