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Cuando el nombre importa

"Si tener buenos amigos es todo un tesoro, gozar de buenos vecinos es una bicoca la cual es de agradecer"

Publicado: 20/02/2026 ·06:00
Actualizado: 20/02/2026 · 06:00
  • Archivo - La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
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Si tener buenos amigos es todo un tesoro, gozar de buenos vecinos es una bicoca la cual es de agradecer. En los últimos años de esta Unión Europea que anda desmadejada hasta la fecha, su problema de vecindad nos deja con cierta perplejidad y alguna que otra amargura. Hemos pasado de tener una única vecindad a una exclusiva dimensión oriental y meridional. Si vecindad conllevaba proximidad, cooperación o vínculo, ahora tal modelo se ha agrietado en sus procesos de meras ampliaciones, véase Ucrania, Moldavia o Georgia. A la par, la vecindad sur se ha ido diluyendo. Se han sentado en la misma mesa Oriente Medio, África con los países del Golfo y mucho más allá. Todo ello, en principio, es más que aceptable, otro tema es que a los tuyos, tu gente, les tengas bastante olvidados. Más aún, fríamente, los cambios no están siendo solo para Europa. Dos ideas por tanto permean en estos asuntos: la de compartir y habitar un espacio común, y la de tener una cercanía y proximidad cierta.

Durante los últimos 20 años, la UE ha tenido una política de vecindad clara, provocada en gran medida por la nueva realidad creada en 2004 por la ampliación al este y al sur, en la que la entrada de diez nuevos estados miembros reconfiguraría las fronteras de la Unión. El paradigma central era que existía una vecindad, una única vecindad, que tenía una dimensión oriental y otra meridional. Un amplio arco de países que eran nuestros vecinos, y que los que por tanto compartíamos un espacio común, y por ende también intereses y desafíos. Así, la UE, de forma consensuada fue desarrollando con sus vecinos una política centrada en temas como el desarrollo económico y el empleo, la conectividad del transporte y la energía, migración, movilidad o la seguridad. Pero sin olvidar otras dimensiones, como la promoción de la democracia, el Estado de Derecho y los derechos humanos.

Los países de la vecindad, de gran importancia para la Unión, se ubicaban así a medio camino entre los países de la ampliación, ya que estaban en el camino de ser “uno de nosotros”, entrar en la UE, y por tanto debían realizar una transformación profunda para poder cumplir con el acervo comunitario y, por otro lado los países “resto del mundo”, de los que se ocupaba la política exterior y de seguridad común, por ser más lejanos y ajenos a la Unión.

 

Convendría tener presente aquel proverbio que en la vida puede ser más importante un vecino cercano que un hermano lejano"

 

Sin embargo, se ha venido provocando una mutación radical de la política europea de vecindad. Ambas dimensiones, vecindades sur y este, se han alterado y distanciado. La vecindad del este se ha vaciado de facto y convertido progresivamente en ampliación, recibiendo “una mayor atención política y presupuestaria, pero al tiempo entrando en una lógica radicalmente diferente: la de la adhesión. Frente a ello, la vecindad sur ha ido perdiendo consistencia y relevancia, y se ha ido convirtiendo en mera dimensión de la política exterior. De hecho, se está produciendo un curioso fenómeno: ya nadie habla de ella como tal. Si acaso, hasta es posible, se hable más bien de “Socios del Mediterráneo”, o… la vecindad sur ampliada. Si la vecindad oriental va transformándose en ampliación, y la vecindad sur va quedando subsumida en un esquema mental de política exterior, ¿dónde para la vecindad?

Los países de la vecindad sur cambiaron cuando la UE lanzó el Proceso de Barcelona. La política se centra ahora en intereses de poder no occidentales. Los países árabes estrechan relaciones con China. Egipto se une a los BRICS y nuestras gentes mediterráneas, cada uno, por su cuenta hace y deshace. Aquí, a través del Pacto del Mediterráneo se siguen otras líneas de juego: seguridad económica, autonomía estratégica, la Europa geopolítica, Nuevo Orden Mundial. Aunque ello, antes o después, esperemos se traduzca en suficiente financiación, para poder pasar con este Pacto “de las musas al teatro”.

Asumiendo que los tiempos han cambiado, al igual que ambas riberas del Mediterráneo, más que nunca será necesario que la UE siga prestando a la vecindad sur, con compromiso político y hechos tangibles, no solo ciñéndonos a migración y seguridad, sino, una vez más a sociedad civil, educación, empresas, derechos humanos, democracia o Estado de Derecho entre otras. Desde la óptica española, convendría tener presente aquel proverbio que tan bien viene al caso “en la vida puede ser más importante un vecino cercano que un hermano lejano”.

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