VALÈNCIA. La próxima vez que te subas a un coche, piensa en quién comparte el volante contigo. La respuesta no es una persona sino una serie de sistemas avanzados de asistencia al conductor (ADAS). Son tecnologías que acompañan al conductor en la toma de decisiones y que, desde 2022, la Unión Europea comenzó a exigir de forma progresiva en los nuevos vehículos. Su objetivo es reducir accidentes y preparar el camino para la conducción automatizada.
En 2024, dentro de la UE, todos los coches nuevos homologados en Europa deberán equipar de serie varios de estos sistemas.
¿Qué son los sistemas ADAS?
Los sistemas ADAS, o sistemas avanzados de asistencia al conductor, son tecnologías que se instalan en los vehículos. Estas tecnologías ayudan a que los conductores, los pasajeros y las personas que caminan o andan en bicicleta estén más seguros.
Para lograrlo, los sistemas ADAS utilizan varios sensores, incluyendo radares y cámaras. Con base en esos datos, utilizan sistemas de control electrónico y algoritmos de visión artificial que posibilitan la interpretación del entorno y la reacción pertinente.
Todo esto hace posible que los sistemas ADAS contribuyan a evitar accidentes y a que todos los viajes sean más seguros. Su implementación a gran escala puede prevenir, además de una reducción en la cantidad y gravedad de accidentes, miles de muertes y heridas graves.
Contexto normativo sobre los ADAS
El Reglamento UE 2019/2144 obliga desde 2022 a incorporar sistemas ADAS en los vehículos nuevos (como ISA, frenado automático, alerta de somnolencia o EDR) con el objetivo de mejorar la seguridad vial.
Desde 2024, estos requisitos aplican a todos los coches nuevos comercializados en la UE.
Tipos de ADAS y cómo funcionan
Los diferentes tipos de sistemas ADAS para coche se clasifican según el nivel de intervención que ofrecen: desde alertas al conductor hasta acciones de control directo sobre el vehículo. A continuación, se describen los más representativos.
Control de crucero adaptativo (ACC)
El control de crucero adaptativo, conocido en inglés como Adaptive Cruise Control (ACC), es un sistema de control de velocidad que ajusta automáticamente la marcha del vehículo para mantener una distancia de seguridad con el automóvil que le precede. A diferencia del control de crucero convencional, el ACC utiliza sensores de radar, láser o cámaras para detectar vehículos delante, frena cuando se acerca demasiado y vuelve a acelerar cuando el tráfico lo permite. Según la clasificación SAE, los vehículos equipados con ACC se consideran de autonomía de Nivel 1; si se combina con el asistente de mantenimiento de carril, alcanzan el Nivel 2.
En los modelos de Ford, el control de crucero adaptativo inteligente con Stop & Go permite programar una velocidad y el sistema se encarga de mantener la distancia predeterminada con el coche que circula delante. Incluso puede detener el vehículo y volver a acelerar cuando el tráfico se despeje. Esta función reduce la fatiga en atascos y, cuando se combina con el centrado de carril, es la base de tecnologías semiautónomas como Ford BlueCruise, que permite conducir sin manos en determinadas autopistas “Blue Zones”.

Asistente de mantenimiento y alerta de cambio de carril
El asistente de mantenimiento de carril (Lane Keeping Assist – LKA) utiliza cámaras para detectar las líneas del carril y aplica pequeños movimientos en la dirección cuando el vehículo se desvía sin señalizar. Existe también la alerta de cambio de carril (Lane Departure Warning), que emite vibraciones en el volante y señales acústicas cuando detecta un desvío involuntario.
Sistema de frenado de emergencia (AEB)
El frenado de emergencia autónomo se ha convertido en un elemento imprescindible. Este sistema identifica riesgos de colisión y funciona en dos fases: primero avisa al conductor mediante señales acústicas o visuales; si este no reacciona, el AEB toma el control y aplica la frenada para detener el vehículo. Algunas versiones incorporan detección de peatones y ciclistas, frenando para evitar atropellos. Ford integra esta función en su asistente de precolisión, que utiliza cámaras para alertar de riesgos y frena automáticamente si el conductor no responde.
Alerta de ángulo muerto y tráfico cruzado
El sistema de monitorización de ángulos muertos (BLIS) emplea sensores para detectar vehículos en el punto ciego y avisa mediante una señal luminosa en los retrovisores. La alerta de tráfico cruzado (RCTA) vigila el tráfico lateral al salir marcha atrás de un aparcamiento y puede intervenir en los frenos si detecta riesgo de colisión.
Reconocimiento de señales e inteligencia de velocidad
Otra función común es el reconocimiento de señales de tráfico, que lee las señales de velocidad y muestra la información al conductor. El asistente inteligente de velocidad (ISA) puede incluso ajustar la velocidad del vehículo para respetar el límite legal.