María Jesús Montero se ha definido a sí misma como la mujer más poderosa de la democracia. Una afirmación sonrojante que, más allá del titular, retrata bien el momento político que estamos viviendo con el sanchismo: mucho poder concentrado en una sola figura… y un Gobierno incapaz de trasformar ese poder en soluciones.
Y si hay un ámbito donde ese fracaso es especialmente evidente es en la relación con los ayuntamientos. Porque mientras el Gobierno habla de municipalismo y cercanía, la realidad es otra muy distinta: los ayuntamientos llevan años siendo ignorados por el Ministerio de Hacienda. Ni reformas. Ni respuestas. Ni respeto institucional.
Durante toda su etapa, Montero no ha atendido ninguna de las grandes demandas del municipalismo. Ni una.
No ha impulsado una mejora de la financiación local, pese a que los ayuntamientos son la primera administración a la que acuden los ciudadanos. No ha flexibilizado las reglas de gasto, impidiendo que municipios con superávit puedan invertir en mejorar servicios. No ha permitido utilizar los remanentes, dejando millones de euros bloqueados mientras hay necesidades urgentes en vivienda, servicios sociales o infraestructuras. No ha actualizado las entregas a cuenta, generando incertidumbre económica en cientos de municipios.
Y, por si todo esto fuera poco, ha protagonizado un desprecio institucional difícil de justificar. La Comisión Nacional de Administración Local llevaba sin convocarse desde 2022. Dos años sin reunir el principal órgano de diálogo entre el Estado y los ayuntamientos. Cuando por fin se convoca forzados por un recurso interpuesto por la FEMP, el Ministerio de Hacienda ni siquiera comparece. Ni la ministra. Ni nadie. Una silla vacía. Ese es el nivel de compromiso con los municipios.
Pero hay algo aún más grave. Porque cuando los problemas han sido reales, urgentes y con nombres y apellidos, la respuesta ha sido la misma: ausencia. Lo hemos visto con los municipios afectados por la DANA. Alcaldes esperando respuestas, soluciones, coordinación. Municipios golpeados que necesitaban a todas las administraciones a su lado.
¿Y qué han encontrado? El plantón. La comisionada del Gobierno para la DANA decidió recientemente no acudir a la primera reunión de la Comisión Mixta dejando plantados a los municipios afectados para pasearse por el acto de relevo de la ya exministra. Una muestra más de donde están las prioridades.
Más allá de dar la espalda al municipalismo, la ministra de Hacienda abandona el Gobierno con grandes problemas sin resolver. España continúa sin Presupuestos Generales del Estado. Anunciados durante meses, prometidos una y otra vez… pero nunca presentados.
La financiación autonómica sigue congelada, perpetuando desigualdades como la de la Comunitat Valenciana. La deuda pública se ha disparado hasta máximos históricos, superando los 1,7 billones de euros, sin reformas de fondo. Más gasto. Más deuda. Más autobombo. Pero menos soluciones. Ese es el balance real.
Hay algo de “El traje nuevo del emperador” en todo esto. Un poder que se proclama a sí mismo como indiscutible mientras la realidad demuestra que no hay nada detrás. Mucho relato, mucho aplauso en el entorno… hasta que alguien decide mirar con honestidad y decir lo evidente: que el poder, sin resultados, está vacío.
Por eso conviene volver a la pregunta inicial: ¿qué significa ser la mujer más poderosa de la democracia? ¿Significa acumular poder o significa resolver problemas?
Porque cuando se analizan los hechos, la conclusión es clara: mucho poder, pero una ausencia preocupante de resultados. Especialmente con quienes más cerca están de los ciudadanos.
María Jesús Montero se va. Y deja tras de sí algo más que cifras: deja una etapa marcada por el abandono al municipalismo, por la falta de respeto institucional a lo Pedro Sánchez y por una política centrada en el poder… pero alejada de la gestión.
Y eso, en política, no es una anécdota. Es el verdadero veredicto. Porque el poder puede construirse a base de titulares, de relato y de control institucional, pero solo se legitima con resultados. Y cuando estos no llegan, todo lo demás se desvanece. No la echaremos de menos.