Opinión

Opinión

LA OPINIÓN PUBLICADA

La vía muerta del sanchismo

Publicado: 30/05/2026 · 06:00
Actualizado: 30/05/2026 · 06:00
  • Archivo - El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y la mujer del presidente del Gobierno, Begoña Gómez.
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

Este artículo es el mismo artículo que lleva escribiéndose en muchos medios de comunicación y espacios de opinión desde hace añosa: es imposible que Pedro Sánchez pueda resistir la presión. El Gobierno está agotado. No puede seguir. Y sistemáticamente, una y otra vez, Pedro Sánchez aplica la misma receta. Resistir. Contra viento y marea. Así llevamos, al menos, desde noviembre de 2023, cuando se consumó la última investidura de Pedro Sánchez y el PP se afanó a hacer lo que siempre hace cuando está en la oposición: vociferar que esto se hunde, España se rompe y el Gobierno no da una a derechas.

Sólo que no es lo mismo hilar este discurso durante los años de José Luis Rodríguez Zapatero, cuando el PSOE casi tenía la mayoría absoluta y con sus socios podía aprobar cómodamente cualquier votación, que ahora, cuando Sánchez depende por completo de sus socios de investidura, entre los cuales los representantes tradicionales de la burguesía vasca y catalana, y eso le impide, en la práctica, hacer nada. No tiene Presupuestos, pero es que no tiene mayoría parlamentaria para aprobar nada. Tuvo que ofrecer la amnistía a JuntsxCat (una medida acertada para pacificar Cataluña, pero que se adoptó, como siempre con Sánchez, por conveniencia partidista, no por convicción) para lograr la investidura, pero ya no tiene mucho más que ofrecer, especialmente cuando el PSC es el rival de Junts en Cataluña, que le ha arrebatado la Generalitat. Y esto significa que Junts siempre o casi siempre vota en contra las iniciativas del Gobierno, que nunca se aprueban.

  • Archivo - José Luis Rodríguez Zapatero -

En paralelo, el PSOE ha visto dimitir o destituir a dos secretarios de Organización, José Luis Ábalos y Santos Cerdán, implicados en un escándalo de cobro de comisiones con los tintes sórdidos que tanto gustan a los medios (y al público). Pedro Sánchez tiene encausados a su hermano y a su mujer en dos asuntos menores en sus derivadas penales, que tienen detrás a organizaciones ultraderechistas, con jueces (Peinado) que yo no querría tenerlos a cargo ni de juzgar una multa de aparcamiento, … Casos, en fin, en los que posiblemente no haya nada punible, pero que sí que muestran una determinada manera de obrar, nada honorable, por parte del entorno del presidente del Gobierno. Y ahora aparece encausado el expresidente Rodríguez Zapatero, principal referente socialista que apoyaba a Pedro Sánchez, en un asunto turbio de similares características: es posible que el asunto quede judicialmente en nada, pero la imagen pública de Zapatero ha quedado herida de muerte, porque no hay forma de explicar de manera convincente que está bien que un expresidente se dedique a cobrar sumas enormes por no se sabe muy bien qué y encima derive los beneficios a empresas instrumentales en las que están sus propias hijas.

Todo esto, en definitiva, no se sostiene, por muy sanchista o sea uno o por muy pesoizado que esté. Y no se sostiene, además, desde hace mucho tiempo. Y por si quedara alguna duda, el test de estrés periódico que ha montado el PP estos meses con su sucesión de elecciones autonómicas clarifica sobremanera el panorama. Porque no es sólo que el PSOE y el bloque de izquierdas hayan perdido claramente todas y cada una de las elecciones que se han celebrado. Sino que la única vez en que lo han hecho con un resultado relativamente bueno, en Castilla y León, que ha sido también la única vez en la que han estado cerca de ganar las elecciones, ha sido la única de las cuatro ocasiones en las que el candidato (el alcalde socialista de Soria) tenía arraigo local. Y algo más importante aún, lo que no tenía: pedigrí sanchista.

  • Archivo - David Sánchez y Miguel Ángel Gallardo en la Audiencia de Badajoz, este jueves. -

En cambio, el candidato en Extremadura, vinculado directamente con el escándalo del hermano de Sánchez y su puesto a dedo en la Diputación de Badajoz, hizo el ridículo. Las dos ministras que Sánchez envió a Aragón y Andalucía fueron enviadas a una misión imposible, una muerte política. Tan desacreditado están el presidente y su proyecto que es posible que pase lo mismo incluso en la Comunitat Valenciana, donde cabe recordar que el PP volvió por sorpresa en 2023 y su principal legado ha sido contribuir no poco, con su desidia e incompetencia, a la muerte de cientos de personas en la peor catástrofe natural de los últimos 70 años, que acabó provocando la dimisión del anterior president, Carlos Mazón. Y, así y todo, tan inoperante es la candidata del PSPV, Diana Morant, que ni con ese bagaje del PP está claro, según las encuestas, que vaya a haber un cambio de Gobierno el año que viene.

  • Archivo - La ministra de Ciencia e Innovación, Diana Morant. -

Sánchez fue presidente por accidente, con una moción de censura en 2018 que probablemente no pensaba que fuera a prosperar (lo hizo por la rebelión frente a Carles Puigdemont de los entonces diputados del PdeCat). Desde entonces, se ha mantenido en el poder, las dos (en realidad, tres, dos de ellas en 2019) veces que ha concurrido ante las urnas, apelando al miedo a la llegada de la ultraderecha. Y le ha funcionado muy bien. No sólo electoralmente, sino después, en las negociaciones con los socios de investidura.

El problema es que junto a ese argumento genérico, votar al PSOE para que no mande la ultraderecha, es muy difícil saber cuál es el legado de Pedro Sánchez y su Gobierno. Qué realizaciones, exactamente, constituyen éxitos relevantes de sus ya ocho años de mandato. Porque de sus antecesores, Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, se puede decir muchas cosas negativas, mientras ocuparon el poder y después; pero nadie puede negar que aprobaron medidas y organizaron estructuras de gran relevancia para la vida de los ciudadanos, que han superado el paso del tiempo. En el caso de Pedro Sánchez, en cambio, se hace verdaderamente difícil saber cuáles son esas realizaciones (a mí sólo me viene a la mente el aumento del salario mínimo, que ni siquiera es una medida del ala socialista del Gobierno). Y eso nos da la medida de un Gobierno montado no para hacer cosas, sino para seguir gobernando. El fin que justifica los medios es seguir mandando para que no manden otros. Y eso no es, ni de lejos, suficiente. Entre otras cosas porque, en el camino, los otros mandan en todas partes, salvo en La Moncloa. Y cuanto más dure esta agonía de Gobierno insolvente, más tiempo, y con mayor legitimidad electoral y parlamentaria, mandarán los otros en La Moncloa.

Recibe toda la actualidad
Castellón Plaza

Recibe toda la actualidad de Castellón Plaza en tu correo

Las gaviotas no se irán