Con PISA hemos topado

Opinión

Opinión

LA OPINIÓN PUBLICADA
Publicado: 12/09/2026 · 06:00
Actualizado: 12/09/2026 · 06:00
  • Imagen de archivo.
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

Los resultados de España en el informe PISA son tan malos que van más allá de lo que los peores pronósticos hacían sospechar. La caída es generalizada en todo el mundo, pero pocos países se hunden tanto como España respecto del informe anterior. Y, dentro de España, casi nadie (Ceuta y Melilla) se hunde más que la Comunidad Valenciana.

Cada uno se ha lanzado a buscar a sus culpables favoritos: las pantallas / redes sociales, la IA, la inmigración, Pedro Sánchez, y probablemente todos tengan su parte de razón.

Conforme tenemos más perspectiva para analizar el efecto de las pantallas sobre los menores, caben pocas dudas que éstas contribuyen a reducir su capacidad de atención, condicionan sus hábitos de consumo y, en definitiva, les llevan a renunciar a adquirir o emplear hábitos educativos clásicos (la lectura, el cálculo) que requieren cierta concentración y paciencia en comparación con la que exige el scroll infinito. El problema es que a estas alturas estamos en un momento en el que dar marcha atrás comienza a implicar ponerle puertas al campo.

Lo mismo cabría decir de la IA, cuyos efectos sobre la [falta de] formación de los jóvenes solo podemos comenzar a intuir. ¿Para qué aprender algo si ya te lo explica la IA? ¿Para qué esforzarte en hacer un trabajo si la IA lo hará más rápidamente? ¿Para qué molestarse en hacer nada? Un mítico episodio de Futurama, la serie futurista de Matt Groening, ya venía a explicar esto, aunque de manera más perversa, pues no se centraba en la IA, sino en la existencia de “novias/os robot” que sustituían a los humanos. Y como el novio/a robot era totalmente seguro y no necesitabas esforzarte para conseguirlo y mantenerlo, pues la gente no trabajaba nada de nada, porque ya nadie tenía necesidad de impresionar a nadie ni de hacer nada.

Todo esto, obviamente y aunque a la gente le guste mucho cebarse con los jóvenes y hablar nostálgicamente de aquellas míticas cohortes de EGB que declamaban a Platón en griego clásico a los siete años y nunca, nunca, nunca contestaban a sus profesores, está extendiéndose por toda la sociedad. También la “generación EGB” se pasa el día en el scroll infinito y con la IA, y a más que va a ir la cosa. Y esto me preocupa, como es obvio (existe la posibilidad de que en el scroll infinito mi artículo semanal de Valencia Plaza no reciba la atención debida).

Lógicamente, si buscamos más problemas que afecten a nuestro sistema educativo, la entrada de inmigrantes en el sistema es un factor que también tiene un peso importante. Sobre todo, si no hablan ninguno de los idiomas oficiales de la comunidad autónoma. Para cualquier clase de estudiantes, a casi cualquier edad a partir del comienzo de la educación primaria, la entrada de nuevos estudiantes que tienen que adaptarse a los ritmos de la clase supone un reto. Y hay que decir que el Estado asume el reto por la vía de decirles a los profesores “ahí os apañéis”, y punto. No se plantea la necesidad de ofrecer clases de refuerzo, mecanismos de adaptación o transición, … nada de nada.

  •  

Como aquí cada uno se centra en su fenómeno favorito (o “menos favorito”) para explicar los horribles resultados de PISA, si me permiten yo haré lo propio. Y no es Pedro Sánchez, pero casi. El principal culpable, a mi juicio, es Felipe González Márquez. En efecto, Felipe y el felipismo trajeron a este sufrido país dos fenómenos particularmente perniciosos, a estas alturas pegados al sistema educativo con tanta fuerza que dudo mucho que alguna vez los podamos quitar. Se trata de:

  • El modelo de educación concertada, invento del gobierno de Felipe González para contentar a los colegios católicos españoles y, en fin, a la clase media, evitándoles el incierto futuro de la educación privada. A la clase media le encanta, sus defensores te dicen que es más barato que la pública (y probablemente sea así, pues la concertada es subvencionada no solo por el Estado, sino también por los propios padres a través de todo tipo de triquiñuelas y cuotas “voluntarias”, a diferencia de la pública). El caso es que, en PISA, si comparamos participantes con condiciones socioeconómicas similares, los resultados son indistinguibles de la pública. Igual de malos. Pero la concertada tiene una serie de efectos perversos de largo calado que conviene mencionar: reduce la cohesión social, crea ghettos de todo tipo, ofrece una educación más precaria (porque, en la inmensa mayoría de los casos, el profesorado tiene peores condiciones laborales que el de la educación pública), contribuye a hinchar los resultados escolares (los estudiantes que han participado en el actual informe PISA combinan los peores resultados de la historia con los mejores resultados en Bachillerato de la historia), drena recursos del sistema público, …

  • La LOGSE, también invento de Felipe González. Esta ley generalizó la obligatoriedad de la educación secundaria hasta los 16 años, una medida en principio positiva, pero que desde mi punto de vista, y obviando otros muchos problemas de la ley, se llevó a cabo con una subdivisión de etapas que resultó lesiva para la educación pública. El modelo de Primaria y Secundaria, al adelantar dos años el paso de los estudiantes a los institutos (de los 14 a los 12 años), generó cierto vértigo en muchos padres que acabó conduciéndoles a la amable seguridad de la concertada, donde puedes estar desde los 3 a los 18 años en el mismo colegio y con la misma gente, protegido (¿de qué, exactamente? Pues a veces no es fácil saberlo).

  •  

A esto uniría que no he entendido nunca por qué se permite que muchos colegios privados, con la excusa del bilingüismo, del origen de sus estudiantes, o por el motivo que sea, estén exonerados de cursar el mismo currículo que tienen que seguir los estudiantes de la red pública y concertada. Tanto en el caso de los estudiantes de estos colegios que son españoles como el de los que no lo son, pues ya hemos visto que si el estudiante extranjero va a un colegio público o concertado a todo el mundo le parece bien, en apariencia, que desde el día uno se ponga a trabajar en la lengua, o lenguas, propias de la comunidad autónoma y con los mismos contenidos que sus compañeros.

Igual ahora que también se han hundido los resultados de estos colegios (los que más se han hundido, de hecho) la cosa cambia. Aunque teniendo en cuenta que mi plan, que podría resumirse en “nacionalizar la concertada, convertir la privada en una especie de concertada, pero con precios de privada, y ampliar Primaria dos cursos”, previsiblemente no concite suficiente consenso social, nunca lo sabremos. Pero quería exponer mi sesgado y subjetivo punto de vista y centrarme en mis obsesiones, y ya lo he hecho.

Recibe toda la actualidad
Castellón Plaza

Recibe toda la actualidad de Castellón Plaza en tu correo