La motosierra de votos para el PP

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LA OPINIÓN PUBLICADA
Publicado: 24/10/2026 · 06:00
Actualizado: 24/10/2026 · 06:00
  • Javier Milei en España.
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El entusiasmo antisanchista no da para todo. Esa es la conclusión a la que cabe llegar tras la infructuosa visita del presidente argentino, Javier Milei, que ha venido a España para… ¿para hacer qué, exactamente? No ha logrado reunirse con Alberto Núñez Feijóo, que ha esquivado esa bala con sabiduría gallega, y se ha fundido en un emotivo abrazo con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en una escena que -como con clarividencia dijo alguien en la red social X- tenía claras concomitancias con los más recordados episodios de Muchachada Nui. Finalmente, Milei redondeó su actuación con una videollamada ridícula a Santiago Abascal, líder de Vox (una videollamada que sin duda no habría podido realizarse desde Argentina, pues era necesario venir hasta España para llamar aprovechando el WiFi del hotel en el que se alojara Milei, o de la embajada argentina) y una conferencia surrealista con un grupo de friquis en la Universidad Rey Juan Carlos. 

Milei hizo el ridículo, lo cual ciertamente es coherente con la sustancia del personaje. Pero el caso es que quedó claro que, en campaña, los eventuales socios de un Gobierno ultra-conservador comienzan a ver los límites de lo que se puede hacer en campaña (o, en este caso, aún precampaña) electoral. Traer a Javier Milei, como supo ver (sin duda con cierta preocupación) el expresidente Felipe González es un eficaz catalizador de votos… para la izquierda, que ve al personaje y se pregunta si realmente no merecerá la pena ir a votar el 29N para impedir que gentuza así pueda estar cerca de alguna palanca del poder, aunque para ello haya que tragarse otra vez a Pedro Sánchez y a demás caraduras del “Frente Amplio Podemos por el Escaño”. 

  • Javier Milei e Isabel Díaz Ayuso. -

Así que todo el mundo trató de esquivarle y, de hecho, le esquivó con singular eficacia. Milei es referente de sí mismo, pero resulta difícil entender por qué un individuo enajenado, maleducado, y cuya gestión está hundiendo su país si cabe más de lo que ya lo estaba cuando tomó el mando, debería ser referente para alguien más. Porque, además, Argentina no es Estados Unidos: Donald Trump es también un energúmeno incompetente y enajenado, pero las amenazas de Trump tienen mucho más asidero en la realidad que cualquier cosa que pueda decir Milei.  

Incluso referentes conservadores tan poco sospechosos de tener afinidad alguna con el sanchismo como Ana Rosa Quintana se molestaron con la visita de Milei y, en particular, sus insultos al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. Puede que haya ciudadanos a los que les haga gracia el grito de “Pedro Sánchez, hijo de puta”, pero incluso algunos de ellos se molestan (por patriotismo, cabe suponer) cuando quien insulta es alguien “de fuera”. Por otra parte, las primeras e ilusionantes propuestas del PP y Vox, consistentes en amenazar con aplicar la motosierra de recortes a los servicios públicos, y en particular a las pensiones, ya le han generado problemas a Núñez Feijóo (candidato de un partido, no lo olvidemos, con un perfil de votantes muy envejecidos, pues más de la mitad son pensionistas). Feijóo se ha apresurado en aclarar que quienes sufrirán las consecuencias de la motosierra aplicada a las pensiones no serán los actuales votantes del PP (los pensionistas), sino los que vienen detrás (los que votan a Vox, vaya). ¡Qué alivio!

  • Pedro Sánchez en La Revuelta. -

Esta campaña, como ya hemos comentado anteriormente en esta columna, y como indican todas las encuestas (salvo el CIS), se produce en condiciones similares a las de otras grandes victorias de la derecha española (2000 y 2011, fundamentalmente): las de una izquierda deslegitimada tras años de Gobierno, desunida y que no logra motivar a su electorado, frente a una derecha movilizada. Sin embargo, hay algunos elementos que pueden hacer pensar que la cosa se acabe pareciendo más a 1996, la primera victoria de José María Aznar. En aquellas elecciones, las encuestas pronosticaban mayoría absoluta para el PP y un hundimiento del PSOE mucho mayor del que finalmente se produjo. En campaña, Felipe González y el PSOE lograron galvanizar el voto de izquierdas y, con una enorme participación (77,38%, la tercera más alta de la historia, tras 1982 y 1977), prácticamente empataron en votos con el PP. Aznar, que al principio de la noche electoral vio cómo la chavalería del PP, cuando pensaba que tenían La Moncloa en el bolsillo gritaba con entusiasmo “¡Pujol, enano, habla castellano!”, acabó hablando catalán en círculos íntimos con tal de seducir a Jordi Pujol y sus indispensables escaños para la investidura.

Eso es lo que están intentando el PSOE y Pedro Sánchez con su campaña y con esta convocatoria electoral. Es decir: lo que siempre busca el PSOE, que es incrementar la tensión competitiva, movilizar a su electorado, tendencialmente más abstencionista que el conservador, y, en definitiva, plantear una batalla electoral que destierre de sus potenciales votantes la idea de que todo está perdido y que la derecha tiene el Gobierno en el bolsillo. En 2023 le funcionó. Vista la situación de partida ahora, personalmente creo que es muy improbable que puedan renovar el mandato. Incluso aunque el PSOE superase al PP en votos y escaños, la fortaleza de Vox hará que le acaben saliendo las cuentas esta vez al bloque de la derecha. Recuérdese que en 2023 se quedaron a las puertas de La Moncloa por tan solo cuatro escaños (137 del PP, 33 de Vox, uno de UPN y uno de Coalición Canaria), y que, de hecho, ya entonces ganó claramente el bloque conservador las elecciones (si sumamos a éstos los escaños de PNV y Junts saldrían 184 escaños, ocho por encima de la mayoría absoluta). Y en 2023 el socio del PSOE, Sumar, obtuvo 31 escaños, muchos más de los que ahora cosecharán las distintas formaciones de izquierdas que concurren a las elecciones. Desde entonces lo que hemos vivido ha sido una legislatura inoperante y desastrosa: sin apenas realizaciones y con muchos problemas que no se han sabido afrontar.

  • El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo. -

En resumen: Núñez Feijóo lo tiene hecho, o casi… Porque nunca cabe despreciar la capacidad del PP para pegarse tiros en el pie (o bien mostrando su verdadera naturaleza, porque resulta llamativo cómo se considera un error del PP, sistemáticamente, hablar de lo que el PP piensa hacer cuando esté en el Gobierno). El PP, además, no puede permitirse hacer el tipo de campaña tranquila de “esto está ganado y aquí no pasa nada” que organizaron José María Aznar en 2000 o Mariano Rajoy en 2011, porque entonces el riesgo es que los votantes se les vayan a Vox. Por eso el PP lleva toda esta legislatura tan pasado de vueltas, y continúan así en precampaña. Porque, por un lado, necesitan sumar 176; pero, por otro, necesitan obtener el mayor número de escaños posibles en su bloque, para que Vox no se les suba a la parra y les exija Ministerios “de verdad” (Fomento, Defensa, Interior, no digamos Hacienda); finalmente, sería un pésimo comienzo para su andadura si no logran ganar las elecciones esta vez y el PSOE se va a la oposición con una “derrota dulce”. Muchos problemas para quien, muy probablemente, sea el próximo presidente del Gobierno.

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