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VALS PARA HORMIGAS

La vuelta de Dostoyevski

Publicado: 21/01/2026 ·06:00
Actualizado: 21/01/2026 · 06:00
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Puede que no en el mismo arranque, pero sí en los primeros compases. Todo empieza con un crimen. El Antiguo Testamento, la expansión del Mal, la rebeldía de los justos. Sospecho que hasta la poesía desparramada de Juan Carlos de Manuel. Y la historia de Rodión Romanóvich Raskolnikov, que un día sube por unas escaleras desvencijadas y pobladas por las sombras para cometer un asesinato en la novela Crimen y castigo.

Leo en mi nave nodriza que los jóvenes vuelven a leer a Fiódor Mijáilovich Dostoyevski. Que uno de sus relatos, Noches blancas, se ha convertido en un gancho viral para las nuevas generaciones a través de TikTok. Que hasta Filmin ha registrado una afluencia masiva de visionados de la adaptación de este cuento que protagonizó Marcello Mastroianni en 1957 con todo el esplendor del blanco y negro. Supongo que cada generación encuentra sus vías de entrada en la literatura de Dostoyevski. Que siempre vuelve, por supuesto.

En mi caso, fue mi amiga Arianne la que me llevó de la mano, esas manos pequeñas y curiosas en las que siempre eché en falta un violín, hasta la pensión de Raskolnikov, hasta los suburbios del Amsterdam de Jacques Brel, hasta los cines Verdi de Barcelona y hasta la orilla de su mar. Con ella y con el bueno de Fiódor abrí muchas puertas y, sobre todo, aprendí que hay otras que deben permanecer cerradas para siempre. En mi caso me quedé cegado por los fogonazos de Dostoyevski, por su literatura de bruma, viento y un noveno round contra las cuerdas, también en la frontera de los veinte años, cuando uno carece de manual para enfrentarse a la vida y aún desconoce que no existe el manual para enfrentarse a la vida. Quien exhibe todo un álbum de certezas, lleva el corazón peinado con raya a un lado y recuerda con exactitud en qué cajón guarda tal o cual papel no está viviendo bien. Lo sabía el autor de Los demonios y Los hermanos Karamázov. Lo sabe también Rafael Balanzá, con quien comparto pasaporte dostoyevskiano.

Y lo aprenderá un pequeño porcentaje de los nuevos lectores que ya no olvidarán nunca esa noche en que conocieron a Raskolnikov e irán encadenando obras de Chéjov, de Turguénev, Las almas muertas de Gógol e incluso la poesía de Pushkin, aunque no sea lo mismo. También de Tolstoi, que tampoco es igual.

Sostienen quienes leen ruso que la literatura de Dostoyevski es tosca, lastrada por la miseria de tener que vender tus párrafos a tantos rublos el capítulo. Puede ser, nunca lo sabré y, en el fondo, da igual. En sus historias borbotean la tiniebla, el miedo, el dolor, la duda, la incomprensión, la impotencia y la derrota. Todo aquello que atenaza a los jóvenes que acaban de verle el rabo al futuro. Y también es un manual del remordimiento, que, contra lo que pueda parecer, es lo más luminoso de Dostoyevski y cuya ausencia es lo que más oscurece la sociedad actual. Saber que existe el mal y tener, al menos, la intención de combatirlo para no recaer y estrechar así tus vínculos con el resto de humanos es la última esperanza para un mundo en que se lee poco a Dostoyevski. Pero se le lee y se le seguirá leyendo. No hay otra manera de respirar.


@Faroimpostor
 

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