El verdadero reto del audiovisual valenciano no es conseguir que vengan a rodar películas. El peligro real sería conseguir que, cuando se marchen, se hayan llevado una película y no la industria y el talento. La diferencia no es semántica. Es socioeconómica.
La Comunitat Valenciana ha entrado en una fase en la que puede demostrar capacidad para atraer grandes producciones. Ciudad de la Luz cuenta con seis platós climatizados, más de 11.000 metros cuadrados de superficie de rodaje, dos tanques de agua y 15 hectáreas de exteriores. En 2026, la Generalitat Valenciana comunicó que 15 rodajes habían generado unos 70 millones de euros de gasto en Alicante, 30.000 pernoctaciones y contratos para unas 400 empresas. Son datos coyunturales, no una cuenta empresarial de resultados auditada. Pero muestran que la oportunidad existe.
La inversión extranjera como paradigma del cambio
El rodaje de Enredados (Disney) amplifica el impacto y muestra una escalabilidad sectorial aún mayor. La Generalitat ha estimado en 40 millones de euros el impacto directo en Alicante y en 120 millones el indirecto, además de más de 2.500 contrataciones. Son estimaciones que cualitativamente ayudan a dimensionar el alcance de una producción internacional instalada en el territorio.
Líneas de negocio o nichos de mercado, por tanto, existen. La trampa sería confundir actividad con industria.
El audiovisual valenciano no parte de cero. El estudio del Ivie referido a 2019 contabilizaba 780 empresas y 5.099 ocupados, aproximadamente el 7,8% de las empresas audiovisuales españolas. También señalaba una estructura muy atomizada y una productividad reducida. El reto no es inventar un sector, sino conseguir que crezca y gane escala.
Aquí cambia el protagonista
La Generalitat puede aportar infraestructura, incentivos, promoción internacional y formación. La convocatoria autonómica para grandes producciones contempla hasta un 25% del gasto valenciano elegible, con un máximo de 1,5 millones de euros por proyecto y una dotación de 9,5 millones para 2025-2027. Es una herramienta para captar actividad y gasto territorial.
Pero ninguna subvención construye por sí sola una industria. Eso corresponde al sector.
Hay un ejemplo internacional que ayuda a entender esta diferencia: Corea del Sur. El éxito internacional de la serie El juego del calamar o la oscarizada Parásitos no es fruto de la casualidad.
La industria audiovisual surcoreana contó con políticas públicas e inversión para dinamizar sectores estratégicos, pero el salto se produjo cuando esas medidas se alinearon con una industria local capaz de crecer, atraer talento, ganar escala y exportar. La Administración creó condiciones; la iniciativa privada convirtió esas condiciones en empresas, capacidades y mercados internacionales.
Esa es la clave que debería interesarnos. No se trata de copiar el modelo coreano, sino de entender el mecanismo: la inversión pública alcanza todo su valor cuando consigue que el sector privado local se apropie del crecimiento y pueda continuar después sin depender permanentemente del estímulo público.
La Administración ayudó a crear el terreno de juego. La iniciativa privada acabó convirtiendo ese terreno en industria.
El verdadero reto
Las empresas valencianas de producción, servicios técnicos, posproducción, efectos visuales, animación, producción virtual, inteligencia artificial generativa y construcción de decorados tienen que dejar de ser únicamente proveedores que coinciden durante un rodaje y convertirse en una cadena de valor capaz de crecer, asociarse, captar capital y exportar servicios.
Ese es el verdadero salto: sin miedo y sin vértigo conseguir un tejido empresarial competitivo con ADN valenciano.
No significa cerrar el sector sobre sí mismo. Significa que una gran producción internacional pueda venir a Alicante y encontrar proveedores valencianos; que esas empresas trabajen después para otros mercados; que un técnico formado aquí pueda construir una carrera sin marcharse necesariamente; y que una productora valenciana utilice la experiencia adquirida para desarrollar proyectos propios y propiedad intelectual.
El objetivo del sector no debería ser simplemente que Ciudad de la Luz tenga ocupación. Debería ser que cada producción genere capacidad empresarial alrededor y evitar el posterior éxodo de talento valenciano. Que lo hay, y muy bueno, en Países Bajos o Alemania, por citar dos ejemplos.
¿Cultura? Sí, por supuesto, pero también industria
En este punto, la composición de la Conselleria de Industria, Turismo, Innovación y Comercio permite una lectura industrial del audiovisual. Marián Cano concentra competencias relacionadas con industria, innovación, turismo e internacionalización. El IVC mantiene, por su parte, el ámbito cultural y sus propias líneas de apoyo. Esa distribución permite abordar el audiovisual también desde la inversión, la empresa, el talento y la internacionalización, sin reducirlo a una política cultural.
La oportunidad exige evitar varios errores: depender en el futuro de proyectos singulares, medir el éxito solo por el gasto anunciado, formar profesionales que después no encuentren continuidad o convertir Ciudad de la Luz en un gran recinto rodeado de un tejido empresarial insuficiente y no consolidado.
Y hay otro riesgo ya vivido en anteriores etapas: esperar que la Administración diseñe por sí sola el futuro del sector.
El diagnóstico identifica oportunidades en posproducción, efectos visuales, producción virtual, animación, servicios técnicos y formación especializada. Ahí está el campo de juego y el reto para las empresas.
La Administración debe crear condiciones. El sector tiene que ocuparlas y hacerlas crecer.
Si los rodajes se convierten en proyectos recurrentes, los contratos ayudan al crecimiento de las empresas, la formación en talento retenido y la infraestructura en inversión privada, el audiovisual puede convertirse en una industria valenciana internacional, tecnológica e intensiva en conocimiento. Ahí es donde se crea empleo con alto impacto socioeconómico y de carácter vertebrador.
Entonces, Enredados habrá sido algo más que una producción internacional rodada en Alicante.
Habrá sido una señal de que la Comunitat Valenciana ha entendido que el verdadero negocio no consiste en lograr únicamente que vengan más películas, sino en conseguir que cada proyecto ayude a construir empresas valencianas capaces de salir después a buscarlas fuera.