Los seguidores de esta columna dominical saben que María Jesús Montero es la persona que más la ha frecuentado, algo que es fruto de la admiración del autor por su desparpajo a la hora de inventar excusas para conseguir que cualquiera menos ella tenga la culpa de su incompetencia.
La ya ex vicepresidenta primera y exministra de Hacienda merece una última columna de despedida después de ocho años siendo la musa de este Billete, junto al deseo de que tenga suerte en su aventura andaluza, que la va a necesitar.
¿De quién vas a escribir ahora?, me preguntaban los amigos tras la convocatoria de las elecciones en Andalucía y la consiguiente salida del Gobierno de la ministra para ser la candidata socialista.
La duda la ha resuelto Pedro Sánchez con el nombramiento de nuestro Arcadi España, segundo valenciano en el útimo medio siglo al frente de la cartera de Hacienda, tras el también socialista Pedro Solbes.
España tiene un apellido complicado para formar titulares, porque si leyéramos "España respalda las subidas de impuestos de Montero", no sabríamos si ser refieren a Arcadi o es una encuesta de Tezanos.
Arcadi España prometió en su toma de posesión “continuidad” en el Ministerio de Hacienda, que esperemos que fuera un formalismo para no quedar mal con la ministra saliente. Si algo hace falta en ese departamento es que casi nada siga igual.
Por ejemplo, ¿va a dar continuidad a la subida de impuestos encubierta al no deflactar la tarifa del IRPF? Porque una de las decisiones más relevantes del ahora ministro cuando era conseller de Hacienda y se le puso el pelo blanco fue deflactar la tarifa autonómica en contra de la opinión de Montero, que consideraba y considera la deflactación “populismo tributario”.
Aquella decisión del Consell de Puig molestó bastante en La Moncloa porque contradecía el discurso socialista antibajada de impuestos, pero esos pelillos hace tiempo que se fueron a la mar.

- Montero y Arcadi España, en el traspaso de cartera.
- Foto: EFE/ MARISCAL
María Jesús Montero se despidió proclamándose la mujer con más poder de la democracia española, y hay que darle la razón porque aunque María Teresa Fernández de la Vega y Soraya Sáenz de Santamaría tuvieron más poder político que ella y durante más tiempo, no controlaron la caja de Hacienda.
Para desgracia de los contribuyentes, Montero la manejó a su antojo y con un único objetivo: aumentar los ingresos. Y hay que decir que ese objetivo lo ha logrado con notable éxito. El problema es que cualquier medio justificaba ese fin, incluidas las mentiras, que han mantenido hasta casi el final.
Así, recordemos que en plena pandemia mintió con el IVA de las mascarillas, que eran obligatorias además de necesarias, y dijo que no lo podía bajar del 21% porque la UE no lo permitía. Bruselas había dado permiso el 5 de mayo de 2020 y muchos países bajaron el IVA inmediatamente, pero Montero se hizo la despistada durante seis meses en lo mas duro de la pandemia, ajena al clamor para que bajara el impuesto.
Y cuando la UE le dijo en noviembre que desde mayo podía haber bajado el IVA, incluso quitarlo, lo redujo al 4% en una sola clase de mascarillas, manteniendo el 21% en el resto, mientras otros países lo habían bajado en todas al 0%. Una mentira con la que recaudó más de 1.000 millones de euros de un artículo imprescindible para evitar contagios.
Lo mismo hizo en la crisis energética motivada por la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Se negó durante meses a rebajar la fiscalidad porque, supuestamente, Europa no le dejaba. Otra falsedad con la que hizo caja. Los más perjudicados, los que menos tienen.
O cuando quiso llevarse un pellizco de la subida del Salario Mínimo Interprofesional obligando a quienes menos cobran a pagar IRPF. Y cuando le obligaron a rectificar, se apropió de la medida y se dedicó a presumir de que “gracias a este Gobierno” los perceptores del SMI no tendrán que pagar IRPF. Así es Montero, todo por la pasta.

- Foto: GABRIEL LUENGAS / EP
Sus mentiras para no impulsar la reforma de la financiación autonómica y la quita de la deuda, que decía no se podía por culpa del PP, quedaron al descubierto en cuanto ERC puso precio al apoyo a Sanchez a cambio de sendos bodrios hechos a la medida de Cataluña, por más que el de la reforma de la financiación autonómica favorezca de rebote a la Comunitat Valenciana.
Y su rosario de engaños para no actualizar las entregas a cuenta a las CCAA o para no presentar presupuestos demuestran una inventiva fuera de lo común. Empezando por su negacionismo ante la evidencia de que presentar cada año un proyecto de presupuestos antes del 1 de octubre es una obligación constitucional. Un plazo que no ha cumplido ni uno solo de los ocho años que ha estado en el cargo.
Con todo, el colmo de la desfachatez ha sido la negativa a trasponer una directiva europea de 2020 que habría permitido a los autónomos pagar menos impuestos. Seis años mirando para otro lado y haciendo caja hasta que Bruselas ha instado al Tribunal de Justicia europeo a multar a España (estado miembro) por no trasponerla.
A Montero le da lo mismo la multa, porque no la paga ella. Y si algún día le toca pagarla a España (Arcadi), su importe será muy inferior a todo lo recaudado de más a los autónomos durante seis años.
Ahora dice el Gobierno que va a trasponer esa directiva, pero no es por la posible multa ni por hacer justicia con los autónomos, sino porque Junts se lo ha exigido para salvar una votación en el Congreso.
Con ese historial comparece la ex mujer más poderosa de España ante los contribuyentes andaluces para pedirles el voto. ¡Que les aproveche!
PS: Montero anunció que mantiene su escaño en el Congreso hasta el 17 de mayo no porque vaya a ir a trabajar, que no va a ir porque está en campaña, sino para no perder su puesto de funcionaria con sus trienios. Una confesión que bordea el fraude de ley y, sobre todo, es un fraude a quienes le votaron.