El ya investido presidente de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, no oculta su berrinche hace tres días por haber tenido que pactar con Vox puesto que al PP le faltaron dos escaños para obtener la mayoría absoluta (55). Dos. En una lectura detallada del acuerdo con los ultras se puede llegar a la conclusión de que el documento firmado por ambas formaciones es la mismísima antítesis de todo lo que ha pregonado el líder del PP andaluz tanto en campaña como antes. No es de extrañar que el viernes expresara abiertamente y con cara de circunstancias que “no estoy contento” casi al mismo tiempo que Borja Semper, portavoz nacional del PP, se hiciera la picha un lío para explicar lo de la “prioridad nacional” que es el quid de la cuestión.
El mismo lío que se ha hecho Núñez Feijóo con la llamada Ley de Nietos (nacionalidad para descendientes latinos de españoles), y su sospecha, casi convicción, de que los nuevos residentes de origen extranjero son una bolsa electoral del PSOE obviando la evidencia: los permisos de residencia no sirven para ejercer el voto ni en comicios nacionales ni en autonómicos. Pueden votar en las locales en determinados casos. Las denuncias del presidente del PP de trejemanejes electoralistas son muy graves. Eso hay que demostrarlo.
Lo de Andalucía es duro. En primer lugar porque se defiende medidas que son competencia exclusiva del Estado, y por tanto del Gobierno de la nación. Ejemplos: repatriación de personas inmigrantes sin regularizar (los “sin papeles”); oposición extrema a los centros de menores no acompañados. Vox vende humo tóxico (muy) que cala estupendamente con la hinchada. Los andaluces tienen preferencia ante los inmigrantes en al acceso a la vivienda, al alquiler, a las ayudas sociales y subsidios, y a la atención sanitaria. Me cabe la duda de si un andaluz con toneladas de arraigo tiene preferencia por ejemplo sobre un investigador de prestigio de La Coruña que es reclamado por una universidad pública andaluza. También me cabe la duda si los ricachones y jeques de la península arábiga que residen por temporadas en Marbella u otras zonas de la costa andaluza tienen algún obstáculo al respecto. Sin darme cuenta, lo siento, entro al trapo de Vox cuando me había prometido a mí mismo no hacerlo: el axioma de la prioridad nacional es xenofobia, racismo y aporofobia en estado puro.

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- Foto Anonio Pradas
En la Comunidad Valenciana Juanfran Pérez Llorca ha tenido que firmar lo mismo para aprobar los Presupuestos pero con puntos más genéricos. Y tragándose un sapo enorme: desarrollar un estudio para “comprobar” la relación entre inmigración y delincuencia, una prevaricación conceptual que no avala ningún estudio serio u organismo público como el Instituto Nacional de Estadística (INE). Mejor hacer un estudio de la brutal violencia que ejercen las mafias del Este en territorio español. O las redes de tráfico de mujeres nigerianas para ejercer la prostitución en regimen de semi-esclavitud.
Lo de Andalucía se agrava con respecto al resto de comunidades donde existe pacto entre PP-Vox porque se han “acordado” una serie de estupideces con respecto al cambio climático hasta el punto de suprimir o aminorar multas por los vertidos en espacios naturales. Justo cuando Moreno Bonilla había convertido en una de sus principales banderas programáticas el combate contra el cambio climático. Ni zonas urbanas de bajas emisiones, ni super-protección especial de las Marismas o Doñana. Como los ultramontanos, que habitan en la Edad de Piedra, no creen en eso apliquemos la máxima de “discoteca y libertad”. Es decir, barra libre. Me encabrono vivo con estas cosas; sorry.
Más me encabrono con la falta de miras del PSOE y de Pedro Sánchez, el discípulo de ZP, por la falta de mirar al no prestarle al PP dos míseros votos en el Parlamento andaluz para evitar lo ocurrido, con una vicepresidencia para Vox a cargo de Manuel Gavira. Seguramente que el PP hubiera hecho lo mismo en situación inversa. ZP “El Collares”, emulando a Carmen Polo de Franco.
Una última falacia: la Justicia europea no tiene competencias para frenar procesos de regularización en los países miembro. El Tribunal Supremo ha tramitado ante Bruselas sendas quejas de dos comunidades autónomas gobernadas por PP-Vox reclamando el cese de esta actividad. Un sector de la opinión ha querido mezclar este asunto con la nueva Ley de Extranjería europea que endurece medidas de control en las fronteras y que otorga el placet al “modelo Meloni” de enviar a terceros países a inmigrantes para internarlos en campos. Iba a decir de concentración pero no quiero hiperbolizar.
CODA 1: Están sometiendo a Juanfran Pérez Llorca a un calvario innecesario por el mutismo de Feijóo sobre sus opciones para ser candidato en las próximas autonómicas. Y comparándolo cruelmente con el presidente de la Diputación de Valencia Vicent Mompó, “el niño bonito” , levantando de este modo todo tipo de especulaciones, a cual más torticera. No lo entiendo. Si se opta por Mompó, que lo digan. Llorca acatará con disciplina (y con cierta rabia) el ejercicio del poder en los meses que quedan de legislatura. Su único pecado es haber sido el número dos de Carlos Mazón en el PPCV.
CODA 2: Escasa por no decir nula la repercusión de los “Gay Games” que concluyen hoy en Valencia. Un evento que nunca he entendido salvo la excepción de las personas “trans”. Donde hay que partirse la cara es en el deporte standar, seas gay o lesbiana. Lo demás, huele a gueto. Eso sí, los más de 10.000 participantes se han tenido que dejar en la capital autonómica una pasta gansa.