Los efectos de la polarización

Opinión

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Con las gafas de cerca

"La culpa no es solo de los políticos. Todos estamos inmersos en una peligrosa vorágine, teledirigidos para increpar"

Publicado: 25/10/2026 · 06:00
Actualizado: 25/10/2026 · 06:00
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¿Has escuchado a algún político referirse a otros como “fascistas”, “la fachosfera”, “comunistas”, “filoetarras”, “bolivarianos”; o “las máquinas del fango”, “una organización criminal”, “mamarracho (o mamarracha, que también)”? Lo que ha proliferado muy alarmantemente es el uso cada vez más habitual de los apelativos “asesino” y “traidor”, en ambos sentidos y de manera personalizada. Ese político es un polarizador y su objetivo es que tengas miedo no ya de otra opción política, sino de un adversario o contrincante… o enemigo.

¿Has gritado en la calle “¡Pedro Sanchez, hijo de puta!”, “¡Marlaska, maricón!”, “¡que te vote Txapote!”, “¡España es cristina, no musulmana!”, “¡rojos de mierda, a trabajar!”? ¿O has sido más de los que gritan “¡asesinos!” a Ayuso o Mazón, o “¡Ayuso y Almeida, idos a la mierda!”, o “¡fascistas, fuera de nuestras calles!”, o “¡PP y Vox, la misma mierda son!”?.

O quizá no has salido a corear insultos, pero has reenviado vídeos donde sí se hace, o has distribuido propaganda falsa o exagerada de unos o de otros. Em incluso, has podido llegar a discutir con un amigo o familiar por política de manera que vuestra relación se ha visto afectada.

En todos estos casos, lamento decirte que estás polarizado y que estás colaborando gravemente a que nos encontremos antes dos bloques desquiciados y desquiciantes. Y, además, has empeorado tu calidad de vida, envuelto en una crispación que no recuerdas cómo empezaste a sentir.

 

Merece la pena no echar a perder una amistad por una discusión política"

 

La culpa no es solo de los políticos. Todos estamos inmersos en una peligrosa vorágine, teledirigidos para increpar.

Claro que esto no es bueno. Ni para la sociedad, ni para la política, ni para nuestra salud. Merece la pena hacer un esfuerzo por bajar el pistón, profundizar más en nuestras ideas y en las contrarias, ser sosegados y respetuosos a la hora de expresarlas y a la hora de criticarlas. Merece la pena no echar a perder una amistad por una discusión política.

Pero aparte de todo lo anterior, quiero incidir en un informe que ha editado recientemente el Banco de España, llamado Political polaritation  and legislative gridlock: a comparative high-frecuency approach este mismo mes. Lo de escribirlo en inglés debe ser una frivolidad propia de “wokes”…

En este trabajo, se analiza en 7 países diferentes lo que denominan el PPI (Political Polarization Index o Índice de polarización política) y el LGI (Legislative Gridlock Index o Índice de bloqueo administrativo) y sus consecuencias.

En líneas generales, ambos índices han aumentado de manera muy importante desde los años 2009 y 2010 en los que se sitúa, más o menos, el menor índice. 

 

A mayor polarización y mayor bloqueo, la incertidumbre crece y la inversión baja"

 

En el caso del PPI, mientras en USA y Canadá se ha multiplicado casi por 4 desde ese año 2009, en Europa y UK ha sido por 2. También coincide que desde el año 2019 es cuando Europa ha acusado fuertemente el incremento, mientras que en USA, Canadá y UK la subida fuerte empezó unos años antes y desde 2019 el incremento ha sido más prudente. 

En el caso del LGI, su tendencia al alza ha venido con muchas diferencias entre países y con una volatilidad muy acuciada en algunos casos por hechos muy concretos. Por ejemplo, el Brexit en UK y los procesos de cierres gubernamentales y los “impeachment” en USA generaron grandes picos. Sin embargo, en Italia, pese a la fragmentación política y el aumento de la polarización, los gobiernos se han nombrado con mayorías estables, y eso ha permitido mantener la operativa del legislativo y un bajo nivel de aumento.

En líneas generales, los hechos que desencadenan estas evoluciones están relacionados en América del Norte con elecciones conflictivas, cierres de administración y choques identitarios y comerciales. Mientras que en Europa, más relacionadas con la inmigración, la austeridad, la fragmentación de partidos tradicionales y ciertas crisis territoriales.

En España, el incremento de ambos índices es más tardío que en el resto, pero de forma abrupta a partir de 2015, ligado a la ruptura del bipartidismo, la crisis institucional en Cataluña y la debilidad de los gobiernos desde entonces. 

Pero lo más llamativo de este informe es el cálculo del impacto que tienen estos dos índices en la economía. Y más concretamente en formación bruta de capital real (que podemos simplificar como inversión real). De manera intuitiva, podemos determinar que a mayor polarización y mayor bloqueo, la incertidumbre crece y la inversión baja. Pero el estudio calcula el impacto de cada índice. En un efecto acumulado de 3 años, una desviación estándar de +1 en el índice de polarización reduce la inversión en un -2,2% y en el índice de bloqueo un -1,5%.

Es decir, la polarización influye de manera más negativa que el bloqueo, aunque los efectos de este último son más rápidos que los primeros, que se sostienen mucho más en el tiempo.

Entramos en periodo electoral. Las estimaciones dan una posibilidad de gobierno amplio que debería reducir el índice de bloqueo. Pero no parece que vaya a interferir en la vorágine polarizadora en la que navegamos. La inversión real de las empresas en España sigue estancada y ligeramente por debajo que en 2018 en porcentaje sobre el PIB, precisamente en el momento de esplendor que debería haber sido la llegada de Fondos Next Generation. El clima político y regulatorio frena las inversiones en los últimos años.

Quiero añadir con este artículo un argumento más a las profundas consecuencias que suponen la hostilidad y la radicalización. Como decía aquella campaña de la DGT en 1995, “las imprudencias no solo las pagas tú”.

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