CASTELLÓ. Hay territorios cuya economía se explica con una sola palabra. En el caso de Castellón, esa palabra es industria. Y dentro de ella, con un peso específico incuestionable, la cerámica.
En un momento en el que Europa debate —no siempre con la serenidad necesaria— sobre su modelo productivo, su autonomía estratégica y su capacidad para competir en un mundo crecientemente fragmentado, conviene detenerse en ejemplos reales y tangibles. Castellón demuestra que la industria no es una rémora del pasado, sino una palanca imprescindible de futuro.
Nuestra provincia presenta el mayor peso del PIB industrial de toda España, en torno al 36 %, muy por encima de la media nacional y europea. Supera holgadamente aquel objetivo del 20 % que la Unión Europea fijó como horizonte para un crecimiento equilibrado. No es una estadística aislada: es la base sobre la que se construyen el empleo, la cohesión social y la estabilidad territorial.
Este liderazgo es el resultado de décadas de inversión, innovación y una cultura empresarial profundamente arraigada. Una cultura que ha apostado por el diseño y la sostenibilidad mucho antes de que estos conceptos se convirtieran en eslóganes. Hoy, sin embargo, esa fortaleza se enfrenta a una encrucijada debido a decisiones normativas, energéticas y comerciales que amenazan su competitividad.
Desde la Confederación Empresarial de la Comunitat Valenciana (CEV) en Castellón, el mensaje es claro: la transición ecológica y la modernización solo serán un éxito si se hacen con la industria y no contra ella.
Industria, empleo y cohesión social: lo que está en juego
Cuando hablamos de industria, hablamos ante todo de personas: de empleo estable, salarios por encima de la media y arraigo territorial. El sector cerámico constituye un auténtico clúster que genera uno de cada cuatro empleos en la provincia, permitiendo a Castellón situarse entre los territorios más industrializados de Europa.
Gracias a esta base, Castellón ha resistido mejor los vaivenes de la economía global, evitando la dependencia excesiva de sectores estacionales. Además, la industria ha sido históricamente un vector de movilidad social y de fijación de población en el territorio, combatiendo la desigualdad.
Por ello, cualquier política pública que afecte a este sector tiene un impacto directo sobre el conjunto de la sociedad castellonense. No se trata de proteger a un sector concreto, sino de preservar un modelo económico eficaz y resiliente.
El EU-ETS: cuando la regulación pierde el contacto con la realidad
El sistema europeo de comercio de derechos de emisión (EU-ETS) busca la neutralidad climática, un objetivo que el sector cerámico comparte. De hecho, desde 2021, las emisiones han caído un 30 %, pero gran parte de este dato se debe a una caída de la producción superior al 35 %. Se emite menos porque se produce menos.
El problema es que el diseño actual del sistema ignora la realidad técnica. La industria cerámica ya ha exprimido al máximo la eficiencia de sus procesos y no existen hoy tecnologías maduras y económicamente competitivas para una descarbonización acelerada en los plazos exigidos.

Para el periodo 2026-2030, se plantea una reducción de hasta el 50 % en la asignación gratuita de derechos basándose en comparativas injustas con tecnologías de biomasa. Esto supondría un sobrecoste de hasta 163 millones de euros anuales, lo que representa entre el 40 % y el 60 % del beneficio neto del sector.
Desde Castellón no se pide privilegio, se pide justicia regulatoria: un benchmark específico para el azulejo que mida al sector con sus iguales y tenga en cuenta la tecnología realmente disponible.
Transición energética: voluntad e incertidumbre
El sector cerámico no rehúye la transición. Ha invertido millones en alcanzar la mejor tecnología disponible (BAT) y explora proyectos de hidrógeno renovable y electrificación. En los últimos cinco años, la potencia fotovoltaica instalada se ha multiplicado por más de siete.
Sin embargo, la transición debe ser técnicamente viable y económicamente sostenible. La electrificación masiva exigiría infraestructuras que hoy no existen, y el hidrógeno renovable requiere inversiones colosales. Exigir resultados sin proporcionar los medios solo conduce a la deslocalización hacia países con menores exigencias ambientales.
Cogeneración: eficiencia penalizada
La cogeneración es un pilar de competitividad que permite producir calor y electricidad simultáneamente. Castellón cuenta con 28 instalaciones de alta eficiencia, pero la política energética nacional las mantiene en una incertidumbre permanente.
Aunque se ha logrado reducir el impacto económico de las últimas revisiones normativas, el sector sigue enfrentando una presión regulatoria que resta recursos a la modernización. Resulta difícil comprender el contraste entre la visión europea —que reconoce el papel estratégico de la cogeneración— y la actuación nacional que la penaliza.

Comercio internacional: apertura sí, ingenuidad no
A la presión interna se suma un entorno comercial complejo. Los acuerdos con regiones como Mercosur o la India a menudo usan a la industria como moneda de cambio. La cerámica española compite con productores que no cumplen los mismos estándares ambientales o laborales.
Entre 2019 y 2024, las importaciones de cerámica india han crecido más de un 150 %. Defendemos una política comercial basada en la reciprocidad: quien quiera vender en Europa debe cumplir las mismas reglas que se exigen aquí.
Unidad sectorial y proyección: Time of Spain
Frente a este entorno, el sector ha lanzado la iniciativa Time of Spain (impulsada por ASCER). No es solo una feria, sino una plataforma que agrupa a más de sesenta empresas para reforzar la presencia internacional de la cerámica española mediante la colaboración y la estrategia común. Es una demostración de que la fortaleza colectiva multiplica la capacidad individual.
Conclusión: una llamada a la responsabilidad
Castellón es un caso de estudio para Europa. Un ejemplo de que industria y sostenibilidad son complementarias, pero que corre el riesgo de perderse por políticas incoherentes. Como ya advertimos en el Manifiesto de 2024, no podemos permitir que una crisis coyuntural se convierta en un problema estructural.
Apostar por la industria es apostar por la autonomía estratégica. Defender la cerámica es defender el corazón económico de Castellón. Ni Europa ni España pueden permitirse perder industrias que ya han demostrado su compromiso con el futuro.
Luis M. Martí Bordera
Presidente CEV Castellón