Huelgas y trenes

Opinión

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Publicado: 30/10/2026 · 06:00
Actualizado: 30/10/2026 · 06:00
  • Rescate en el accidente de Urda (Toledo).
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Desde abril de 2021 hasta mayo de 2023, algo más de dos años, tuve oportunidad de ser el portavoz parlamentario de mi partido, Ciudadanos, en materia de Transportes y Movilidad, un trabajo enormemente interesante, precisamente, porque ese primer año, 2021, fue declarado por la Unión Europea como el Año Europeo del Ferrocarril, una iniciativa que el Gobierno español aprovechó para potenciar el tren, como reza en la web del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible desde entonces, como medio de transporte sostenible, inteligente y seguro: tres adjetivos que, todo lo indica, distan mucho de ser verdad. 

La bofetada de realidad que acabamos de sufrir con el terrible accidente por alcance entre dos trenes de alta velocidad en la línea Madrid-Sevilla, a la altura de Urda, Toledo, que a la hora de escribir estas líneas arroja un saldo provisional de 68 fallecidos y más de un centenar de heridos, es desgraciadamente la constatación de que viajar en ferrocarril en España es hoy casi una actividad de riesgo y que las inversiones públicas prometidas y que se aseguran ejecutadas no permiten, precisamente, hablar de un medio de transporte seguro. Una realidad que deja en ridículo, a la vista de lo que vamos sabiendo, a quien defienda una gestión mínimamente inteligente del transporte ferroviario en nuestro país. Si todo lo anterior no es motivo para una huelga general, que tenemos convocada por otros motivos para el próximo 11 de noviembre, cualquier otra causa resulta muy extraña para la comprensión de un ciudadano medio. 

Tras la tragedia de Adamuz de hace solo nueve meses lo impensable, o lo “inverosímil” como lo ha calificado Óscar Puente, ha vuelto a suceder. Y los hechos ponen sobre la mesa algo incontestable: sufrimos una crisis gravísima de nuestras infraestructuras ferroviarias que ya no es posible disimular con afirmaciones que hoy se acreditan tan indecentes como la de que el ferrocarril en España vive el mejor momento de su historia, alegato de Puente que se ha permitido hacer incluso gracietas con la seguridad del tráfico ferroviario escupiendo así sobre la memoria de las víctimas y sus familias. Porque esta crisis no se reduce a estas dos tragedias, Adamuz y Urda, sino que va mucho más allá, cinco años después de la celebración por todo lo alto del Año Europeo del Ferrocarril, ante las noticias que se repiten de incidentes casi a diario a lo largo y ancho de la red. 

Cuando vemos a quien fue en su día Secretaria de Estado de Transportes, entre 2021 y 2023, y anteriormente Presidenta de ADIF, Isabel Pardo de Vera, hoy investigada en el caso Mascarillas y habiéndose mostrado ya dispuesta a colaborar con la justicia poniendo en práctica la doctrina Aldama para desvelar los contactos de altos cargos y exministros del PSOE para influir en adjudicaciones millonarias, lo primero que nos preguntamos a pie de calle es en manos de quién hemos estado y si las tragedias que vivimos actualmente no son consecuencia, justamente, de un modo de gestionar lo público alejado del interés general por el que en una materia tan sensible como la seguridad ferroviaria se ha estado mirando hacia otro sitio, procurando llenar determinados bolsillos, antes que garantizar que subirse a un tren no sea un riesgo para la vida. 

Como portavoz de mi grupo parlamentario en el Congreso en aquellos dos años participé en las numerosas iniciativas legislativas puestas en marcha desde el Gobierno, siempre yendo por delante la presuntuosa afirmación desde el ministerio de que la inversión era la que nunca se había visto en España, gracias precisamente a los fondos europeos Next Generation, destinados, se nos decía, a solucionar cuestiones pendientes como la democratización del sistema ferroviario, el desarrollo de corredores europeos, la mejora de la red convencional, la total electrificación de la red en la apuesta por la sostenibilidad del medio y, sobre todo, asegurar condiciones de seguridad óptimas para el usuario. La realidad es que cinco años más tarde, con un impresentable ministro tuitero aún en el cargo, y con más de cien vidas perdidas en dos accidentes de trenes de alta velocidad, somos el asombro, y no precisamente en positivo, de países con los que queremos compararnos. 

Ahora sí tenemos posiblemente una buena razón para una huelga general como la convocada en apenas dos semanas y que el Gobierno dice comprender, apoyar y hasta convocar. Tenemos la motivación de una ciudadanía harta de gestores incompetentes que se limitan a encogerse de hombros cuando las cosas a su cargo fallan, que no tienen explicaciones ante lo inverosímil, y que creen legitimarse con un simple mensaje en cualquier red social escupiendo la más agria de las bilis: la del ignorante irresponsable. 

Me meto en un tren en apenas tres horas. Rezo por seguir por aquí y poder dejarles un próximo artículo. Que así están las cosas… 

 

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