En un seminario sobre Medios, comunicación y poder, celebrado en septiembre de 2013 en la Universidad de Coruña, Pablo Iglesias declaró que no podía decir la palabra "España" y tampoco podía usar la bandera roja y gualda. ¿Por qué? Según el líder de Podemos, la identidad de España estaba perdida para las gentes de izquierdas desde que perdieron la guerra civil. No servía para hacer política en Galicia, Cataluña y Vasconia, pues con ese "agregador" ganaba la derecha. Solo podía reconocerse como “patriota de la democracia”, que consistía en defender la sanidad y la educación públicas. El 8 de octubre de 2017, tras la intentona separatista catalana, Iglesias declaró en la emisora autonómica TV3 que estaba a favor del derecho a decidir (léase la autodeterminación de los catalanes).
Una posición bien distinta adoptó Izquierda Española, un partido inscrito en el Registro del Ministerio del Interior el 27 de diciembre de 2023. Entre sus apoyos figura Juan Francisco Martín Seco, el economista que asesoró a Julio Anguita en su momento. Como partido progresista, IE defiende la igualdad de todos los españoles, vivan en la región que vivan, y critica la tendencia a la desigualdad social en la que han incurrido los demás partidos de izquierdas, como PSOE, Podemos o Sumar, al prestar demasiada importancia, e incluso reforzar, las peculiaridades culturales de las distintas regiones de España. Por supuesto, IE no solo rechaza el supuesto derecho a la autodeterminación de Cataluña o Vasconia, sino también la mera concepción plurinacional de España, que conduce inevitablemente a disolver la unidad fiscal española y a propiciar cupos fiscales regionales, muy desigualitarios. Refutando a Iglesias, IE ha aclarado que defender los derechos sociales, como la sanidad y la educación públicas, no implica renunciar a la soberanía nacional, ni a la integridad del territorio español. Por el contrario, más bien sería imposible garantizar los derechos sociales si disgregásemos el territorio español en un mosaico de pequeñas naciones nuevas. Pero vayamos a lo actual.
Como es sabido, el pasado 30 de julio varias decenas de miles de marroquíes cruzaron la frontera con España y llegaron, muchos de ellos a nado, a la ciudad autónoma de Ceuta. No es ninguna sorpresa que, fieles a su ideario españolista, los dirigentes de IE hayan calificado el incidente de vergüenza nacional, hayan pedido cerrar la frontera y hayan solicitado desplegar el Ejército. También han denunciado que los ceutíes están pagando las consecuencias de un gobierno español débil y, por motivos que nunca ha explicado, sometido a Marruecos. De hecho, el presidente Sánchez ni siquiera consultó al Congreso cuando cedió el territorio del Sáhara a Marruecos.
En un principio, Enrique Santiago, dirigente del Partido Comunista de España y diputado de Sumar elegido en Córdoba, pidió trasladar a la península a las varias decenas de miles de invasores marroquíes, lo que habría supuesto premiar la actitud permisiva (o quizás proactiva) del Gobierno marroquí. Como no da puntada sin hilo, también pidió retirar las tropas españolas desplegadas en la Europa oriental, lo que supondría debilitar las medidas precautorias europeas ante una posible agresión rusa. Como si estuviésemos en la postguerra civil, el dirigente del PCE se posicionó en contra de los intereses españoles, arremetió contra nuestros aliados europeos y abogó indirectamente a favor de los objetivos rusos. Obviamente, ese posicionamiento no hizo sino reforzar la necesidad de Izquierda Española.
Pero no se hagan ilusiones: simplemente han arremetido contra Marruecos porque se ha aliado con Israel y con los Estados Unidos, sendas naciones a las que odian"
Sin embargo, su postura inicial no triunfó entre sus copartidarios. Corrigiéndole la partitura, en esta ocasión Sumar y Podemos se alinearon finalmente con la defensa de los intereses españoles y se opusieron a la actitud de Marruecos. El propio Santiago se vio obligado a explicarnos que Izquierda Unida iba a presentar una proposición no de ley para discutir si Marruecos debe participar en el próximo Campeonato Mundial de Fútbol, que debería ser “un espacio de amistad”. Yendo más allá, calificó de “ataque híbrido” contra España la iniciativa marroquí y pidió que ese país quedase excluido mientras no garantizasen los derechos humanos y respetase la soberanía española. En la misma línea, Nahuel González, congresista de Sumar elegido en Valencia y miembro de Izquierda Unida del "País Valenciano" (sea eso lo que sea), ha pedido que se excluya a Marruecos de la organización del Mundial de Fútbol de 2030, pues ese país “no respeta los derechos humanos.” También ha declarado que las instituciones deportivas españolas tienen que dar la cara por España y por los derechos humanos, una postura que, según él, coincide con el pensamiento mayoritario en nuestra sociedad. Al revés que Iglesias, ni Nahuel ni Santiago han tenido inconveniente en usar el “agregador” España. E incluso han osado mencionar la “soberanía española”. Y eso que no consta que ninguno de los dos haya pasado a considerarse heredero de los vencedores en la guerra civil.
Por otro lado (y todavía más fascinante), el leonés Pablo Fernández, portavoz de Podemos, ha declarado que deberíamos organizar el Mundial solo con Portugal. Más concretamente, ha dicho que España no debería organizar el Mundial con Marruecos porque es una dictadura que no respeta los derechos humanos y es responsable de la muerte de más de 140 personas (ahogadas, añado yo) en una operación contra España.
¿A que es curioso? Los partidarios de la opción plurinacional se han puesto repentinamente a hablar de España como si fuesen legionarios. Pero no se hagan ilusiones los verdaderos patriotas españoles: esos partidos no van a renunciar a defender la autodeterminación de Galicia, Vasconia y Cataluña (e incluso quizás de Andalucía y de lo que ellos llaman "País Valenciano"). Además, tampoco van a ponerse a favor de la igualdad fiscal de los españoles. Simplemente han arremetido contra Marruecos porque se ha aliado con Israel y con los Estados Unidos, sendas naciones a las que odian. En el campo del progresismo, la única opción fiable favorable a España sigue siendo Izquierda Española. Fue la primera en denunciar la actitud marroquí y la única que no se limitó a hablar de derechos humanos, sino también se atrevió a mencionar la españolidad histórica de Ceuta y Melilla.