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¿Cómo se comportarán las bolsas en 2026? Estas son las previsiones de seis expertos

  • Seis expertos proyectan el futuro inmediato de las bolsas para 2026.
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VALÈNCIA. Guerras arancelarias entre potencias económicas, reducción de los tipos de interés, conflictos bélicos que persisten en Ucrania y Oriente Medio, el tirón de la IA, un fuerte consumo interno pese una inflación que continúa creciendo...Estos (y seguro que otros tantos más) son algunos de los eventos que han marcado el ejercicio 2025 en el terreno económico a nivel global.

Los mercados no han estado ajenos a todos ellos aunque, tal y como indican voces expertas en el terreno bursátil, empresas e inversores han aprendido a surfear la incertidumbre provocada por estos vaivenes. Pero, ¿qué deparan las bolsas para 2026? Seis expertos de referencia explican a ValenciaPlaza las claves y los factores que serán determinantes en el parqué durante este año que acaba de arrancar, así como los sectores donde existen mayores oportunidades de crecimiento.

Julián Pascual, presidente y gestor de renta variable de Buy & Hold

 

En Buy & Hold consideramos que la clave de 2026 en el mercado bursátil estará en si las enormes inversiones que las empresas están realizando en Inteligencia Artificial (IA) se traducen en unos retornos adecuados que sustenten las muy exigentes valoraciones que algunas cotizadas han alcanzado o si, por el contrario, se producirá un desacoplamiento que llevará al estallido de una burbuja que, en algunos casos, tiene ya claras reminiscencias con los preámbulos de la crisis de las puntocom.

 

La llegada de Internet supuso fuertes cambios, pero más graduales de lo que se llegó a descontar y la inversión de muchas compañías, en especial del sector de telecomunicaciones, se tradujo en ingresos mucho más bajos que los esperados. Ahora mismo se están invirtiendo 500.000 millones en centros de datos para IA, según los reportes corporativos publicados el último año, por lo que se requerirían al menos 2 billones de ventas para conseguir algo de beneficio final, ya que los costes -especialmente los de energía- son muy elevados.

 

En este sentido, nuestras carteras de renta variable están más ponderadas en empresas de calidad de pequeña y mediana capitalización, con beneficios crecientes y muy diferenciales en sus sectores. Muchas de ellas se han quedado al margen de las subidas de las gigantes tecnológicas o incluso han caído por la concentración del dinero inversor en estas últimas, alimentada también por la proliferación de los ETF sobre índices. Un panorama en el que también apreciamos similitudes con respecto a lo ocurrido en la antesala de los 2000.

 

Pilar Lloret, directora general en NAO SUSTAINABLE ASSET MANAGEMENT

 

Si 2025 nos ha enseñado algo es que el guion “aterrizaje duro” estaba sobrevalorado. El crecimiento global se ha ido revisando al alza a medida que avanzaba el año y, sobre todo, EE. UU. ha seguido tirando del carro con una tracción que desespera a los agoreros. Sí, hay desaceleración, pero por ahora no hay recesión: el impulso de inversión en inteligencia artificial y la normalización de parte del ruido comercial han actuado como anestesia preventiva. De hecho, la retórica de aranceles se ha ido diluyendo conforme se han cerrado acuerdos: donde se temía un tipo medio en torno al 25%, el mercado está digiriendo algo bastante más moderado, alrededor del 13,5%. Eso, sin ser "paz perpetua", quita mucha prima de susto y devuelve confianza a la inversión.

 

De cara a 2026, el escenario base es menos épico, pero razonable: moderación del PIB mundial, con EE. UU. creciendo en una línea parecida a 2025 y una Eurozona que por fin podría pasar del modo “economía renqueante” a algo más digno, por encima del 1%. El gran “pero” europeo es que esta mejora descansa casi totalmente en que Alemania ejecute de verdad su plan (y en más gasto en defensa), y ya sabemos cómo se llevan la política y la burocracia: promesas rápidas, hormigón lento. Si el empujón alemán se desplaza a la segunda mitad de 2026, Europa se quedará unos trimestres sin catalizadores en el núcleo y el crecimiento seguirá apoyándose más en periféricos como España.

 

En política monetaria, la fotografía es bastante clara: tipos más bajos han ayudado a sostener vivienda y consumo en EE. UU., y la Reserva Federal parece en modo “esperar y observar”. El mercado descuenta más recortes en 2026, hacia un rango aproximado del 3,00%-3,25%. En Europa, lo más probable es un periodo largo de tipos bajos, pero con menos margen para seguir recortando; y ahí aparece una asimetría incómoda: si la inflación repunta, el giro puede ser brusco.

 

Y aquí viene la parte que a nosotros nos importa de verdad como inversores: en 2026 mandarán los resultados empresariales. Tras un 2025 de bolsas muy alegres (subidas que han corrido por delante de beneficios, especialmente en Europa), la siguiente etapa exige que el crecimiento del BPA (beneficio por acción) aparezca de verdad. Las valoraciones ya no están baratas: EE. UU. sigue cotizando con múltiplos exigentes y el Nasdaq directamente vive en modo 'premium'. Así que sí, hay cola de riesgos —geopolítica, energía, ciber, inflación, un cambio de tono en la Fed…—, pero el escenario es razonable así que, si aparecen éstos, intentaremos colocarnos a favor del viento y usar el pánico a nuestro favor.

 

Antonio Castelo, analista de Ibroker

Aunque 2025 ha sido un año excepcionalmente alcista -con fuertes subidas en la bolsa global, un rally notable en Wall Street y un Ibex35 desbordando expectativas-, el pronóstico para 2026 es bastante más matizado. El escenario central sigue siendo positivo, pues se espera crecimiento sólido de beneficios en EEUU (BPA del S&P 500 aún en doble dígito), continuidad del ciclo de inversión en inteligencia artificial y un contexto macro global "tibio", con un crecimiento mundial en torno al 3,1%, lejos de la recesión. Europa afronta 2026 como una posible historia de "catch-up prudente" si se mantienen crecimiento modesto, tipos estables o algo más bajos y sin shocks energéticos, mientras Asia se presenta muy dispersa, con potencias tecnológicas como Corea, Taiwán o India mostrando dinamismo y China tratando de sostener su mercado con más disciplina de valor pese a sus riesgos estructurales. 

Dicho esto, el año se anticipa menos cómodo que 2025: las valoraciones son exigentes, el optimismo de partida es elevado y el mercado descuenta otro ejercicio positivo casi sin contemplar escenarios negativos. Los principales focos de riesgo pasan por un posible repunte de la inflación alimentado por el impulso fiscal en EEUU o nuevas tensiones en materias primas, un giro menos acomodaticio de la Fed o del BCE si el mercado se “emociona” con los recortes de tipos, la fuerte concentración de beneficios en un puñado de grandes tecnológicas ligadas a la IA y una geopolítica todavía inestable.

En este contexto, 2026 se perfila como un año razonablemente favorable para los activos de riesgo, pero con rentabilidades previsiblemente más moderadas y mucha más dispersión entre regiones, sectores y valores. Más que “correr detrás del rally”, la estrategia pasa por estar invertido, pero con liquidez para aprovechar correcciones, buena diversificación entre EEUU, Europa y Asia y un sesgo claro hacia compañías de calidad y balances sólidos, participando en la tendencia sin perder la disciplina en precios y selección.

Isabel Giménez Zuriaga, directora general de Fundación de Estudios Bursátiles y Financieros

2025 ha sido un buen año de transición, no exento de sustos. Se pusieron a prueba las convicciones sin dañar el capital. Los agoreros anticiparon una hecatombe que nunca llegó. En cambio, hemos sido testigos mudos de la multipolaridad y el nuevo orden económico mundial, con una lenta pérdida del excepcionalismo norteamericano: en los mercados, el billete verde y en los treasuries. El liderazgo empresarial continúa en USA, y se extiende más allá de las empresas tecnológicas.

Los bonos, finalmente, volvieron a ofrecer ingresos, con frecuentes revalorizaciones. Los activos reales, desde infraestructuras hasta metales preciosos pasaron de ser diversificadores de nicho a constituir un tercer pilar en las carteras biónicas. La geopolítica, con las "guerras largas", así como el conflicto arancelario mantuvieron las primas de riesgo elevadas sin estropear el ciclo económico.

Preocupa el relevo del gobernador de la Fed, por el terrorismo institucional de Trump 2.0, que ha manifestado que quiere que los tipos bajen hasta cero. Si se perdiera la independencia en esta sagrada institución, el principal perjudicado sería Estados Unidos, con declive reputacional, subidas de tipos y caída del dólar. 

De momento, las trayectorias divergentes en los bancos centrales invitan a una diversificación global, vigilancia de la duración en las carteras y salvaguardar una parte en liquidez. 

Y en esta montaña rusa, los argumentos a favor de los activos reales son auto de fe: el oro y la plata (en máximos históricos) siguen siendo coberturas atractivas, así como algunas tecnologías estructurales seleccionadas (hardware de IA, semiconductores, procesamiento de datos, ciberseguridad, computación cuántica).

Las perspectivas para los mercados financieros en 2026 son bastante optimistas, con un crecimiento económico global esperado del 2,8% y una inflación estable. 

En renta variable, algunas tendencias clave podrían verse en empresas con balances sólidos y capacidad de innovación, especialmente en sectores relacionados con la inteligencia artificial (IA), aunque preocupa la monetización de grandes inversiones fuera de balance en los siete magníficos.

El S&P 500 podría alcanzar los 8.000 puntos, con un potencial alcista del 9%, impulsado por la revolución tecnológica y el crecimiento de las ventas. El rally de 2025 ha estado respaldado por cuentas de resultados, pero preocupa la excesiva concentración sectorial de los valores cotizados y la repercusión de la guerra arancelaria. Los sectores con mayor proyección son defensa, biotech y salud, energía y materias primas, financiero, consumo discrecional y lujo.

Fuera del Versalles americano, el value europeo y los mercados emergentes son oportunidades atractivas. Las empresas de menor capitalización, con valoraciones más reducidas, pueden dar la sorpresa, si monetizan la digitalización y el buen momento macro.

En 2025 la bolsa española ha sido la estrella de los mercados europeos, con el IBEX subiendo un 49% y superando los 17.000 puntos, impulsado por los bancos. Entre los máximos históricos elijo Inditex.

Por lo que respecta a renta fija, la política monetaria más laxa y los tipos de interés más bajos deberían beneficiar a los mercados de renta fija. En la recta final de 2025 los bancos centrales han priorizado la estabilidad, el BCE mantuvo sus tipos de interés (sin cambios), mientras que la Fed hizo un pequeño recorte, y aportó liquidez para impulsar el mercado.

A pesar de las injerencias verbales y la falta de educación monetaria de Trump, se espera que la Fed realice su labor (con ruido de fondo), y reduzca los tipos de interés hasta el 3,25%, aunque no se descartan más bajadas. Sin embargo, la inflación americana es mas resistente, y podría dificultar el calendario, alargando los plazos. Los bonos gubernamentales y el crédito privado ofrecen oportunidades interesantes, pero hay que ser muy exigentes con la calidad.

Juan Luis Pastor Vilarrasa, Socio Director de de ATL Capital

Desde ATL Capital mantenemos una visión constructiva pero prudente para 2026, proyectando un año de consolidación tras el fuerte impulso de 2025.

Aunque las rentabilidades de los índices podría ser menores que las de 2025, el mercado alcista se volverá más "amplio", beneficiando a una mayor variedad de sectores más allá de las grandes tecnológicas. Respecto a los tipos de interés, prevemos que los bancos centrales (como la Reserva Federal) continúen normalizando los tipos de interés hacia niveles cercanos al 3%, lo que favorecerá tanto a la renta fija como a la actividad económica general. En la zona euro esperamos tipos estables en el 2%.

Consideramos que la IA es una tendencia estructural de inversión global y no una moda pasajera, lo que seguirá impulsando el gasto de capital de las empresas y transformando industrias enteras durante el año. Habrá que vigilar los riesgos asociados a la emisión de deuda para financiar dichas inversiones.

Como estrategia de inversión, ante la posible fragilidad y divergencias entre regiones, priorizamos una gestión selectiva enfocada en activos de calidad. Recomendamos no centrarse exclusivamente en el mercado estadounidense. Visión favorable hacia la diversificación global, buscando oportunidades en mercados donde las valoraciones son más atractivas que las americanas.

Respecto a los riesgos, seguimos destacando las políticas comerciales y arancelarias de la administración Trump, que generan incertidumbre sobre sus efectos finales en el comercio global y la inflación. Por último, tras la debilidad del dólar en 2025, reiteramos la importancia de la cobertura de divisas para proteger las rentabilidades de las carteras en 2026.

Rafael Valera, consejero delegado y gestor de renta fija de Buy & Hold

 

El año 2025 ha sido un año positivo para la renta fija, aunque más volátil y complejo que los dos anteriores. Por este motivo, consideramos que una verdadera gestión activa será clave para sacar ventaja a los mercados y conseguir rentabilidades adecuadas en cada horizonte temporal y perfil de riesgo.

 

Dicho esto, nuestras carteras de renta fija se encuentran en la parte alta de toda su historia en cuanto al peso de emisiones de calidad (investment grade). En B&H Bonds, nuestro fondo insignia con una TAE del 4% desde inicio, la representatividad de estos bonos ronda el 60% con una yield media de cartera de más del 5% asumiendo una duración de poco más de 3.

 

Mientras tanto, en nuestro conservador B&H Debt, que tiene el 100% de su cartera en emisiones con grado de inversión, la rentabilidad media se sitúa por encima del 3% con duraciones del entorno del 1,8. Para el año que viene, esperamos volver a batir la rentabilidad de las letras del Tesoro Público español a un año en un punto porcentual, como venimos haciendo desde que adoptamos esta estrategia.

 

Por lo que se refiere a la parte de high yield de las carteras de nuestros fondos, donde más potencial vemos es en emisiones de empresas vinculadas con el petróleo, el gas y el automóvil y -ya en menor medida- en ciertos bonos subordinados bancarios. Estos bonos, con riesgos muy analizados y bien recompensados, ayudarán a componer un año más una cartera con rentabilidades muy atractivas en la que, desde luego, también son protagonistas empresas no cíclicas.

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