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¡Es la geografía, estúpidos! O el cierre de Ormuz y el nuevo shock energético asiático (II)

Publicado: 19/04/2026 · 06:00
Actualizado: 19/04/2026 · 06:00
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Retomamos la columna de Noticias de Oriente donde la dejamos hace dos semanas. Es cierto que alguno de los acontecimientos o temas que analizo se ven constreñidos por el formato de este tipo de artículos. Un tema como del Estrecho de Ormuz, por su complejidad, su importancia, por todo lo que se puede decir sobre el mismo, estaba abocado a tratarse, como los folletines decimonónicos, en varios episodios. En este caso serán dos y seguro que no serán suficientes. En todo caso, no puedo más de alegrarme que al tratarse de una situación viva, dinámica y en permanente mutación, lo que habría concluido hace dos semanas probablemente no se habría visto respaldado por la tozuda realidad de los acontecimientos. 

¿Dónde estamos ahora en esta crisis y como afecta diferentemente a los distintos países asiáticos? Y finalmente veremos que subyace la madre de todas las guerras que no es otra que la que apunta a tratar de alcanzar el predominio en materia de Inteligencia Artificial. Para empezar, ya no estamos en una tormenta centrada esencialmente en el petróleo. Se ha amplificado hasta convertirse en un tsunami energético integral que, obviamente no sólo impacta en el petróleo y en el gas natural (esencial en el ámbito de la generación eléctrica) si no también en la financiación y los seguros, las cadenas de suministro y el transporte marítimo. Así una economía sofisticada como lo es la economía digital se encuentra atrapada por una realidad, por una estructura física profundamente frágil: las materias primas, las rutas del transporte marítimo y la energía. Y, en este caso, y más concretamente, la situación es un torpedo en la línea de flotación de todo aquello que hace posible a la Inteligencia Artificial. Me refiero a las redes de energía, los centros de datos y la fabricación de semiconductores y chips 

Y la región más vulnerable es Asía. En efecto, siendo el principal motor de crecimiento del mundo, implica a su vez que es la zona que consume mayor cantidad de energía. Los datos son elocuentes. La mayoría de sus países dependen de la energía que importan. En este sentido el 80% del petróleo que transita por Ormuz tiene a Asia como destino. Por otro lado, a sensu contrario, los países de la región carecen de las reservas suficientes si la escasez se prolonga. En todo caso, los efectos resultan especialmente perniciosos: las monedas locales pierden valor; se dispara la inflación por razón del encarecimiento de la energía; las balanzas comerciales se ven seriamente perjudicadas. Todo esto lleva a una ralentización del crecimiento económico en todos los niveles. 

  • Imagen de satélite del estrecho de Ormuz. 

Vamos a analizar como ha afecta a los principales países de la zona. Sin duda alguna la India es el país que ha recibido el impacto mayor por el dato de que el 80% de su petróleo es importado (concretamente la dependencia del Golfo es enorme). Esto hace que su margen fiscal sea terriblemente limitado. Las consecuencias, de momento, han sido un crecimiento de la inflación, la devaluación de la rupia y la erosión de la balanza de pago. Y siendo uno de los países donde la Inteligencia Artificial tiene un mayor potencial de desarrollo, se ve seriamente penalizada por la escasez de energía. Esta circunstancia, si el conflicto se prolonga, puede suponer una seria amenaza a sus ambiciones tecnológicas. Por lo que se refiere al colorido bloque de los países del Sudeste Asiático (esencialmente Indonesia, Vietnam o Filipinas) constatamos que la crisis ya está incidiendo directamente en la calle y se manifiesta en desajustes sociales y encarecimiento tanto del transporte como de los alimentos.

Esta situación ha obligado a determinados gobiernos a implantar mecanismos de control de precios e incluso a prestar subvenciones con carácter urgente. Tengo dudas sobre el éxito de estas medidas si la crisis se mantiene en el tiempo. En lo concerniente a la llamada Asia industrializada que concentra a Corea del Sur, Japón y Taiwan, la amenaza es igualmente estructural, pero de otras características al tratarse de economías altamente desarrolladas, con un componente industrial notable que a su vez hace igualmente a estos países ciertamente adictos a la energía importada. Conviene señalar en este punto la posición de fragilidad de Taiwan, que es el líder mundial en la fabricación de los chips o semiconductores. Esta industria, vital para la economía global por ser el fundamento de la Inteligencia Artificial, necesita de cantidades descomunales de consumo energético de forma permanente y estable. 

China, y esta era mi opinión hace dos semanas ante los hechos en aquel momento, ha pasado de una situación de especial vulnerabilidad a otra de cierta ventaja. Mi interpretación, algo conspiranóica, era que estás acciones de la administración Trump estaban sobre todo dirigidas a perjudicar a China. No hay que olvidar que China sigue siendo la fábrica del mundo y depende en gran parte de la energía exterior por lo que un incremento del coste de la energía se traduce de forma inmediata en el de los costes industriales y en una desaceleración a la postre de sus exportaciones. Lo anterior ha aumentado sin duda la presión sobre China. No obstante, sí cuenta con algunas fortalezas que han amortiguado el impacto. Por un lado, sus proveedores son especialmente diversos (no se concentran en Irán y los países del Golfo Pérsico), por otro lado, todo está orquestado de forma eficaz por la administración china sobre todo en haber conseguido una diversificación de fuentes a través del impulso de las energías renovables y finalmente China cuenta con importantes reservas estratégicas que le permiten cierta autonomía prolongada. Esto explica que, al contrario de lo que se podía suponer, China ha aguantado exhibiendo una estabilidad operativa formidable. Y esa continuidad es clave para potenciar la Inteligencia Artificial. Lo que ha hecho que incluso se pueda afirmar que pueda salir reforzada de este envite. Resulta particularmente elocuente la portada del prestigioso semanario inglés, The Economist, de hace un par de semanas en la que detrás de un primer plano vociferante del Presidente Trump figuraba una foto de un Xi Jinping astutamente sonriente acompañado de una memorable frase atribuida a Napoleón “Nunca interrumpas a tu enemigo cuando se esté equivocando”. 

Los días recientes han sido ricos en acontecimientos. La posibilidad de que los Estados Unidos, Israel e Irán lleguen al fin de las hostilidades hacen que el horizonte inmediato resulte esperanzador. Aunque también nos encontramos en una situación de gran ambigüedad. El estrecho de Ormuz ni está completamente abierto ni tampoco completamente cerrado. Parece que el transporte marítimo ha recomenzado, aunque la vigilancia y el riesgo son altos lo que hace no solamente que los costes sigan siendo importantes, sino que lo tiempos continúen resultando inusualmente ampliados. La buena noticia está en la reacción de los mercados a la caída del precio del petróleo al momento anterior a la ofensiva israelí-americana. De esta forma, la inflación parece haberse controlado, las monedas han recuperado su valor y los importadores están más aliviados. Este desenlace, que puede ser temporal, ha beneficiado especialmente a China que ha podido aguantar gracias a los factores indicados antes y ahora se beneficia de la bajada de los precios de la energía. Por lo tanto, de momento parece que estamos, sin entrar en la tragedia de pérdida de vidas generada por la ofensiva militar, en un escenario despejado y que se ha evitado lo peor. El sistema sigue funcionado pero basado en el principio de incertidumbre. Confiemos que el desenlace sea el mejor posible de una situación ciertamente endiablada.

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