La hora de los lunáticos

Opinión

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Publicado: 12/08/2026 · 06:00
Actualizado: 12/08/2026 · 06:00
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Llegó, por fin, la hora de los lunáticos. De los que entendemos las cosas del revés, de los que llevamos la sombra cosida a la Luna, de quienes miramos constantemente al Oeste como en el cine de John Ford. Porque también el cine empezó en la Luna. Llegó el momento de frenar ese absurdo aparato que da vueltas y parpadea en nuestras cabezas hasta que nos encalmamos, como el mar, con apenas una esquirla de un rayo de Luna. La hora de los huidizos, de los búhos, de los ahogados en vasos de agua, de los tristes, de los atribulados y vaya a saber quién era Werther. Llegó el apeadero de Cyrano, la derrota de Don Quijote que le convierte en inmortal. Las sombras, las brujas, las gárgolas y los aullidos, un silencio en la ventana, una brisa entre la hojarasca, un dibujo, unas gafas de entretiempo, una ausencia, unas prisas, un sendero, coge al niño que se escapa, un selfi, la tortilla, no me mires, ahora, ahora, qué pasada, ohhhhh. Un eclipse con su polisón de nardos. Llegó el segundo en que Lady Halcón besa a Navarre.

Llegó el día de los asombros rupestres. El regreso a la caverna, a las pieles de bisonte y dale al sílex que tengo hambre. La Luna tapará al sol y a los telediarios, las pieles y los abecedarios, las esferas luminosas, los satélites artificiales, las sesiones del congreso, las revisiones del gas, las listas de tareas y pobre de aquel que se pase todo el tiempo grabándolo en el móvil porque no habrá entendido nada. Nunca volveremos a estar tan fijados al suelo como cuando miremos todos hacia el mismo punto, allá arriba, entre la nada y los volcanes, entre el helio y los relámpagos, entre dos azules y un astrolabio que no volveremos a utilizar. Llegó la inquietud, el duende, las mariposas en el estómago de los astrónomos, uno casi que se atreve a imaginar los saltos de alegría de Copérnico. Tendremos pandemias, guerras, genocidios, catástrofes, ausencias y pesares, pero también tendremos la historia de aquel día en que vimos el eclipse y no te puedes creer el ronroneo de la naturaleza que nos envolvió.

Un fenómeno con manga corta, con pantalones cortos, con chanclas y ese pañuelo que llevará mamá por si refresca durante el eclipse. La retransmisión en vivo de la claudicación de Zeus, de la victoria póstuma de Prometeo, de que por fin sabemos que somos humanos y podemos resolver el caos. Un castillos de fuegos artificiales que no esperábamos, un regalo contra la puerta de casa, una llamada a deshoras desde la otra punta del planeta, las primeras palabras de nuestra niña, el perro que mueve la cola, el arroz con leche que se desvaneció, la noche despejada para la noche de las Perseidas, una inesperada oferta de trabajo, la carta que nos dice que es benigno, una canción que irrumpe desde la radio, pasaba por aquí he visto luz y he llamado por si estabas. Llegó la hora de descubrir por fin quién es ese que anda en nuestras cabezas y no sabemos quién es. Llegó la hora de bañarnos en el infinito. Llegó el eclipse, la contraseña con la que los lunáticos sabemos que hemos vuelto a ganar.

@Faroimpostor
 

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